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Cordialmente, una carta para ti (enero 2019)

11 enero 2019

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2019.

Sin fidelidad no hay amor

Apreciado lector: Como bien sabes, nuestra sociedad, la sociedad en que nos ha tocado vivir, está perdiendo sus valores tradicionales, los mismos que tanto veneraban nuestros padres y abuelos. Es muy cierto que se está perdiendo el sentido de la solidaridad, el respeto a los mayores, la tolerancia, la amistad, la honestidad y
también la fidelidad.


Precisamente, el papa Francisco dedicó dos audiencias generales a la fidelidad, mejor dicho, a la falta de fidelidad que hoy circula con la aquiescencia de muchos.

En efecto, en las audiencias de los días 24 y 31 del pasado mes de octubre, prosiguiendo el ciclo de catequesis dedicado al Decálogo, el papa habló sobre la sexta palabra: «No cometerás adulterio». Importante debe ser este Mandamiento cuando el pontífice le dedicó dos audiencias. Y es importante porque hoy se está imponiendo el falso criterio de quienes opinan que puede haber amor, aunque no haya fidelidad. Buscan convencernos de esta gran mentira: se puede amar, aunque se traicione a quien decimos que amamos. Es una actitud cínica y contradictoria sobre la manera de entender las relaciones humanas y de entender el amor.

El papa Francisco sale al paso de quienes defienden tal actitud y les dice que «no hay auténtica relación humana sin lealtad y fidelidad». Y añade: «No se puede amar solo cuando conviene. El amor se manifiesta cuando se da todo sin reservas… La fidelidad es la característica de la relación libre, madura y responsable». Queda bien claro, estimado lector, que la fidelidad en el amor es prueba de libertad, de madurez y de responsabilidad. Cuando falla la fidelidad ha fallado también el amor. ¿Por qué? Porque sin fidelidad no hay amor. Por ello, el pontífice asegura que «el riesgo es el de llamar amor a lo que son relaciones estériles e inmaduras». Certera afirmación, porque en muchas ocasiones se llama amor a lo que no son más que sucedáneos del amor.

Tras referirse a la necesaria preparación para el matrimonio, el santo padre afirmó: «La fidelidad, de hecho, es un modo de ser, un estilo de vida. Se trabaja con lealtad, se habla con sinceridad, se permanece fieles a la verdad en los propios pensamientos, en las propias acciones». ¡Qué maravillosas e importantes palabras, amigo lector! La fidelidad no es algo secundario o algo accesorio. Muy al contrario, se trata de «un modo de ser, un estilo de vida», que debe impregnar todas las dimensiones de la vida.

Acción de la gracia
Ahora bien, nos advierte el papa Francisco que para lograr esto último no basta nuestra naturaleza humana, no bastan nuestras solas fuerzas. Es necesario algo más, «es necesario que la fidelidad de Dios entre en nuestra existencia, nos contagie». Y añade a continuación: «Esta Sexta Palabra nos llama a dirigir la mirada a Cristo, que con su fidelidad puede sacar de nosotros un corazón adúltero y darnos un corazón fiel». Aquí puede estar, amigo lector, la explicación a tanto adulterio. Nos estamos olvidando de Cristo, nos estamos olvidando de Jesús Eucaristía, razón por la que el corazón adúltero no puede cambiar y convertirse en uno fiel.

Necesidad de madurez
Antes de finalizar la segunda audiencia sobre la Sexta Palabra, el papa vuelve a insistir en la importancia que tiene la madurez para que exista fidelidad: «Recordemos que el camino de la maduración humana es el recorrido mismo del amor que va desde recibir cuidado hasta la capacidad de ofrecer cuidado, desde recibir la vida hasta la capacidad de dar la vida». De una manera breve, pero precisa, el pontífice explica el camino de la maduración humana, que no es otro que el camino del amor.

Por último, afirma con total rotundidad que el adúltero es una persona falta de madurez: «Por lo tanto, ¿quién es el adúltero, el lujurioso, el infiel? Es una persona inmadura, que tiene para sí su propia vida e interpreta las situaciones en base al propio bienestar y a la propia satisfacción». No cabe mayor claridad, amigo lector. Por si había alguna duda, el papa Francisco pone al descubierto dónde está la raíz del adulterio: en la falta de madurez que, además, es causa de egoísmo. Ciertamente, el adúltero no ha madurado ni en el aspecto cognitivo ni en el afectivo, en cierto modo, permanece anclado en la infancia; de aquí su egoísmo.

Con mis mejores deseos para el Nuevo Año que acaba de empezar, te saluda cordialmente,

Manuel Ángel Puga
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