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La liturgia, encuentro con Cristo (noviembre 2018)

23 noviembre 2018

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2018.

Palpitar con el corazón de la Eucaristía: la Plegaria de santificación

«Las diversas Plegarias eucarísticas que hay en el Misal nos han sido transmitidas por la tradición viva de la Iglesia y se caracterizan por una riqueza teológica y espiritual inagotable. Se ha de procurar que los fieles las aprecien» (Sacramentum Caritatis, 48).

La razón es obvia: la Plegaria eucarística es el corazón de toda la Misa; comienza con el diálogo «Levantemos el corazón» y concluye con el «Amén» solemne. La Iglesia pide que se insista, en la catequesis eucarística, para que se perciba la importancia y unidad de la Plegaria que en la tradición se ha llamado Canon o Anáfora. La Plegaria es, toda ella, una misma oración aunque esté compuesta por diversos elementos (Prefacio, Invocación del Espíritu, Consagración, Memorial, Intercesiones, etc.) o haya distintas intervenciones en su seno («Santo», respuesta a la monición «Este es el misterio de la fe», otras posibles aclamaciones y el «Amén» final).

El Misal nos recuerda que es «el centro y cumbre de toda la celebración» porque es, a la vez, una plegaria de acción de gracias y de consagración (hay una dimensión ascendente o eucarística y una dimensión descendente o santificadora). El sacerdote invita al pueblo a elevar los corazones al Señor en la oración y acción de gracias y lo asocia a la oración que, en nombre de toda la comunidad, él dirige a Dios Padre, por Jesucristo en el Espíritu Santo. El sentido de esta oración es que toda la asamblea de los fieles se una con Cristo en la alabanza de las maravillas de Dios y en la ofrenda del sacrificio. La Plegaria eucarística exige que todos la escuchen con respeto y en silencio (cf. OGMR 78). La elevación del corazón (ese es el significado de la palabra «anáfora») es la expresión de que estamos ante la oración central de la Eucaristía: la Prex Mystica. Esta Plegaria eclesial pone palabras a la plegaria del mismo Jesús en la Última Cena, cuando pronunció una oración de acción de gracias y de bendición (cf. Mt 26,26; Mc 14,22; Lc 22,19) para después partir el pan y entregar la copa como su cuerpo y sangre. El sentido profundo de esta Plegaria –reproduciendo la misma oración de Cristo al Padre– es realizar la comunión con Cristo y entre nosotros por la transformación que realiza el Espíritu Santo para gloria de Dios. No olvidamos que en la Plegaria anafórica se pide tanto el cambio del pan y del vino como nuestro propio cambio para ser como Cristo: hombres y mujeres entregando su vida por amor agradecido a Dios y en servicio a los hermanos forjando comunión entre unos y otros.

Diversidad celebrativa
En el Rito romano, durante siglos, se ha rezado solo con una única Plegaria, el Canon; sin embargo, la diversidad de anáforas –fruto de la renovación conciliar– ha puesto de manifiesto la riqueza temática que la Iglesia posee para expresar la acción de gracias a Dios y la bendición. En efecto, en el Misal de Pablo VI –tanto en latín como en español– hay 13 Plegarias diferentes: cuatro en el Ordinario y el resto en el apéndice.

Para una adecuada atención y comprensión de este texto sagrado, ya la Carta Eucharistiae participationem, y, ahora, la tercera edición del Misal recuerdan que el presidente de la celebración tiene la facultad de introducir la Plegaria eucarística con breves palabras. Con esta monición se pueden proponer a los fieles «las razones de la misma acción de gracias, de suerte que la comunidad pueda sentir su propia vida íntimamente enmarcada en la historia de la salvación y pueda cosechar mayores frutos de la celebración de la Eucaristía».

Ahora bien, lo interesante es orar con los 13 textos que propone el Misal. No hay, para ello, criterios estrictos o predeterminados sino que han de ser razones de orden pastoral las que determinen la elección de una u otra anáfora. Proponemos, aquí, algunas sugerencias o líneas directrices generales.

Plegaria eucarística I
1. La Plegaria eucarística primera, o Canon romano, que se puede usar siempre, se dirá de preferencia en los días que tienen asignados «Reunidos en comunión» propio, o en las Misas que tienen su particular «Acepta, Señor, en tu bondad». Debería usarse, también, en las celebraciones de los Apóstoles y Santos de quienes se hace mención en dicha Plegaria; asimismo, en los domingos, a no ser que por motivos pastorales se prefiera la Plegaria eucarística tercera (cf. OGMR 365a). La tercera edición del Misal la propone como paradigmática para el Jueves Santo.

Plegaria eucarística II
2. La segunda Plegaria eucarística, caracterizada por su concisión, conviene usarla los días laborables, en las misas con jóvenes o para pequeños grupos. Su sencillez constituye una buena base inicial para la catequesis sobre los varios elementos de la anáfora. Tiene un prefacio propio, que normalmente debería ser usado junto con el resto de la Plegaria; sin embargo, puede ser substituido por otro análogo, es decir, que exprese de una manera concisa el misterio de la salvación: por ejemplo, los prefacios comunes (cf. OGMR 365 b).

Plegaria eucarística III
3. La tercera plegaria eucarística, inspirada en la tradición hispano–galicana, puede usarse con cualquiera de los prefacios. Su uso se recomienda en los domingos, las fiestas, las memorias obligatorias (por la posibilidad de nombrar el santo) y las celebraciones exequiales. Si esta Plegaria se usa en funerales conviene emplear la fórmula peculiar para un difunto (cf. OGMR 365 c).

Plegaria eucarística IV
4. La cuarta Plegaria eucarística –inspirada en la tradición oriental– presenta un compendio de la historia de la salvación en una unidad temática. El prefacio es invariable. Los días más indicados para su uso serían aquellos que carecen de prefacio u otras partes propias (embolismos); también, en los domingos durante el año. En esta Plegaria, por razón de su propia estructura, no se puede introducir una mención o fórmula peculiar por un difunto (cf. OGMR 365 d).

Otras Plegarias eucarísticas
Las Plegarias eucarística de la Reconciliación son adecuadas para el tiempo de Cuaresma y para los viernes del tiempo durante el año (Ordinario) que no coincidan con una fiesta. Las cuatro Plegarias para las «Misas por diversas necesidades» tienen su puesto en esas celebraciones, generalmente solo del tiempo Ordinario, en las que la temática es por las diversas situaciones de la Iglesia y del mundo. Aquellas otras Plegarias, tres, son –como su nombre indica– para las celebraciones con niños.

Hemos comenzado citando la Exhortación que dice que la importancia de la Plegaria «merece ser subrayada adecuadamente» (SC 48). Desde El Granito procuramos que los fieles las aprecien como lo que son: el corazón de la Eucaristía.

Manuel G. López-Corps, Pbro.
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