Saltar al contenido

El Evangelio a la lámpara del Sagrario (Mes de María, Ángelus)

16 mayo 2020

Artículo publicado en revista El Granito de Arena de mayo de 2020

Acercarnos a María, de la mano de san Manuel

Mayo, mes de las flores, mes de María, es tiempo propicio para acercarnos, con ternura a nuestra Madre. Junto a san Manuel, que todo lo comprendió y contempló en el Evangelio, a la luz de la lámpara del Sagrario, nos acercamos a la Anunciación y a la oración del Ángelus.

El ángel del Señor anunció a María
«¿Cómo la encuentra el arcángel san Gabriel? Pobre, desposada con un artesano… Recogida, se turbó ante esas palabras… ¡La conversación de un ángel la turba! Limpísima. El arcángel se dirige ad Virginem, a la Virgen por antonomasia, virgen de cabeza y de corazón y de cuerpo, dispuesta a perderlo todo antes que su virginidad, y la llama gratia plena. No estaría llena de gracia, si no estuviera vacía de mancha. Humilde. He aquí la esclava del Señor… Generosa. Hágase en mí…, sin condiciones, sin regateos, consciente de cuanto traía aparejado lo que aceptaba. Dócil… Según tu palabra…» (OO.CC. II, n. 2419).

Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo
«El aumento de amor en las madres. Así como a la mujer, cuando empieza a ser madre, dilata la providencia sus senos para llenárselos del néctar suave y dulce que ha de alimentar el cuerpo del hijo tierno, y ensancha su corazón para henchírselo de amor con que alimentar su alma y hacer frente a los grandes sacrificios que la maternidad impone, así la consumación del misterio de la Encarnación en María y la iniciación de su vida como Madre de Dios, del sumo Sacerdote Jesús y de todos los sacerdotes, debieron coincidir con una dilatación de su corazón, ya grande, y con una infusión de amor, a la par tierno y esforzado, tan sin medida, que sólo un milagro ¡uno más en aquel cúmulo de milagros de la Encarnación! de infusión de poder de Dios, pudo darle la resistencia necesaria. El fuego del sol, reforzado por los fuegos de todos los soles de la creación, no llega a ser ni un remedo del fuego de amor acumulado en el corazón de la Madre sacerdotal en el primer momento de su maternidad divina. Amor de Madre de Dios, ¿quién te mide? Amor de madre del sacerdocio, ¿quién se atreverá a contar tus grados?» (OO.CC. II, nn. 2428-2429).

He aquí la esclava del Señor
«Se le pide en nombre de Dios el consentimiento para ser Madre de Dios… Con intuición sobrenatural ha penetrado en un momento todo lo que sobre lo que Ella llamaba su pequeñez iba a pesar de grandeza y de dolores, y con corazón de reina de mártires ha respondido: “He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra”. Detengámonos un instante, no más, ante esos dos “hágase” del Hijo aceptando su Pasión y de la Madre consintiendo en la Encarnación del Verbo en sus entrañas… Para comprender todo el valor de esa palabra de aceptación de la voluntad divina haría falta comprender toda la gloria que a Dios y toda la felicidad que al hombre han dado, dan y darán la Encarnación y la Redención, y todo el dolor que sobre el Corazón del Hijo y de la Madre han traído» (OO.CC. I, n. 1026).

Hágase en mí según tu palabra
«Y porque quiso, instituyó su Eucaristía, Sacrificio y Sacramento, y porque quiso escogió los frágiles accidentes de pan y de vino para esconderse y, escondido y mudo, darse en Sacrificio a su Padre y en alimento a los hombres por los siglos de los siglos. Ante estos insondables misterios de generosidades divinas en favor de los pobres pecadores, ¿cómo no prorrumpir con el corazón y la boca henchidos de gratitud y lealtad: Hágase, Señor, tu voluntad en mí y en mis cosas hoy y mañana, sin pero y sin que yo busque más razón ni más ventaja que ésta: Así lo quieres Tú ahora? Madre Inmaculada, enseña a mi alma y a mi boca a decir con generosidad, firmeza y paz en todo y siempre tu respuesta al ángel: “Hágase en mí según tu palabra”» (OO.CC. I, nn. 1447-1448).

Y el Verbo de Dios se hizo carne
«Jesucristo no es un accidente de las cosas ni es sólo una gran figura de la historia o de la religión, ni es un mero arreglador o regulador o hermoseador de algunos órdenes de la vida humana; Jesucristo es la Causa ejemplar por la que se ha hecho todo y todo se ha restaurado; es el Verbo “por quien se ha hecho todo” y es el Dios-Hombre que se ha dejado llevar a la Cruz para cumplir en ella su profecía y su programa de Redentor; “cuando yo sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré hacia Mí”, no para otro fin sino el de “restaurarlo todo”. Si, pues, todo, lo de arriba y lo de abajo, lo espiritual y lo terreno ha sido por Él hecho y por Él restaurado, todo, lo de la tierra y lo del cielo debe llevar impresa la huella de su planta, victoriosa de la nada, de su mano omnipotente y de su Corazón restaurador de infinita misericordia» (OO.CC. II, n. 2265).

Y habitó entre nosotros
«Porque si te decimos Padre, ¿por qué no quererte como hijos? Si te decimos Hijo de Dios vivo ¿por qué no adorarte sobre todo y por qué tratarte como muerto? Si te proclamamos Salvador y Maestro del mundo, ¿por qué buscar nuestro bien y nuestra verdad fuera de Ti? Sí Corazón Santo, ¿por qué no te rendimos el nuestro pecador? Si Dios con nosotros y Eucaristía, ¿por qué abandonamos el Sagrario y dejamos a Dios con las telarañas y los ratones? ¡Qué razón tienes, Señor, para no dejar de preguntar: pero, por fin, ¿quién decís que soy Yo?!» (OO.CC. I, n. 525).

Recopilación: Sergio Pérez Baena, Pbro.
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: