Saltar al contenido

Ecos del XII Capítulo general de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret (II)

1 agosto 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2018.

Gozo y gratitud por el pasado; esperanza, ilusión y entusiasmo para el presente

Unas de las funciones del Capítulo general es la elección de los miembros del Gobierno de la congregación para el siguiente sexenio (2018-2024, en este caso). En la mañana del sábado 16 de junio se procedió a la elección de la Superiora general, cargo que recayó en la hasta entonces Vicaria general, Hna. Mª Teresa Castelló Torres, valenciana. Ofrecemos, a continuación, las palabras de clausura del XII Capítulo general que pronunció la nueva Superiora general en la tarde del viernes 22.

Hermanas delegadas para el XII Capítulo general.

Con gozo y gratitud me dirijo a vosotras, hermanas capitulares, a las hermanas que tienen la oportunidad de seguirnos en directo y a todas y cada una de las hermanas que formamos Nazaret. El XII Capítulo general ha sido un acontecimiento preparado, orado, vivido y celebrado por todas y cada una de nosotras. Todas lo hemos sentido como parte de nuestra existencia.

El lema que nos ha acompañado: «Reaviva el don de Dios que hay en ti», nos recuerda la llamada recibida, nos trae a la memoria aquella mirada de Jesús que a nuestro Padre “le decía mucho y le pedía más”, nos evoca la siembra de tantas hermanas que con su sentido de pertenencia han ido construyendo Nazaret, nos da la certeza de que el carisma permanece vivo, porque es el Espíritu Santo, dador de Vida, quien sigue encendiendo en nuestros corazones la luz de la fe, la fuerza de la esperanza y la constancia de la caridad, para seguir irradiando el desbordamiento de amor que se hace presente en la Eucaristía.

El sexenio que hemos concluido nos ha brindado una especial ocasión para reafirmar nuestras raíces carismáticas, gracias a varios acontecimientos:

  • La celebración del I Congreso Internacional sobre la figura de nuestro Padre, que ha sido un “Fuego en el Corazón del mundo” y en cada una de las que formamos Nazaret.
  • El estudio de la actualización del carisma, que nos ha permitido ahondar en la esencia de nuestra espiritualidad, vida y misión.
  • La canonización de nuestro Padre, que nos ha ofrecido un testimonio de vida realizada en plenitud y nos ha propuesto un camino: dejarnos eucaristizar para vivir eucaristizando.

Junto a estos eventos el XII Capítulo general ha significado, desde el momento mismo de su convocatoria y preparación, un signo más de que el Espíritu quiere «reavivar el don de Dios» en cada una de nosotras.

El trabajo capitular se ha centrado, como todas sabemos, en el estudio y aprobación de las Constituciones renovadas, que son nuestra hoja de ruta, el libro dónde está delineada la vida de una nazarena. Con esta certeza, cuando tengamos en nuestras manos el texto definitivo y aprobado de las Constituciones actualizadas, podremos llegar a decir, como los discípulos de Emaús, ¿acaso no arde nuestro corazón al leerlas?

Asimismo nos encontramos en un momento histórico trascendental para Nazaret, ya que en el año 2021 tendrá lugar la celebración del Centenario de nuestra fundación. Si, hermanas vamos a celebrar un año jubilar, un año de gracia del Señor. ¿Qué significado puede tener esta celebración en nuestra vida, en nuestras comunidades, en nuestra Congregación, en la Iglesia, en el mundo? Somos partícipes de la obra de nuestro Padre Fundador, somos continuadoras de la historia que han ido plasmando nuestras hermanas, desde aquel 3 de mayo de 1921, recordemos de manera especial a nuestra Madre Mª Antonia y a nuestra Madre Mª de la Concepción.

Estamos llamadas a seguir alimentando nuestra vocación en las fuentes de la Eucaristía, a centrar toda nuestra existencia en el amor reparador. El agradecimiento ha de ser el motor que mueva nuestros corazones a la generosidad, a la salida. Estas palabras de nuestro santo fundador se siguen haciendo presentes para nuestro hoy: «El apostolado más eficaz… y el que hoy quieren el Corazón de Jesús y la Madre Iglesia que se emplee, no por exclusión, pero sí con preferencia a todas las demás artes apostólicas, es el apostolado por medio de la Eucaristía (…) Orientar todo nuestro ministerio a obtener o tratar de obtener que el Evangelio vivo sea conocido, el pan vivo sea comido, el maná escondido sea gustado, el Dios del sagrario sea reverenciado, la providencia que en él vive sea tenida en cuenta y el Modelo vivo que en él se exhibe sea imitado» (OO.CC. III, nn. 4790 y 4812).

El papa Francisco en su reciente exhortación apostólica Gaudete et exultate nos ofrece un impulso para seguir alimentando nuestras comunidades con el Pan de la Palabra y de Pan de la Eucaristía: «Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera» (n. 142). En estas palabras del papa encontramos la fuerza dinamizadora para llevar a nuestra realidad personal, comunitaria y pastoral los cauces y las líneas de fuerza para este nuevo sexenio.

Con gozo y gratitud, que son las mismas palabras con las que he iniciado, quisiera concluir nuestro XII Capítulo general, haciendo también a cada una de nosotras una fuerte llamada a la esperanza, a la ilusión, al entusiasmo, a la fraternidad, con la certeza de que es el Señor quien dirige nuestra vida, quien camina a nuestro lado. Con esta disponibilidad acojamos la invitación del profeta Isaías: “Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua. Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas tú” (Is 26, 4.12).

Nuestra Madre Inmaculada con su Magníficat da gracias al Señor desde el comienzo de su vida, se abandona siempre, incluso sin conocer con certeza los planes de Dios. A Ella, Mujer Eucarística, de la disponibilidad y del abandono confiado encomendamos la siembra realizada por este XII Capítulo general.

Antes de concluir, pero no por ser menos importante, quiero dirigir un «gracias» a toda la Familia Eucarística Reparadora, a nuestros familiares, a nuestros amigos y conocidos, a tantos sacerdotes y religiosos, que nos han acompañado durante este tiempo con su cercanía y oración. Un gracias profundo a las Hnas. Mª Leonor Mediavilla, Mª Antonia Moreno, Mª Lourdes Caminero y Mª Lourdes del Pozo por su entrega gratuita y generosa en estos años de servicio a Nazaret. Gracias también a las Hnas. Ana Mª Fernández, Mª del Valle Camino, Marta Mª Carreras y Mª Antonia del Sagrario Acosta, el nuevo equipo que me acompañará en este sexenio.

«Reaviva el don de Dios que hay en ti». Sigamos caminando con profundo sentido de familia, reavivando e irradiando allí donde el Señor nos llama la buena nueva de la Eucaristía.

Mª Teresa Castelló Torres, m.e.n.
Anuncios

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: