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Instrumentum laboris del Sínodo sobre los jóvenes

24 agosto 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2018.

Instrumentum laboris completo

A la escucha de los jóvenes

El próximo 3 de octubre dará inicio la XV Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos. El tema de este encuentro es «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional» y desde hace más de un año se está desarrollando una preparación a todos los niveles.


Esta preparación comenzó el 13 de enero de 2017 con una carta que el papa dirigió a los jóvenes informándoles sobre el tema del próximo Sínodo de los obispos. En sus breves líneas, en donde afirmaba llevarlos en el corazón, les ofrecía el Documento preparatorio, que se hacía público ese mismo día, como una «guía para este camino».

A partir del mismo se creó una web donde jóvenes, instituciones, diócesis, movimientos laicales y de vida consagrada podían hacer sus aportaciones al cuestionario ofrecido.

Pre–sínodo, en Roma
En marzo de 2018, además, 300 jóvenes de todo el mundo se reunieron en Roma para una reunión Pre–sinodal y elaboraron un Documento que explicaba, en su introducción su sentido y alcance: «El joven de hoy se encuentra con una gran cantidad de desafíos y oportunidades internos y externos, muchos de ellos son específicos de su ambiente, mientras otros son compartidos en todo el mundo. A la luz de esto, es necesario que la Iglesia reflexione sobre su concepción de los jóvenes y el modo de interactuar con ellos, para ser una guía que sea efectiva, relevante y portadora de vida.

Este documento es una síntesis donde expresamos algunos de nuestros pensamientos y experiencias. Es importante destacar que estas son las reflexiones de jóvenes del siglo XXI, de religiones y ambientes culturales diversos. Con esto en mente, la Iglesia debería ver estas reflexiones, no como un análisis empírico de un tiempo pasado, sino como una expresión de dónde estamos ahora, hacia dónde vamos, y como un indicador de lo que ella tiene que hacer para avanzar.

Para iniciar, es importante clarificar los parámetros de este documento. No se trata de componer un tratado teológico, ni de establecer una nueva enseñanza de la Iglesia. Más bien, es una reflexión sobre realidades específicas, personalidades, creencias, y experiencias de jóvenes de todo el mundo. Este documento está destinado a los Padres Sinodales, como una orientación que les ayude a comprender mejor a los jóvenes: una hoja de ruta para el Sínodo de los obispos sobre “Jóvenes, Fe y Discernimiento vocacional” de octubre de 2018. Es importante que estas experiencias sean vistas y entendidas de acuerdo a los distintos contextos en que los jóvenes se encuentran.

Estas reflexiones surgen de la reunión de más de 300 jóvenes representantes de todo el mundo, convocados en Roma del 19-25 de marzo de 2018, en la Reunión Pre–sinodal de Jóvenes. Este documento es un resumen de los aportes de todos los participantes, basado en el trabajo de 20 grupos lingüísticos y en la participación de 15.000 jóvenes conectados online a través de grupos de Facebook. Este documento es una de las fuentes, entre otras, que conformarán el Instrumentum laboris, que contribuirá al trabajo del Sínodo de Obispos de 2018. Esperamos que la Iglesia y otras instituciones puedan aprender de este proceso Pre–sinodal y escuchar la voz de los jóvenes».

Instrumentum laboris
Teniendo en cuenta este Documento en el que colaboraron miles de jóvenes, la Secretaría del Sínodo elaboró el Instrumentum laboris, que se hizo público el pasado 19 de junio. En su presentación intervinieron el cardenal Lorenzo Baldisseri y Mons. Fabio Fabene para ilustrar los contenidos del Instrumentum laboris y el proceso de su elaboración. Ofrecemos, a continuación, un amplio resumen de sus intervenciones.

La finalidad del Sínodo
«El objetivo principal del Sínodo es hacer que toda la Iglesia tome conciencia de su importante y nada facultativa tarea de acompañar a cada joven, ninguno excluido, hacia la alegría del amor; en segundo lugar, tomando esta misión en serio, la Iglesia misma podrá readquirir un renovado dinamismo juvenil; en tercer lugar también es importante para la Iglesia aprovechar esta oportunidad de discernimiento vocacional, con el fin de descubrir cómo puede responder mejor hoy a su llamada a ser alma, luz, sal y levadura de nuestro mundo.

Como consecuencia de estos propósitos, el Instrumentum laboris está redactado según el método del discernimiento. Sustancialmente, el mismo Sínodo es un ejercicio de discernimiento, cuyo proceso se realiza dando los mismos pasos que ayudan a todos los jóvenes a arrojar luz sobre su vocación. El papa Francisco, en Evangelii Gaudium (n. 51), presenta el proceso de discernimiento con tres verbos: reconocer, interpretar, elegir. Por esta razón, el texto se divide en tres partes, cada una refiriéndose a uno de los tres verbos.

Primera parte: reconocer
Después de haber aclarado en la introducción los propósitos, el método y la estructura, la primera parte («Reconocer: la Iglesia a la escucha de la realidad») se compone de cinco capítulos. Los dos primeros ofrecen una visión bastante amplia de los diferentes contextos, mostrando que en efecto existen muchas diferencias y muchas similitudes entre los jóvenes de todo el mundo: la globalización crea mucha homologación, pero las diferencias sociales, económicas, culturales, religiosas y espirituales siguen siendo importantes. Entre las diversas preocupaciones indicadas, subrayo el tema de las relaciones intergeneracionales –que ven a los adultos en competencia tendencial más que en alianza con los jóvenes– y la presencia ya transversal del continente digital, que es una plataforma de vida sin precedentes para los jóvenes y conlleva importantes oportunidades y nuevos peligros.

Siguen tres capítulos que podemos definir tres focos específicos sobre cuestiones puntuales. La primera lupa mira a los jóvenes más pobres y abandonados, que son continuamente rechazados por un mundo que se auto–comprende a partir del paradigma del descarte, ese de comprar, usar y tirar. Cuando esta cultura se aplica a las personas humanas, se pierde cualquier consideración de su dignidad: el trabajo (tanto desde el punto de vista de su falta como desde el de la explotación), la migración, la discriminación y la exclusión social son un triste ejemplo.

La segunda lupa, el cuarto capítulo, ofrece una lectura más profunda sobre seis desafíos antropológicos y culturales que la Iglesia está llamada a enfrentar hoy en su compromiso pastoral con los jóvenes: la nueva comprensión del cuerpo, de la afectividad y de la sexualidad; el advenimiento de nuevos paradigmas cognitivos que transmiten un enfoque diferente de la verdad; los efectos antropológicos del mundo digital, que impone una comprensión diferente del tiempo, el espacio y las relaciones humanas; la desilusión institucional generalizada tanto en la esfera civil como eclesial; la parálisis decisional que aprisiona a las generaciones más jóvenes en caminos limitados y limitantes; por último, la nostalgia y la búsqueda espiritual de los jóvenes, que parecen menos religiosos, pero más abiertos a experiencias auténticas de trascendencia.

El tercer y último foco de la primera parte se refiere a escuchar la palabra de los jóvenes. Partiendo del dato de que a la Iglesia hoy le cuesta trabajo escuchar, surgen las demandas y las cuestiones de los jóvenes: piden coherencia, autenticidad, espiritualidad; desean una capacidad relacional renovada y una dinámica de acogida profética; piden una liturgia viva y vivaz; piden un compromiso desinteresado con la justicia en el mundo. Están sedientos de fraternidad. La voz de los seminaristas y de los jóvenes religiosos y religiosas sobre estos temas es particularmente valiosa.

Segunda parte: interpretación
La segunda parte («Interpretación: fe y discernimiento vocacional»)consta de cuatro capítulos. A la luz de la fe, ofrece una visión panorámica desde diferentes puntos de vista sobre las palabras clave del Sínodo: juventud, vocación, discernimiento, acompañamiento.

El primer capítulo, de naturaleza bíblica y antropológica, tiene la tarea de acompañar al lector para profundizar la idea de la juventud a partir de algunas constantes bíblicas que iluminan sus rasgos fundamentales. A través de varios textos emerge que la juventud es el tiempo del amor y de la alegría, de la fuerza, de la conquista y del riesgo, de la incertidumbre y del miedo, de la caída y de la conversión, de la disposición a escuchar y de la maduración. Sobre todo, es un momento de contacto salvífico con el Dios de la alianza y del amor que ofrece su Palabra y la relación con Él de cara a una vida plena y abundante.

El segundo capítulo es de naturaleza teológica y eclesiológica. Partiendo de la escucha de los jóvenes y de los educadores/formadores, es evidente la necesidad de ofrecer un marco de comprensión amplio de la cuestión vocacional, que la haga capaz de ser significativa para todos los jóvenes, ninguno excluido, y no solo en el sentido más específico de vocaciones al ministerio ordenado y a la vida consagrada. Por eso el capítulo parte de la necesidad de iluminar la vida desde el horizonte vocacional y termina invitando a valorizar todo tipo de vocaciones en la Iglesia y en el mundo. Entre ellas, la familia ciertamente tiene una posición prominente, algo que nos vincula fuertemente con el Sínodo anterior.

El tercer capítulo entra luego en los dinamismos del discernimiento vocacional. En un mundo que perciben como confuso y fragmentado, muchos jóvenes piden que se les ayude a leer los acontecimientos de su vida a la luz de la fe. El capítulo aclara, pues, el significado y el contenido del discernimiento, haciendo hincapié en los tres verbos de reconocer–interpretar–elegir. La confrontación con la conciencia personal sigue siendo decisiva en este camino.

El último capítulo está dedicado al tema del acompañamiento. Se ofrece una perspectiva de los diferentes tipos de acompañamiento: en efecto hay un acompañamiento de ambiente y de comunidad; hay un acompañamiento en la lectura de los signos de los tiempos, uno de tipo psicológico y uno más espiritual, así como se es acompañado en la familia y entre iguales. También emerge la relación entre el Sacramento de la Reconciliación y el acompañamiento. Muy interesantes son las palabras de los jóvenes cuando resaltan las cualidades que se esperan de las personas que los acompañan. Constatan con pesar que en muchas situaciones y en muchos contextos eclesiales no encuentran personas preparadas y adecuadas.

Tercera parte: elegir
El título de la tercera parte («Elegir: caminos de conversión pastoral y misionera») retoma una frase de Evangelii Gaudium. Es una perspectiva exigente: después de haber reconocido e interpretado, la referencia a la elección está decididamente orientada a la conversión del corazón y de la mente y a la renovación de las prácticas pastorales. Aquí también, como en la segunda parte, tenemos cuatro capítulos.

El primero es introductorio y sirve de orientación: acompaña la redefinición del rostro de una Iglesia que desea ser generativa con los jóvenes, haciendo del discernimiento su forma habitual de proceder y su estilo inconfundible. Una Iglesia llamada a cuestionarse sus formas y su manera de habitar el mundo de hoy; llamada a ser un signo de fraternidad en un mundo desgarrado; llamada a trabajar por el reino de Dios de una manera integral, desinteresada y descentralizada.

El segundo capítulo es el más consistente de todo el Instrumentum laboris. Muestra la necesidad de que la Iglesia se confronte con la vida cotidiana de los jóvenes y esté presente y operativa donde viven su existencia concreta. A menudo se culpabiliza a los jóvenes, atribuyéndoles la responsabilidad de que muchos se han alejado de la Iglesia. Pero tantas veces han vivido situaciones tales que los llevan a afirmar que es la Iglesia la que se ha alejado de ellos. Y lo dicen abiertamente. En muchos casos no la han sentido y no la sienten cercana en las diferentes experiencias y en los diferentes ámbitos de su vida: escuela, universidad, mundo laboral, compromiso político, entorno digital, música, deporte y amistad. Sin excluir la cercanía y el sostén necesarios en el malestar y la marginación: discapacidad y enfermedad, dependencias y otras fragilidades, prisión, violencia y guerra, migraciones y muerte. Ser parte de la vida cotidiana de los jóvenes significa ser capaces de reconocer que su existencia está atravesada por la presencia de Dios y por la acción de la gracia que debe ser acogida, acompañada y llevada a cumplimiento.

El tercer capítulo se refiere a la forma y la fuerza de la comunidad eclesial hoy en relación con su identidad y misión para y con los jóvenes. En diez pasajes se analizan los puntos de fuerza, de debilidad, de profecía y de discusión surgidos de las peticiones de los jóvenes y de las respuestas de las Conferencias Episcopales en todo el mundo. Hay muchos puntos que deben profundizarse: desde la forma familiar de la Iglesia hasta su propuesta espiritual, desde la evaluación de su pasión educativa hasta la participación de las familias en el ministerio vocacional juvenil, desde la calidad de la iniciación cristiana hasta la valorización de la Palabra de Dios y de la liturgia, del servicio y del voluntariado desde el punto de vista del discernimiento vocacional de la vocación de la Iglesia como abierta y acogedora para todos.

El último capítulo del Instrumentum laboris está dedicado a la animación y organización de la pastoral. Aquí también surgen numerosas opciones y elecciones, porque las cuestiones planteadas tras la escucha han sido innumerables: ¿cómo promover el protagonismo juvenil en una realidad eclesial tendencialmente todavía dominada por el clericalismo? ¿Cómo crear comunión entre los diversos niveles de animación de la pastoral (mundial, diocesano, parroquial)? ¿Cómo podemos poner en marcha o fortalecer una labor de comunión entre los diferentes sujetos de la pastoral juvenil vocacional (clero, religiosos y religiosas, movimientos y asociaciones)? ¿Cómo fortalecer el trabajo en red no solo en la Iglesia, sino entre diferentes religiones y diferentes sujetos civiles, sociales y religiosos? ¿Cómo estructurar programas educativos y pastorales que puedan unificar eventos extraordinarios y vida cotidiana de los jóvenes? ¿Cómo diseñar propuestas de formación apropiadas para los candidatos al sacerdocio y a la vida religiosa, acompañándolos en un camino de maduración en libertad y discernimiento progresivo en vista de una elección definitiva? Finalmente, ¿desde qué perspectiva pensar en una pastoral verdaderamente integrada y orientada hacia la centralidad de los jóvenes?

El Instrumentum laboris termina con un relanzar hacia la santidad. En tres breves pasajes se aclara que la santidad es la vocación única y unificadora de toda la humanidad, porque nadie está potencialmente excluido de esta meta de la existencia. Luego se subraya que también la juventud, como todas las otras edades de la vida, es un tiempo propicio para la santidad, es decir, para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Por último, se recuerda que tenemos a nuestra disposición una multitud de jóvenes santos que nos han mostrado la mejor manera de experimentar esa edad entusiasta de la vida que es la juventud.

Volver a desear lo imposible
En un mundo que ya no nos ayuda a soñar, este Instrumentum laboris puede leerse como una invitación a volver a desear lo imposible, a soñar para y con los jóvenes, grandes cosas. El n. 43 recoge lo que dicen los jóvenes en el Documento de la reunión Pre–sinodal: «A veces, terminamos renunciando a nuestros sueños. Tenemos mucho miedo, y algunos de nosotros hemos dejado de soñar. Esto está vinculado a las múltiples presiones socioeconómicas que pueden secar la esperanza entre los jóvenes. A veces ni siquiera tenemos la oportunidad de seguir soñando».

He aquí que el Sínodo dedicado a los jóvenes brinda la oportunidad de redescubrir la esperanza de una vida buena, el sueño de la renovación pastoral, el deseo de la comunión y de la pasión por la educación. Deseamos que este Sínodo sea una ocasión de vida y esperanza para los jóvenes, para la Iglesia y para el mundo. Para que todos los jóvenes, en un mundo que les está robando los afectos, los vínculos y las perspectivas de vida, redescubran la belleza de la vida a partir de la relación feliz con el Dios de la alianza y del amor. Para la Iglesia, para que en un momento que no es fácil, readquiriera, a través de un camino de auténtico discernimiento en el Espíritu, un dinamismo juvenil renovado. Y finalmente para todo el mundo, para que todos los hombres y mujeres puedan redescubrirse como destinatarios privilegiados de la buena nueva del Evangelio.

Numerosas aportaciones
El Instrumentum laboris es el punto de convergencia de la escucha de todos los miembros de la Iglesia y también de diferentes voces que no pertenecen a ella. El documento, de hecho, es el resultado de un amplio proceso de consulta promovido por la Secretaría General del Sínodo a partir de la presentación del Documento Preparatorio, que tuvo lugar el 13 de enero del año pasado.

Según la praxis habitual de todos los Sínodos anteriores, de acuerdo con las normativas sinodales, se consultaron los Sínodos de las Iglesias Católicas Orientales, las Conferencias Episcopales, los dicasterios de la Curia Romana y la Unión de Superiores Generales. Todos estos organismos fueron invitados a responder al cuestionario que era parte integral del Documento Preparatorio, para expresar su comprensión del mundo de la juventud, comunicar su experiencia de acompañamiento vocacional y compartir algunas buenas prácticas. Teniendo en cuenta las diferentes situaciones en las que los jóvenes viven, tres preguntas del cuestionario antes mencionado fueron sobre una base continental.

Para este Sínodo, sin embargo, la consulta se ha ampliado, añadiendo a esta modalidad, que llamaría clásica, otras iniciativas dirigidas a involucrar a todo el pueblo de Dios, especialmente a los jóvenes, en la profundización del tema del Sínodo.

La primera iniciativa fue el Seminario internacional sobre la condición de los jóvenes celebrado en septiembre de 2017. Participaron alrededor de cincuenta expertos y una veintena de jóvenes de los cinco continentes. Los temas tratados se referían a los jóvenes en relación con su búsqueda de su identidad, a la relación con los demás, al mundo del estudio, del trabajo, de la política, del voluntariado, de la tecnología y de la religión.

La segunda ha sido el cuestionario online presente en la web del 14 de junio al 31 de diciembre de 2017. Contenía preguntas distintas que las dirigidas a las Conferencias Episcopales y a los otros órganos mencionados anteriormente. De hecho, se dirigía explícitamente a los jóvenes para que pudieran dar a conocer sus situaciones concretas de vida y expresar su opinión sobre algunos temas importantes relacionados con la Iglesia y la sociedad.

La tercera fue la Reunión Pre–sinodal, celebrada del 19 al 24 de marzo de este año, a la que asistieron 300 jóvenes físicamente presentes en Roma y unos 15.000 conectados online a través de la creación de páginas de Facebook en los 6 idiomas principales. El Documento final de esta reunión es el fruto de intensas jornadas de trabajo y expresa la voz directa de los jóvenes. Venían de ámbitos y situaciones diversas y colaboraron felizmente, llegando a un acuerdo sobre el texto que se entregó al santo padre.

Por último, también se han tomado en consideración las contribuciones que un gran número de jóvenes, grupos y movimientos de los cinco continentes han enviado a la Secretaría del Sínodo.

Son cinco, pues, las fuentes utilizadas para el Instrumentum laboris. La voz directa de los jóvenes es la más presente. Hay más de cien referencias a las tres fuentes en las que los jóvenes se han expresado directamente: muchas veces se trata de citas bastante largas. Todo el quinto capítulo de la primera parte está dedicado a darles espacio y voz. En este documento, no solo se habla de los jóvenes, sino que se les da la palabra. Del conjunto del trabajo de escucha –y, lo ha demostrado sobre todo, el desarrollo de la Reunión Pre–sinodal– se puede decir ciertamente que los jóvenes se han mostrado abiertos al diálogo intergeneracional, colaborativos y proactivos, reflexivos y disponibles. Este diálogo con los jóvenes continuará, de alguna manera, también durante el Sínodo.

Redes durante el Sínodo
Teniendo en cuenta que el uso de las redes sociales durante la Reunión Pre–sinodal ha resultado ser una experiencia positiva, durante la Asamblea General de octubre habrá un espacio de comunicación dirigido directamente a los jóvenes. Se usarán las redes sociales (en particular, Facebook, Instagram y Twitter), con los tiempos y los lenguajes propios de ellas. Se tendrá así la posibilidad de una interacción diaria, también a través de imágenes y videos.

Naturalmente, entre los auditores, además de los educadores de los diversos campos, habrá un número considerable de jóvenes, también con experiencias particulares que nos harán reflexionar sobre las situaciones difíciles de la vida de muchos de ellos. Como en todos los Sínodos, no faltarán los Delegados fraternos de diferentes confesiones cristianas ni los invitados especiales de otras religiones.

De este modo, la XV Asamblea General Ordinaria será una expresión de los sentimientos, deseos y expectativas de todos los jóvenes del mundo, tal como lo deseaba el santo padre».

Mónica M. Yuan Cordiviola, m.e.n., con información de news.va
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