Saltar al contenido

Cordialmente, una carta para ti (octubre 2018)

27 octubre 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2018

Como granos de café

Estimado lector: Hace algún tiempo alguien me envió por internet una presentación que me agradó mucho. Tanto me agradó que decidí guardarla en una memoria externa. Ayer se me ocurrió volver a verla y comprobé que encerraba una interesante lección para la vida. Por si no conoces la presentación, te la comento en esta carta. Es mi deseo que también sea de tu agrado y que extraigas de ella conclusiones que puedas aplicar tanto a tu vida como a la de tus familiares y amigos.


Se trata de un padre de familia, chef de cocina en un famoso restaurante y que poseía un envidiable don didáctico. Tiene una hija adolescente, muy pesimista y que vivía atormentada por casi todas las cosas que le ocurrían. Siempre se estaba lamentando de que todo le salía mal. Se sentía impotente y malhumorada ante la más pequeña contrariedad. Ella sólo veía el lado negativo de las personas y de las cosas, el lado malo de la vida.

Con ánimo de ayudarla, su padre la llevó un día al restaurante en que trabajaba. La pasó a la cocina y allí le mostró unas zanahorias, unos huevos y unos granos de café. La adolescente miraba con sorpresa y sin entender lo que pretendía decirle su padre, quien cogió tres ollas en las que introdujo agua. En una olla puso las zanahorias; en otra, los huevos y, en la tercera, metió los granos de café.

El efecto del fuego
Acto seguido las puso al fuego. Al cabo de un rato el agua comenzó a hervir en las tres ollas. Estuvieron hirviendo durante unos 20 minutos, pasados los cuales el padre apagó los fuegos. Con una espumadera sacó de la olla las zanahorias, colocándolas cuidadosamente en un plato. Lo mismo hizo con los huevos y con los granos de café. La hija seguía mirando, aunque sin entender lo que su padre se proponía hacer.

Una vez los tres productos en sus respectivos platos, el padre pidió a su hija que con un tenedor comprobara la dureza de las zanahorias. Lo hizo y comprobó que estaban muy blandas, casi se deshacían al pincharlas. Luego le pidió que quitase la cáscara a los huevos y que también los pinchase con el tenedor. Comprobó que se habían endurecido, que no tenían nada que ver con lo que hay en el interior de un huevo antes de cocerlo. Hecho esto, le dijo que echase en una tacita un poco del agua en la que habían hervido los granos de café y que le añadiese un poco de azúcar. La animó a que bebiera despacito, sorbo a sorbo… Tenía un aroma y un sabor deliciosos. Había salido un café exquisito.

Y es ahora, apreciado lector, cuando el padre le explica el significado de todo lo que había hecho. Los tres productos (zanahorias, huevos y granos de café) se enfrentaron –le dijo– a la misma adversidad: el agua hirviendo; sin embargo, cada uno de ellos reaccionó de forma distinta. Las zanahorias, que antes eran duras, se hicieron blandas, tiernas, tanto que casi se deshacían. Los huevos, que antes de cocerlos eran sumamente blandos y frágiles, se endurecieron. Por su parte, los granos de café, sin apenas cambiar su consistencia, actuaron sobre el agua hirviendo, cambiando su color, su aroma y su sabor. Habían logrado transformar lo que antes era simplemente agua en un delicioso café caliente.

Ante la adversidad
El chef preguntó entonces a su hija cómo se comportaba ella ante una adversidad. Si como las zanahorias, que se deshacen, si como los huevos, que se endurecen, o como los granos de café, que fueron capaces de convertir el agua en algo distinto y exquisito… Sin esperar respuesta, le aconsejó que no hiciera como las zanahorias, porque era tanto como darse por vencido; tampoco como los huevos, porque significaba endurecer el corazón y hacerse insensible ante el dolor propio y ajeno.

Lo positivo –le dijo– era comportarse como los granos de café, es decir, actuar sobre la adversidad, imprimirle nuestro carácter y nuestra fuerza. Nunca dejarse abatir ni darse por vencido. La animó a que soportase la adversidad, tratando de cambiarla, tratando de convertir en positivo todo lo que ella tiene de negativo.

Es bien cierto, amigo lector, que esto último resulta bastante difícil de lograr. No es tarea fácil convertir en positivo todo lo malo que la adversidad suele traer consigo. Por tal razón, y aunque la presentación no dice nada al respecto, debemos saber valorar la gran ayuda que representa la Eucaristía. Es seguro que en Jesús Eucaristía, siempre entre nosotros, hallaremos esas fuerzas que necesitamos para luchar contra la adversidad e incluso para poder vencerla.
Cordialmente,

Manuel Ángel Puga
Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

A %d blogueros les gusta esto: