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Cordialmente, una carta para ti (junio 2018)

6 julio 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2018

Una llamada a la santidad

Apreciado lector: En el último número de El Granito (el del mes de mayo) has tenido la oportunidad de leer el artículo «Alegraos y regocijaos», magistralmente escrito por la Hna. Ana María Fernández. Dicho artículo hacía amplia referencia a la exhortación apostólica Gaudete et exultate, recientemente publicada por el papa Francisco. Pero, a pesar de que esta exhortación ya te es conocida, estarás de acuerdo conmigo en que es de tal dimensión el objetivo que se ha propuesto el papa, es tan importante su llamamiento a la santidad, que bien merece la pena insistir sobre el tema.


La exhortación Gaudete et exultate consta, como ya sabes, de cinco capítulos; de cada uno de ellos entresacaremos (muy brevemente por razones de espacio) algunos aspectos interesantes. El capítulo primero, titulado «El llamado a la santidad», contiene una importante aclaración sobre la idea que tenemos de lo que es la santidad. «Para ser santos –afirma el pontífice con esa naturalidad que le caracteriza– no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada sólo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos». Una afirmación que nos anima a emprender y continuar nuestro camino de perfección cristiana, nuestro viaje hacia la santidad.

Santidad y bienaventuranzas
El capítulo segundo lleva por título «Dos sutiles enemigos de la santidad». Se refiere el papa Francisco a dos antiguas herejías, el gnosticismo y el pelagianismo. Como recordarás, estimado lector, esta cuestión la hemos visto en el último escrito que te envié, titulado «Nadie se salva por sí mismo», y en el que te comentaba la carta Placuit Deo. Por tal razón, no es necesario volver a hacer comentario alguno sobre este tema.
El capítulo tercero se titula «A la luz del Maestro». El papa afirma que lo más iluminador para comprender qué es realmente la santidad son las palabras de Jesús cuando enseñó las Bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Precisó el pontífice que para ser un buen cristiano es necesario cumplir lo que Jesús dijo en aquel sermón de las Bienaventuranzas. También aclaró que la palabra «feliz» o «bienaventurado» es sinónima de «santo». Lo explicó diciendo que es así «porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha». Ahora ya sabemos con certeza, apreciado lector, cómo alcanzar la verdadera dicha, la verdadera felicidad. Estas palabras del papa Francisco nos muestran el camino.

En el capítulo cuarto, titulado Algunas notas de la santidad en el mundo actual, el papa anuncia que no se va a detener en los medios de santificación ya conocidos por todos nosotros, como son los distintos métodos de oración, los sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, las diversas formas de devoción, etc. Hecha esta aclaración pasa a destacar algunas notas de la santidad, las cuales –dice – «son grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual».

Una lucha muy bella
En el capítulo quinto, el cual lleva por título «Combate, vigilancia y discernimiento», el santo padre nos recuerda que «la vida cristiana es un combate permanente», que «se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio». Y a continuación añade estas reconfortantes palabras con las que busca mostrarnos el lado positivo de ese combate permanente: «Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida».

En este último capítulo aparece con toda claridad el objetivo que se ha propuesto el pontífice: «Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar». Sublime objetivo, ¿verdad?

Con el deseo, amigo lector, de que esta exhortación del papa Francisco represente una ayuda para que tanto tú como yo podamos continuar nuestro camino de perfección, te saluda cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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