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ConviRIE 2018, primer campamento internacional

4 septiembre 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2018.

Amigos de Jesús Eucaristía ¡en acción!

Un año más queremos compartir con los lectores de El Granito de Arena la experiencia que hemos vivido durante los días de la ConviRIE 2018, el campamento de verano que cada año congrega a un grupo de niños y jóvenes dispuestos a compartir desde la fe, a crecer, a disfrutar del contacto con la naturaleza y las actividades de ocio y tiempo libre que se les proponen.


En esta ocasión nos dimos cita del 21 al 28 de julio en Piñuecar, un pequeño pueblo en la sierra de Madrid. Allí acudieron niños, jóvenes y hermanas desde Valencia, Huelva, Jaén, Sevilla, Málaga, Palencia, León, Murcia, Madrid ¡e incluso desde Roma! En efecto, tres jóvenes y una hermana llegaron desde la Ciudad eterna lo que hicieron de nuestra ConviRIE, el primer campamento internacional.

Este tipo de convivencias son siempre unos días muy esperados para los que acuden desde hace varios años y una aventura llena de expectativa para los que asisten por primera vez. Para todos, sin embargo, es una oportunidad de crecimiento y aprendizaje a muchos niveles. Este año os traemos la experiencia de la mano de los padres de una de las niñas que participaron del campamento.

Con ojos de padre y madre
¡Hola amigos! Somos Lola y Rafa, padres de Paula Valdivia Cano, participante por segundo año en el campamento ConviRIE. Nos han pedido compartir nuestra experiencia de estos días con todos y nos pareció una estupenda idea.

Uno de los objetivos de estos días era descansar y pasárselo bien junto a otros chicos en un entorno de naturaleza, realizando actividades recreativas y lúdicas, competiciones y también actividades culturales. Otro objetivo era crecer en responsabilidad y autonomía, asumiendo tareas y horarios. El hecho de preparar su propia maleta ya fue muy importante. Conocer a otros chicos y chicas, hermanas y monitores y compartir tanto las comidas, como el espacio y las actividades, también suponía otro incentivo.

Finalmente, pero no menos importante para nosotros, era realizar todas estas actividades y convivencia en un ambiente cristiano, en el que cada momento estuviera presidido por un sentimiento fresco y juvenil, pero impregnado de Jesús y su vida en comunidad.

Un cambio muy positivo este año ha sido compartir en tiempo real cada actividad, experiencia, juego y descanso, incluso las comidas, a través de Whatsapp, ya que, por este medio, recibíamos notificaciones periódicamente y sabíamos qué actividad estaban realizando los niños. Nos hemos sentido muy integrados y participativos, pero sin interrumpir en ningún momento la felicidad de nuestra hija. Hemos visto a los monitores y hermanas ejecutando con alegría lo que habían planificado con esmero y dedicación, porque así es como se reflejaba continuamente. Lo mismo se baila, se interpreta, se juega, se pasea y se trabaja al servicio de los demás integrantes.

Queremos agradecer ese trabajo alegre que habéis dedicado a nuestros hijos, también a los otros chicos que han creado un ambiente afectuoso y de alegría. Sentimos con alegría que nuestra hija estaba en las mejores manos. Un abrazo.

Mª Cecilia Appendino Vanney, m.e.n.
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