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Cordialmente, una carta para ti (septiembre 2018)

22 septiembre 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2018

¿Por qué te acercas a comulgar?

Estimado lector: Quizá recuerdes que en la última carta que te escribí, y haciendo referencia a nuestro san Manuel, te decía que Dios no olvida en verano el amor que siente por nosotros durante el resto del año. Y a continuación iban estas preguntas: ¿Hacemos nosotros lo mismo con Él? ¿Correspondemos en verano a su amor o, más bien, nos relajamos y nos olvidamos de Él?… .


Recordarás que también te decía que sería maravilloso que a la vuelta del verano tuviésemos la valentía de responder a la pregunta formulada por el fundador: «¿Ha sido durante el verano, que acaba de pasar, Dios y Señor vuestro el mismo de todo el año?» (OO.CC. I, n. 755).

El Dios de todo el año
Pues bien, el verano ya toca a su fin, por lo que sería bueno, amigo lector, que cada uno de nosotros tuviese la valentía de contestar esta pregunta: ¿Ha sido este verano Dios y Señor mío el mismo de todo el año?… Contestar afirmativamente implica, como algo fundamental, el haber comulgado con cierta frecuencia, el haberse acercado a la Eucaristía; es decir, significa haber hecho este verano lo mismo que solemos hacer el resto del año. Pero es posible que contestar afirmativamente también implique haberse preguntado alguna vez: ¿Por qué me acerco a la Eucaristía?, ¿por qué me acerco a comulgar?… Las vacaciones del verano dejan tiempo libre para la reflexión y para hacerse preguntas que las ocupaciones diarias no nos permitieron hacer.

Por mi parte, apreciado lector, debo confesarte que varias veces me hice esta pregunta: ¿Qué razones y qué sentimientos me mueven a comulgar?, ¿qué razones hacen que me acerque a la Eucaristía?… Muchas son las razones y también los sentimientos. Ante la imposibilidad de referirme a todos, destaco estos cuatro que considero más importantes:

En primer lugar, me acerco a comulgar porque Él nos hizo esta petición en la Última Cena: “Haced esto en memoria mía” (I Cor. 11, 25). ¿Cómo podría negarme a algo que Jesús me pide? Negarme no sería propio de quien ha decidido seguirle y seguir su doctrina. Sería un contrasentido y una grave falsedad llamarse cristiano, pero no dar cumplimiento a lo que Cristo nos manda. Esta razón creo que es bastante poderosa para acercarse a la Eucaristía.

Pedir y dar gracias
En segundo lugar, como es bien sabido, por medio del sacramento de la Eucaristía se pueden pedir y dar gracias a Dios. Pedir aquello que más necesitamos tanto para nosotros como para nuestros familiares y amigos. Y en lo referente a dar gracias a Dios, tengamos en cuenta que acudir a la Eucaristía es el mejor modo de agradecer al Señor todo lo que nos ha concedido, empezando por la propia vida. Si queremos dar cumplimiento al viejo refrán “De bien nacidos es el ser agradecidos”, es obligado comulgar con frecuencia.

En tercer lugar, me acerco a la Eucaristía porque tiene poder reparador, poder de desagravio. En efecto, sé que mi comunión ayuda a reparar el agravio que hacen a Jesús Sacramentado quienes le tienen olvidado y no se acercan a Él. Esto nos lo recuerda san Manuel cuando dice que «comulgar en desagravio del abandono en que lo tienen los que no comulgan, a nadie ni a ninguna Obra le interesa tanto saber comulgar como a la María y a su Obra» (OO.CC. I, n. 1168).

El don de la paz interior
En cuarto y último lugar, me acerco a la Eucaristía porque encuentro en ella un efecto terapéutico muy beneficioso. Lo que a mí me ocurre supongo que le ocurrirá a la mayoría de las personas que se acercan a comulgar… Después de la comunión sentimos una gran tranquilidad interior, una paz y una quietud espiritual que, desde luego, no sentíamos antes de comulgar. No es, pues, desacertado afirmar que la Eucaristía es para el alma algo semejante a lo que la medicina es para el cuerpo. No saben lo que se pierden quienes no se acercan a Jesús Eucaristía. Y no saben lo que se pierden, porque rechazan a quien constituye el mejor de los bálsamos para las heridas del alma.

Te he confesado, amigo lector, mis principales razones por las que me acerco a la Eucaristía, por las que me acerco a comulgar… ¿Y tú? ¿Te preguntas con frecuencia cuáles son esas razones?… Es que sería muy triste que estuviésemos convirtiendo la Eucaristía en un acto mecánico y rutinario. Sería muy triste que la estuviésemos convirtiendo en una simple costumbre, desprovista de su verdadero sentido eucarístico.
Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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