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Palabras de santo (julio-agosto 2019). Así ama Él

25 septiembre 2019

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2019.

Sintiendo sus latidos

En 1935, san Manuel comenzó a escribir para la revista El Granito de Arena una serie de artículos con el título «Así ama Él». Al mismo tiempo, los iba preparando para ser publicados como libro, aunque esto se hizo realidad siete años después de su muerte, en 1947. Hoy es uno de sus libros más difundidos. Sus páginas fusionan la experiencia y el mensaje de toda su vida, y dejan percibir la comunión y la profunda sintonía que nuestro santo obispo tenía con el Señor.Ver en Google Books, Así ama Él (1ª edición, 1947)


Encontramos en El Granito de Arena de aquellos años la presentación de este libro, que nos revela cómo el corazón y la pluma de D. Manuel sabían escuchar y andar al mismo ritmo del Corazón de Jesús: «Un nuevo libro de nuestro Fundador: ¡Así ama Él! Este es el título del nuevo libro, próximo a salir a la luz, de nuestro venerado Fundador, el Excmo. Sr. Obispo don Manuel González (+). Palpitaciones del Corazón de Jesús en el Evangelio y en la Eucaristía, recogidas por el autor, que nos ponen al descubierto horizontes inmensos del amor de Jesucristo. He aquí el prólogo: “El presente librito es, sin duda, de lo más fino y exquisito que ha salido de la pluma del gran Apóstol de la Eucaristía. Lo dejó terminado antes de morir, aunque el plan concebido en toda su amplitud presentaba al ojo avizor del apóstol mayores y más ambiciosas perspectivas.

El título es verdaderamente sugeridor. El Sr. Obispo de Palencia tenía el oído de su alma lleno de las divinas resonancias del Sagrario. Como el Discípulo predilecto, tuvo la santa osadía de pasarse la vida reclinado sobre el pecho del Amado. E iba contando, una a una, en la hora silenciosa del Amor, las palpitaciones del Corazón de Cristo. Se las sabía de memoria. Comprendía, con la larga capacidad visual de los limpios de corazón, el íntimo significado de aquella maravillosa euritmia, que produce, dentro del pecho de Jesús, como en una preciosa caja eufónica, el misterioso compás de sístoles y diástoles del Corazón del Hombre–Dios. El Sr. Obispo de Palencia nos cuenta en este librito lo que él ha sorprendido del Amor de Cristo en sus atrevidas penetraciones en la más íntima recámara del Corazón Eucarístico de Jesús.

Este libro, que sale a la luz siete años después de la preciosa muerte de su autor es, por decirlo así, el “precipitado” de los exquisitos aromas eucarísticos con que el Fundador de las “Marías” perfumó tantas almas y tantas obras. Por ello mismo, por ser “esencia concentrada”, hay que leerlo despacio, en la intimidad, muy cerca del Corazón de Jesús, a la luz del Sagrario, hasta que, empapados en su sabrosa lectura, lleguemos a sentir, a través de la puertecita dorada del Tabernáculo, el divino y misterioso “tic tac” de las palpitaciones del Corazón de Aquel que, por amar al hombre, llegó al extremo de la locura del Amor. José Mª González Ruiz, Pbro.» (El Granito de Arena, 20/12/1946, n. 902, p. 277).

Qué hace… y cómo ama
El libro, por tanto, apareció en el año 1947 con el título Así ama Él, y el subtítulo «Palpitaciones del Corazón de Jesús en el Evangelio y en la Eucaristía». Ha alcanzado 8 ediciones (1947, 1951, 1956, 1974, 1979, 1983, 1991, 2004), y se encuentra en el primer tomo de las Obras Completas (nn. 234-372). También fue traducido al italiano, con el título Lui ama così.

Siguiendo el itinerario de las obras de D. Manuel, según los temas, podríamos decir que fue ahondando a lo largo de toda su vida en el conocimiento de Jesús, descubriendo y transmitiendo a los demás sus propias vivencias y reflexiones acerca de qué hace, qué dice, cómo calla, cómo reza y nos enseña a rezar el Señor, hasta llegar a experimentar y a poner en palabras también el modo en que su Corazón ama y se desborda de amor por cada uno de nosotros.

El camino que nuestro autor fue trazando a través de cada etapa de su vida, y expresando en sus escritos, nos trae a la memoria las palabras del apóstol san Juan: «Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida… os lo anunciamos» (1 Jn 1,1-4), «Dios es amor» (1 Jn 4,8). Y es que, al final de sus días, nuestro obispo también se centró en lo esencial, y nos recuerda, como san Juan de la Cruz, que «al atardecer de la vida nos examinarán en el amor». Por eso, nuevamente nos invita a acercarnos al Maestro, a escuchar los latidos de su Corazón y aprender lecciones de amor en la escuela del Evangelio y la Eucaristía.

Buscar y dejarse encontrar
El libro está estructurado en tres partes y un epílogo. En la primera parte, «En busca de su Corazón», vemos cómo el verbo amar se entrelaza con otros dos verbos muy significativos: conocer y buscar. También el Catecismo de la Iglesia Católica comienza con estas acciones: el hombre es capaz de conocer a Dios, y es el mismo Dios que se revela y viene a su encuentro. Se trata de conocerlo y buscarlo para amarlo, porque esta es la vida del hombre: conocer y amar a Dios, sabiendo al mismo tiempo que Él nos conoce y nos busca, y que «nos amó primero» (1 Jn 4,19). Por tanto, san Manuel nos propone ir al centro de la vida cristiana: buscar al Señor, conocer su Corazón, y dejarnos encontrar por Él, que nos irá transformando a su imagen, convirtiendo nuestro corazón de piedra en un corazón de carne; plenamente humano, abierto y misericordioso como el suyo.

En la segunda y la tercera parte, «Cómo ama a sus amigos» y «Cómo ama a sus enemigos», se detalla el modo en que establece relaciones de amistad con cada persona, pero también se contrapone el hecho de que esa amistad que Él ofrece no siempre es correspondida. D. Manuel habla de amigos, que son sus discípulos, aquellos que lo siguen y quieren conocerlo cada vez más y mejor. Pero también habla de enemigos, y aquí no se refiere a personas a las que Jesús no ame, sino a quienes lo rechazan, lo ignoran o se alejan de Él, porque no lo conocen de verdad y aún no han experimentado la infinita grandeza de su amor.

Finalmente, encontramos un epílogo en el que D. Manuel sugiere algunas pistas para poder acercarse al Corazón de Jesús vivo en el Evangelio y en la Eucaristía, y así crecer en su conocimiento, amor, trato personal e imitación. Esta amistad con el Señor, esta configuración de nuestro corazón con el suyo no se alcanza por medio del propio esfuerzo y voluntad, no es mérito nuestro, sino que es una gracia que hay que pedir cada día en la oración: «Espíritu Santo, enséñanos por dentro y por fuera el Corazón de Jesús y esto nos basta» (OO.CC. I, n. 364).

Sacando virutas
Mucho se podría comentar acerca de este libro, pero preferimos invitarlos a disfrutar de su lectura y que cada uno descubra sus propios latidos. Sin embargo, antes de finalizar este artículo, es interesante dar unas pinceladas acerca de otra de las facetas de D. Manuel que aparece en las páginas de este libro: la de formador, pedagogo, maestro. Nuestro autor contempla la manera en que Jesús forma a sus apóstoles, el proceso que van haciendo, las dificultades que tienen en el camino, los elementos principales de su vocación y misión. Esta pedagogía divina es una formación «lenta, gradual y misteriosa». Como el carpintero trabaja la madera y saca las virutas, así el Señor trabaja en nuestras vidas.

San Manuel descubre estas características en el Evangelio, en la Eucaristía y en su propio seguimiento y configuración con Cristo. Nos deja claro que para ser apóstoles no hay recetas mágicas, no se trata de correr o quemar etapas. La pedagogía de Dios se manifiesta a cada paso de la propia existencia, incluye días de luz y de sombras, dificultades y fracasos, paciencia y misericordia, muchas dosis de fe, confianza y amor. Es hermoso reconocer la mano del Maestro trabajando en nuestra propia vida, ayudándonos con su gracia a aprobar las asignaturas más difíciles, a seguir adelante a pesar de las incomprensiones y fatigas, a decirle sí cada día, en lo escondido, con humildad y sencillez, como María. Ese es el estilo de Dios, así de misteriosas son sus sendas, así nos llama y nos quiere… Así ama Él.

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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