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La liturgia, encuentro con Cristo (febrero 2020)

3 febrero 2020

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2020.

El Evangelio según san Mateo: pinceladas en el ciclo A

María «dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). En estas palabras del ángel –que Mateo recoge en su Evangelio– encontramos el resumen del anuncio cristiano primitivo (kerigma): Jesús, el Salvador, pertenece a un pueblo al que viene a liberar de su pecado. La Buena Noticia es la realización de este misterio que lleva a Jesús, el Mesías de Israel, a morir como cordero de sacrificio (cf. Mt 20,28).


Durante este año 2020 el Evangelio dominical se proclamará, preferentemente, del texto según san Mateo (ciclo A). Efectivamente, excepto la preparación/celebración de la Pascua –donde prevalece la lectura de san Juan– y otras fiestas, los domingos leeremos el escrito atribuido a Leví, el publicano o recaudador (Mc 2,14; Lc 5,27). Este discípulo, con el apelativo de Mateo (que significa «don de Dios»; en griego «Teodoro»), aparece en las cuatro listas de los Doce (Mt 10,3; Mc 3,18; Lc 6,15; Hch 1,13). El evangelista narra su vocación: Jesús pasa junto a la mesa de impuestos, lo llama y este lo sigue (Mt 9,9).

Todo indica que este discípulo de Jesús compuso su obra en griego teniendo en cuenta el Evangelio de Marcos y un hipotético escrito «Dichos o sentencias de Jesús» (denominado «Q»). Mateo, después del año 70, escribió para su comunidad judeocristiana un trabajo extenso en cinco libros o discursos (Mt 4,25-5,2; 9,36-10,5; 13,1-3a; 18,1-2; 24,1-3) cada uno de los cuales concluye con una cláusula estereotipada (7,28; 11,1; 13,53; 19,1; 26,1). Algunos han pensado que este Evangelio fue diseñado como una Torah cristiana o nuevo Pentateuco (= cinco rollos). Asimismo, cabe destacar que el Antiguo Testamento es citado mucho más que en cualquier otro Evangelio.

La comunidad judeocristiana donde se escribe este Evangelio podría ser Antioquia de Siria, centro evangelizador con vocación universal. En efecto, desde su inicio este Evangelio habla de la misión hacia los paganos: unos sabios extranjeros adoran a Jesús (2,1-12). El que ha venido a buscar a las ovejas dispersas de Israel (10,6; 15,24) provoca también la confesión de fe de los paganos (el centurión: 8,5 ss. y la cananea: 15, 21 ss.) porque, al banquete son invitados todos (22,9); de ahí la razón por la que el Evangelio deba ser anunciado a todas las gentes (28,19).

Para introducir esos cinco libros añadió, como introducción, la natividad de Jesús compuesta de cinco episodios: la genealogía, la anunciación, los magos, la huida a Egipto y vuelta a Nazaret. Cada uno de estos eventos aporta una cita bíblica como cumplimiento de la Escritura hebrea.

Enseñanzas del Evangelio…
Precedido por el anuncio de Juan, Jesús es bautizado junto con los pecadores en el río Jordán. A esta humillación de Jesús responde la glorificación que le hace el Padre y la presencia del Espíritu (Mt 3,16 ss.). Tras esta manifestación trinitaria (y unción mesiánica) el Hijo da inicio a su vida pública predicando el Reino de los cielos (4,17). El ministerio de Jesús comienza en Galilea con la llamada de los primeros discípulos, germen de la Iglesia, en la que destaca la figura de Simón Pedro. La misión de Jesús, el Maestro que enseña con autoridad (7,29; 23,8), se encomienda a sus discípulos y habrá de continuar –con la predicación a todas las naciones– hasta el fin del mundo (24,14; 28,20): cuando Cristo vendrá como rey (25,31 ss.). El evangelista no obvia la oposición al reino de los cielos: «el reino de Satanás» (4,8 ss.; 12,26 ss.).

El llamado «sermón de la montaña», una recopilación de enseñanzas de Jesús (cap. 5-7), sería la carta programática del Maestro para el nuevo Reino que quiere establecer. El Hijo presenta la paternidad de Dios (6, 25-34; 10,19 ss.) y la vida de discipulado que supone recorrer el arduo camino de la cruz (10,34 ss.; 16,24 ss.).

Mateo recoge la predicación de Jesús en parábolas donde el Maestro compara el Reino con una semilla, la levadura, una perla preciosa, etc. (cap. 13). Son imágenes de la vida rural cotidiana para comunicar un mensaje comprensible.

Después de exponer el ministerio en Galilea (cap. 5-15) y los viajes de Jesús (15-18), durante los cuales Jesús va ilustrando el misterio de la Iglesia (14-17), el Evangelio narra el ministerio de Jesús en Jerusalén (19,23) donde Mateo subraya su discurso escatológico (vv. 24-25) y presenta el servicio del «Hijo del hombre» dando la vida en servicio por muchos (20,28). Esta visión del Mesías como Siervo sufriente de Dios se desarrolla en la narración de la Pasión y el triunfo del Señor (26-28). En su desarrollo se pueden distinguir otros cinco bloques: la unción de Jesús en Betania; la Última Cena; la agonía en Getsemaní; la condena a la crucifixión y la resurrección.

…para la Iglesia
Algunos han denominado a Mateo «el Evangelio de la Iglesia». Es un apelativo que cuadra bien por dos razones: ante todo, entre todos los escritos del Nuevo Testamento es el que ha ejercido una influencia más profunda y extensa en la Iglesia y en la literatura cristiana naciente. Además, este es el único de los cuatro Evangelios donde aparece la palabra «Iglesia» (cf. Mt 16,18; 18,17). A esta comunidad son convocados los pecadores para ser «pobres en el espíritu» y «pequeños» (cf. 18,3). En esa Iglesia los discípulos aparecen como hermanos de Jesús y como hermanos entre sí (28,9 ss.).

Pero, sobre todo, porque lanza a los discípulos a la misión con la seguridad de que cuentan con su presencia soberana. Así aparece en la conclusión del Evangelio: «Jesús se acercó a ellos y les dijo estas palabras: “Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y convertid en discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a observar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros cada día hasta el fin del mundo”» (28,18-20). Aquel envío de los discípulos en la misión de Galilea (9,36-11,1) continúa hoy en la vida de la Iglesia con su presencia en la Palabra (anuncio, catequesis, etc.) y en los sacramentos (Bautismo, Eucaristía, etc.).

Manuel G. López-Corps, Pbro.

El «Cordero» y el «Maestro»: Los domingos de Mateo durante el año hasta Cuaresma
Como bien sabemos, el domingo I coincide con la fiesta del Bautismo del Señor (Mt 3,13 ss. en este ciclo A); el domingo II del Tiempo ordinario todavía tiene ecos epifánicos y siempre se proclama un texto de san Juan que actualiza la profecía del Siervo/Cordero (Jn 1,29 ss. en el ciclo A). A partir del tercer domingo comienza el relato del ministerio galileo de Jesús aludiendo a la luz que ilumina a los que son llamados al Reino (Mt 4,12 ss.). El tema de las Bienaventuranzas, comienzo del sermón del monte y programa de Jesús, es el objeto de la proclamación evangélica del cuarto domingo (5,1 ss.). Jesús aparece –en el quinto domingo– como el Maestro que enseña la identidad del discípulo: sal de la tierra y luz para el mundo (5,13 ss.). En la lectura del sexto domingo el Maestro, como nuevo Moisés, proclama la nueva Ley: no es abolición sino perfección (5,17 ss.). En el séptimo domingo, antes de comenzar la andadura cuaresmal, Jesús prosigue su enseñanza sobre la vida cristiana: a la antigua Ley –que prescribía el amor al amigo como a uno mismo– se añade el amor a nuestros enemigos (5,38).

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