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Cordialmente, una carta para ti (julio-agosto 2019)

28 agosto 2019

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2019.

La familia, ahora y siempre

Estimado lector: Todos somos conscientes de que en la sociedad de hoy faltan valores humanos, todos sabemos que en nuestro mundo falta humanidad y amor al prójimo. Desgraciadamente, en muchas ocasiones la humanidad está siendo sustituida por la agresividad.

Pero estamos tan acostumbrados a verlo y a oírlo que ya empezamos a considerarlo como algo normal. Sin embargo, no debería ser así, no deberíamos aceptar este estado de cosas. Por el contrario, ante esta falta de valores humanos tenemos que reaccionar y luchar por un mundo más humano, tenemos que decir: «aunque otros sí, yo no».

Sin duda alguna, la mejor manera de lograr ese mundo es volver al humanismo cristiano, es decir, a ese humanismo que postula esta gran verdad: el hombre no es solamente individuo, como el animal, sino que es persona, libre y responsable, con un valor superior que trasciende la sociedad, aunque deba vivir en ella. Es necesario, pues, retornar a ese humanismo o personalismo cristiano que presenta al hombre, a la persona humana, con su dignidad y sus derechos como fundamento de la doctrina social de la Iglesia. He aquí un buen camino para avanzar hacia el humanismo del Evangelio.

Pero es el caso, apreciado lector, que en esta búsqueda del humanismo cristiano tiene una excepcional importancia la familia, basada en el amor mutuo entre un hombre y una mujer. Como nos recuerda el Concilio Vaticano II, «la familia es escuela del más rico humanismo» (GS 52), lo que es tanto como afirmar que la familia es morada donde el hombre aprende a ser hombre. No valen sucedáneos; es en la familia donde el hombre aprende a ser hombre. Y si esto es así, es indudable que la familia deberá estar apoyada y protegida por la sociedad y por el Estado. Todo cuanto se haga en favor de la familia se hará en favor del humanismo, en favor del hombre. Por el contrario, todo lo que se haga en contra de la familia se hará también en contra del hombre.

Proteger la familia
Lo anterior es tan importante, estimado lector, que ya Benedicto XVI, con motivo de un encuentro con los embajadores de los países acreditados ante la Santa Sede, les había pedido que, al margen de ideologías políticas, defendieran y protegieran a la familia, «institución fundamental y célula básica de la sociedad». Aquella petición papal no era gratuita, sino que estaba respaldada por la Declaración Universal de Derechos Humanos, donde se especifica con toda claridad que «la familia es el núcleo natural y fundamental de la sociedad, y tiene derecho a ser protegida por la sociedad y el Estado» (art. 16. 3). En consecuencia, tanto la sociedad como el Estado, al margen de la ideología política que tengan, están obligados a proteger a la familia, y si no lo hiciesen actuarían en contra de lo dispuesto en esta declaración.

Por su parte, el cardenal Antonio Cañizares publicó un interesante artículo, titulado «De nuevo la familia», en el que afirma cosas que conviene no olvidar nunca. Así, dice: “son bien conocidos los problemas que en nuestros días asedian al matrimonio y a la institución familiar, debidos a una cierta mentalidad ambiental hedonista, permisiva, insolidaria y relativista. La familia atraviesa dificultades importantes por las presiones que sufre, particularmente con la plaga del divorcio, que cobra especialmente sus víctimas en los hijos» (La Razón, 3/4/2019).

Y más adelante nos recuerda el cardenal Cañizares que todos, sin ninguna clase de excepción, estamos obligados a promover y a favorecer los valores de la familia, la cual debe ser ayudada y defendida mediante medidas sociales apropiadas. Insiste en que la sociedad tiene la grave responsabilidad de apoyar y vigorizar la familia y su fundamento que es el matrimonio único e indisoluble. Del mismo modo, deberá defender y proteger la vida humana, cuyo santuario es la familia. No hacerlo así, «constituye una actitud irresponsable y suicida –precisa el cardenal– que conduce a la Humanidad por derroteros de crisis, deterioro y destrucción de incalculables consecuencias». Unas palabras que deberían ser tenidas en cuenta para que la familia reciba ahora y siempre la atención y ayuda que en justicia le corresponde.

Con el deseo, amigo lector, de que disfrutes de un feliz verano, te saluda cordialmente,
Manuel Ángel Puga

Manuel Ángel Puga
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