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Palabras de santo (noviembre 2019). Camino para ir a Jesús

18 noviembre 2019

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2019.

Para buscadores en camino

En esta ocasión, presentamos un breve escrito de san Manuel, que en el prólogo se describe como «una verdadera joya de la mística católica contemporánea». Se trata de Camino para ir a Jesús, cuyo subtítulo «Camino para ver y parecerte a Jesús en la tierra y en el cielo», nos invita no solo a adentrarnos en su lectura, sino también a recorrer un proceso de configuración con Cristo, para vivir en plena comunión con Él.Ver en Google Books, Camino para ir a Jesús (1ª edición, 1956)


En este opúsculo, D. Manuel utiliza el género literario denominado «diálogo didáctico». Lo que caracteriza este tipo de textos es que se exponen las ideas del autor mediante el debate entre algunos personajes que dialogan entre sí. Su fin no es contar una historia ni tiene por fin la representación sobre un escenario, sino tratar de explorar un tema o llegar a alguna conclusión sobre el mismo. En este caso, el discípulo pregunta al maestro, y el maestro responde enseñando, como intérprete de la verdad.

Diálogo dialéctico
Este género discursivo fue cultivado por Sócrates, Platón y otros autores griegos y latinos, como instrumento cognoscitivo para averiguar la verdad filosófica. Más adelante, en la Edad media, se empezó a utilizar con una intención didáctica, y se volvió un género propicio para enseñar, como por ejemplo el catecismo, a través de preguntas y respuestas. En el Renacimiento, se compusieron cientos de diálogos sobre los más diversos temas, ya que daba la posibilidad de plasmar distintas opiniones y puntos de vista.

Dentro de esta tradición literaria, se inscriben también numerosos autores cristianos que utilizaron esta tipología textual para tratar un tema clásico de la espiritualidad cristiana, como es la del maestro que enseña a sus discípulos, ayudándolos a progresar en su camino de fe.

Podríamos decir que el género didáctico ya aparece en el Evangelio. Lo reconocemos al contemplar a Jesús como maestro: cuando dialoga con sus discípulos, les hace preguntas y los escucha, los orienta sobre diversos temas, les enseña a través de parábolas y ejemplos, y, sobre todo, los ilumina y les señala el camino a recorrer no solo con palabras, sino con el testimonio de su propia vida.

San Manuel, discípulo fiel de Jesús maestro, escribe a la luz de las enseñanzas que él mismo ha contemplado y aprendido en el Evangelio y en la Eucaristía. Por tanto, podríamos decir que su pluma, al escribir este diálogo «para ver y parecerse a Jesús», para saber estar, vivir y configurarse con Él, se inspira en la pedagogía del divino Maestro. Y, como no podía ser de otra manera, las páginas de este escrito tienen también el sello del carisma eucarístico reparador recibido por nuestro santo obispo, ya que expresan tanto el dolor y el vacío que provoca el abandono de Dios, como la alegría y plenitud que brotan de la comunión con Él.

Un buen juego
En su primera edición, este texto fue presentado de manera novedosa: en pequeñas tarjetas sueltas, adaptables a un juego pedagógico entre maestro y discípulo, con el título «Un buen juego». Así lo presenta El Granito de Arena en el año 1955: «Para estas vacaciones: “Un buen juego”. En 34 fichas de preguntas y respuestas, ilustradas con dibujos en colores, una síntesis admirable de vida espiritual eucarística. En nuestra Administración. 40 pesetas» (julio/agosto 1955, n. 1001, p. 231). Y meses después, agrega: «Es un regalo de gran provecho espiritual para catequistas, seminaristas, casas de formación y miembros de Acción Católica» (noviembre 1955, n. 1002, p. 340).

En la segunda edición, en cambio, apareció en formato libro, con una presentación de José María González Ruiz, sobrino de san Manuel. Aunque también esta segunda edición conserva en cierto modo el estilo de tarjetas, ya que utiliza una página para las preguntas del discípulo y otra para las respuestas del maestro. Además, intercala dibujos con distintos símbolos religiosos, especialmente eucarísticos. Fue editado en 1956, y así se lo presenta: «¡Gran novedad! “Camino para ir a Jesús”. Por fin apareció en forma de librito de bolsillo el precioso diálogo sobre el camino para ver y parecerse a Jesús en la tierra y en el cielo, una de las últimas producciones de la preciosa pluma del “Obispo del Sagrario abandonado”, Excmo. Sr. D. Manuel González. El librito, primorosamente editado en papel couché, consta de 112 páginas en color, con grabados entre el texto y cubierta en tricromía. Precio, 15 pesetas. Propio para regalo de Reyes» (enero 1956, n. 1005, p. 15). «Es pequeño como un manojo de violetas, pero… ¡cuánto aroma despide! De una originalidad que encanta en su sencillez y de una graciosa unción que penetra el alma» (febrero 1956, n. 1006, p. 36).

En otros números de la revista, a propósito de este libro se añade: «Es todo un tratado de ascética y mística expuesto en forma dialogada con exquisita unción eucarística, encantadora sencillez, elegante presentación. Es la segunda edición de “Un buen juego”» (marzo 1956, n. 1007, p. 93). «Como dice el prologuista, a su legítima instalación en el rango venerable de la tradición añade el presente librito el mérito de lo moderno de su expresión y de la sal andaluza que discretamente lo sazona» (octubre 1956, n. 1014, p. 293). También podemos encontrar este texto incluido en el primer tomo de las Obras Completas, dedicado a los escritos de espiritualidad eucarística (cf. OO.CC. I, nn. 811-844).

De generación en generación
Es posible advertir, en todo este trabajo de diseño de los años 50, un esfuerzo por transmitir la fe a las nuevas generaciones. Ciertamente, en la pedagogía cristiana se revaloriza tanto la persona del maestro como la del discípulo, en todas sus dimensiones. Su fin es ayudar a las personas a madurar humana y espiritualmente en su camino de fe, a vivir en comunión con Cristo, a participar activamente en la comunidad eclesial y a comprometerse en la transformación del mundo según los valores evangélicos.

Para ello, los que van más adelante en el camino de la vida son referentes, guían y acompañan a los que vienen detrás. Al mismo tiempo, sabemos que en este camino, aunque alguna vez nos toque desempeñar el rol de maestros, catequistas y transmisores de la fe, nunca dejamos de ser discípulos, nunca dejamos de aprender. Más aún en el seguimiento de Cristo. La Iglesia, como madre y maestra nos enseña, a través de sus mediaciones, el arte del discipulado: a conocer, discernir y caminar siempre tras las huellas del Señor.

Hoy en día, es habitual presenciar debates entre personas o grupos que discuten y se cierran en su propio punto de vista, quedándose en argumentos parciales, sin abrirse al diálogo y a la búsqueda sincera de la verdad. ¿Cómo podemos hacer para que nuestra comunicación sea de calidad, siendo realmente receptivos a lo que el otro nos dice? Esta obrita de don Manuel nos invita a reflexionar sobre la actitud del diálogo verdadero, el que construye, a través del cual las personas buscan ayudarse mutuamente, enriquecerse, compartir y crecer juntas, desde la libertad. Para ello, es necesario pedir al Espíritu Santo que derrame sobre nosotros sus dones, dones de sabiduría, consejo, humildad. En nuestros ratos de Sagrario, podemos presentarnos ante el Señor y pedirle su gracia para saber hablar y dialogar, escuchar y contemplar. De este modo, podremos ser en nuestros ambientes verdaderos artesanos de diálogo, comunión y paz. Parafraseando jaculatorias de D. Manuel, podríamos orar diciendo: «Corazón de Jesús: aquí tienes un aprendiz, enséñame según tu proyecto. Enséñame a conocerte, amarte, seguirte. Que todo en mí sea voz que lleve hacia Ti». Que así sea.

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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