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La liturgia, encuentro con Cristo (abril 2019)

16 abril 2019

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de abril de 2019.

La Misa crismal: broche de la Cuaresma

La Cuaresma, que comenzó el miércoles de ceniza, culmina con la celebración de la Misa crismal en la que el obispo, acompañado de su presbiterio, consagra los óleos que se utilizarán en diversos sacramentos. Ofrecemos, por su interés y claridad, una selección de textos que explican y describen los diversos momentos de esta celebración.


La Misa crismal en la cual el obispo que concelebra con su presbiterio, consagra el santo Crisma y bendice los demás óleos, es una manifestación de la comunión existente entre el obispo y sus presbíteros en el único y mismo sacerdocio y ministerio de Cristo. Para esta Misa ha de convocarse a los presbíteros de las diversas partes de la diócesis para concelebrar con el obispo; y ser testigos y cooperadores en la consagración del Crisma, del mismo modo que en el ministerio cotidiano son sus colaboradores y consejeros (cf. PS 35). Conviene que se invite encarecidamente también a los fieles a participar en esta Misa, y que en ella reciban el sacramento de la Eucaristía. La Misa crismal se celebra, conforme a la tradición, el jueves de la Semana Santa. Sin embargo, si es difícil para el clero y el pueblo reunirse aquel día con el obispo, esta celebración puede anticiparse a otro día, pero siempre cercano a la Pascua. El nuevo crisma y el nuevo óleo de los catecúmenos se han de utilizar en la celebración de los sacramentos de la Iniciación en la noche pascual.

Con el santo crisma, consagrado por el obispo, son ungidos los nuevos bautizados y son signados los que reciben la Confirmación. Con el óleo de los catecúmenos se prepara y dispone a estos para el Bautismo. Finalmente, con el óleo de los enfermos los cristianos son aliviados en su enfermedad (cf. PS 36).
La Liturgia cristiana ha hecho suyo el uso del Antiguo Testamento, según el cual los reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos con el aceite de la consagración, pues ellos prefiguraban a Cristo, cuyo nombre significa precisamente «Ungido del Señor».

Participación del sacerdocio
De manera semejante con el santo crisma se significa que, por el Bautismo, los cristianos fueron injertados en el misterio pascual de Cristo, han muerto, han sido sepultados y resucitados con él; participando de su sacerdocio profético y real. El crisma es también un signo de la unción espiritual del Espíritu Santo que les es dado a los cristianos en la Confirmación.

El óleo de los catecúmenos prolonga el efecto de los exorcismos ya que fortalece a los bautizados para que puedan renunciar al demonio y al pecado, antes de acercarse a la fuente de la Vida para renacer en ella. El óleo de los enfermos, cuyo uso atestigua el apóstol Santiago (cf. Sant. 5,14), sirve de remedio para las dolencias de cuerpo y alma de los enfermos, para que puedan soportar y vencer con fortaleza el mal y alcanzar el perdón de sus pecados (Misa crismal, Praen. n. 15).

En la Misa crismal, las lecturas ponen de relieve la función mesiánica de Cristo y su continuación en la Iglesia por medio de los sacramentos (OLM 98).

En la homilía, el obispo exhortará a sus presbíteros a mantenerse fieles en su ministerio y los invitará a renovar públicamente sus promesas sacerdotales (Misa crismal, p. 5).

En esta Misa no se dice Credo. La oración de los fieles, que tiene formulario propio, está unida a la renovación de las promesas sacerdotales (Misa crismal, Praen. n. 15 s.).

Bendición y consagración
Según la costumbre tradicional de la Liturgia latina, la bendición del óleo de los enfermos se hace antes de finalizar la Plegaria eucarística; la bendición del óleo de los catecúmenos y la consagración del crisma, después de la comunión. Con todo, por razones pastorales, es lícito realizar todo el rito de estas bendiciones después de la Liturgia de la Palabra… (Misa crismal, Praen. n. 11).

Después de la renovación de las promesas sacerdotales, los diáconos y ministros designados para llevar los óleos o, en ausencia de ellos, algunos presbíteros y ministros, junto con los fieles señalados para llevar el pan, el vino y el agua, se dirigen ordenadamente a la sacristía o al lugar donde se encuentran preparados los aceites y las otras ofrendas. Desde allí regresarán al altar en procesión de la siguiente manera: en primer lugar el ministro que lleva el recipiente con las esencias aromáticas o el perfume, si es que el mismo obispo preparará el crisma; después, otro ministro con la vasija del óleo de los catecúmenos, seguido por otro ministro que lleva el recipiente del óleo de los enfermos. El aceite para el crisma es llevado en último lugar por un diácono o por un presbítero. Detrás de ellos se dirigen al altar los otros ministros que llevan el pan, el vino y el agua para la Eucaristía.

Al avanzar la procesión por la iglesia, la schola canta el himno O Redemptor (Misa crismal, p. 7).

Dada la bendición conclusiva de la Misa, el obispo pone incienso en el incensario y se organiza la procesión hacia la sacristía. Los óleos bendecidos son llevados por los ministros inmediatamente después de la cruz. En la sacristía, el obispo, oportunamente, puede advertir a los presbíteros cómo hay que tratar y venerar los óleos, y también cómo hay que conservarlos cuidadosamente (Misa crismal, p. 15).

La recepción de los óleos sagrados en las distintas parroquias puede hacerse o antes de la celebración de la Misa vespertina «en la Cena del Señor», o en otro momento más oportuno. Esto puede ayudar a la formación de los fieles sobre el uso y efecto de los óleos y del crisma en la vida cristiana (PS 36).

Recepción de los santos óleos en la Misa de la Cena del Señor
Conviene que los santos óleos bendecidos por el obispo en la Misa crismal sean presentados y recibidos por la comunidad [parroquial] en la celebración de la Misa del Jueves Santo en la Cena del Señor. Los óleos se guardan cerca de la fuente bautismal o en otro lugar conveniente.
Se forma la procesión de entrada según este orden:

  • El que lleva el incienso;
  • el que lleva la cruz;
  • los que llevan los cirios encendidos;
  • los que llevan las vasijas que contienen los santos óleos con paño de hombros;
  • el diácono o lector con el Evangeliario, diáconos y concelebrantes
  • el presbítero que preside.

Ritos introductorios
l. El canto de entrada acompaña la procesión. Los que llevan los óleos en las vasijas participan en la procesión. Cuando llegan al presbiterio los que portan las vasijas se ponen en un lugar visible.
2. Tras el saludo inicial habitual tiene lugar la solemne recepción de los óleos. El presbítero que preside introduce la Liturgia con éstas o semejantes palabras: «Hermanos: en esta tarde memorable estamos reunidos para iniciar la celebración del Triduo Pascual. Unidos con toda la Iglesia, conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Al principio de esta Semana Santa nuestro Obispo N., en unión con los presbíteros y ante el pueblo santo de Dios de nuestra diócesis de N., consagró en la Catedral el santo crisma y bendijo los óleos que se usan en la Unción de los enfermos y en la unción de los catecúmenos en su camino al Bautismo. Hoy esta comunidad de N. inicia la celebración de la Cena del Señor recibiendo el santo crisma y los óleos para la celebración de los sacramentos. Por medio de estos signos nuestro Señor Jesucristo continúa en la Iglesia el ministerio de santificación que inició con su muerte y resurrección concediendo el perdón, la sanación y la nueva vida».
3. El que lleva las vasijas presenta el óleo, y un monitor hace la siguiente proclamación que va seguida de la respuesta de la asamblea: «Bendito sea Dios» o «Demos gracias a Dios».

Óleo de los enfermos
Y prosigue: «Óleo de los enfermos, bendecido por nuestro Obispo para sanar el cuerpo, la mente y el espíritu. Los que sean ungidos con este óleo, experimenten la compasión de Cristo y su amor salvador.

Óleo de los catecúmenos
«Óleo de los catecúmenos, bendecido por nuestro obispo para la unción de los que se preparan para el Bautismo. Los ungidos con este óleo sean fortalecidos por Cristo para resistir el poder de Satanás y del mal en todas sus formas, cuando van a sumergirse en las aguas salvadoras del Bautismo».

Santo crisma
«Santo crisma, óleo perfumado, consagrado por nuestro obispo y los presbíteros de nuestra diócesis. Con él serán ungidos los bautizados, los que serán confirmados. También se emplea en la ordenación de los obispos y presbíteros; en los altares e iglesias en el Rito de su dedicación. Por la presencia del Espíritu todos los consagrados con este óleo son signos y testigos del amor y de la fidelidad de Dios».
Los óleos, colocados en lugar visible, son incensados. Después serán trasladados por un ministro al baptisterio o a su lugar habitual. La Misa continúa con el canto del Gloria.

Selección de textos: Manuel G. López-Corps, Pbro.
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