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Herederos de un carisma (julio-agosto 2018)

7 agosto 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2018.

La novedad que brota de lo antiguo

En marzo de este año, con motivo de un nuevo centenario de la fundación de la Familia Eucarística Reparadora, comenzábamos esta sección que tenía por objeto ayudarnos a redescubrir y valorar el inmenso don (carisma) que hemos recibido. Ofrecemos, a continuación, la conclusión del mismo, en el que se explica que solo se puede ser fiel si se busca responder con creatividad y audacia a las situaciones de cada tiempo y lugar.


No es posible hablar de un carisma prescindiendo del pasado, pero tampoco del presente y de lo que de este pasado (más remoto o más próximo) ha ido haciéndose carne en nosotros. El carisma recibido necesariamente ha de renovarse porque está llamado a encarnarse en cada época y lugar. Se cambia por fidelidad, para ser fiel a lo esencial, buscando cómo anunciar a Jesucristo desde el carisma fundacional. Es decir, no cambiamos por cambiar, no buscamos cambiar simplemente por adaptarnos a los tiempos. Cambiamos por fidelidad.

La vuelta a las fuentes, a nuestras raíces, al proyecto fundacional, no puede ser signo de mera nostalgia por lo pasado, de la tentación de volver atrás porque parecía que estábamos mejor, porque vivíamos al pie de la letra las enseñanzas del fundador.

Con espíritu renovado y fiel
Volvemos a las fuentes para poder lanzarnos hacia delante con la sabiduría de nuestro pasado, de nuestra historia. Y se mira hacia delante porque es hacia el futuro hacia donde nos guía el Espíritu, no solo como una salida de urgencia a una situación de supervivencia, sino como una llamada. Se mira hacia delante como un rasgo constitutivo de nuestro carisma, de sentirnos enviados a que nuestro mundo y la entera creación sean un reflejo de la gloria divina, participando en la misión de Jesús en la construcción del Reino. Y entre el pasado y el futuro, entre la mirada hacia atrás y la mirada hacia delante, el tiempo presente se nos regala como tiempo de cambio, de transformación, de renovación, de conversión, y por esa misma razón como tiempo de reparación.

La acción constante del Espíritu no es un hecho episódico. Precisamente porque se trata de una experiencia que es por su naturaleza intrínsecamente carismática en su transmisión y en su consiguiente encarnación conserva una creatividad siempre nueva y actual.

El carisma del fundador infunde a la gracia de la vocación de sus seguidores una potencia dinámica de adaptación a las diversas circunstancias de una época.

Que todos los que formamos la Familia Eucarística Reparadora podamos hacer realidad este Mensaje del papa Benedicto XVI: «A lo largo de los siglos, el cristianismo se ha comunicado y se ha difundido gracias a la novedad de vida de personas y comunidades capaces de dar un testimonio eficaz de amor, de unidad y de alegría» (Mensaje a los participantes en el II Congreso mundial de los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades, 22/5/2006).

Pedimos la intercesión de la Virgen, «¡la Inmaculada! ¡La más María de todas las Marías!» (OO.CC. I, 648).

Mª Teresa Castelló Torres, m.e.n.
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