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Nacidas para eucaristizar (junio 2020)

19 junio 2020

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de junio de 2020.

Villa Nazaret: las raíces de una aventura centenaria

La congregación de Misioneras Eucarísticas de Nazaret fue fundada en Málaga el 3 de mayo de 1921 por san Manuel González, con un reducido grupo de jóvenes de distintas diócesis españolas, entre ellas su hermana Mª Antonia (cofundadora de la congregación) y su sobrina Mª de la Concepción. Actualmente, la presencia de las hermanas en Málaga continúa, y están viviendo este Año jubilar de una manera muy especial.

En el año 1912, nuestra revista publicó una entrevista a san Manuel donde se le preguntaba por el futuro de la Obra de los Sagrarios Calvarios. Releer aquellos párrafos provoca asombro por la clarividencia con la que él describía lo que, con el paso del tiempo, fue el ideal y la misión de nuestra congregación, fundada varios años después (cf. El Granito de Arena, 5/12/1912, n. 123, pp. 7-9 y 20/12/1912, n. 124, pp. 5-7). La Obra continúa creciendo y en 1918, nuestro santo obispo vuelve a hacer referencia a la necesidad de unas «Marías especiales» para consagrarse a Jesús abandonado (El Granito de Arena, 20/3/1918, n. 252, p. 125; OO.CC. I, n. 492).

Una fundación soñada
Finalmente, la hora de la Providencia llegó y en 1925, añade a la tercera edición de Aunque todos… yo no: «Por misericordia del Amo, existen desde el año 1921 las Marías Nazarenas, que viven en comunidad, sin hábito religioso y con el espíritu más riguroso de los votos […] Las Marías Nazarenas vienen a ser como la flor de la Obra de las Marías […] Siendo flor y conservando los oficios indicados de ésta, prefiere vivir como raíz que dé jugo sin producir ruido ni esperar nada. ¡Como Jesús en su vida de Hostia!» (OO.CC. I, n. 64). Sí, el sueño expresado por san Manuel en 1912 fue profético, se hizo realidad en 1921, en un pisito de la calle Marqués de Valdecañas nº 3 y, ante la llegada de nuevas vocaciones, pasó a la «casita del monte» (al pie del monte donde se construyó el Seminario diocesano, otro sueño pastoral de nuestro fundador) el 15 de junio de 1922, con el nombre de «Villa Nazaret».

Un abanico de actividades
En la actualidad, «Villa Nazaret» sigue plena de vitalidad. Las hermanas que forman la comunidad, provenientes de España, Ecuador y Argentina, llevan adelante un amplio abanico de actividades. Su superiora, Hna. Mª Soledad Ferrero, nos dice: «Este Nazaret es casa de formación (noviciado), casa de espiritualidad, tenemos una librería al servicio de la diócesis y vamos a varios pueblos donde colaboramos con la coordinación de catequesis y formación de catequistas, grupos de niños RIE, Marías de los Sagrarios y visitas a los enfermos. Uno de los aspectos que más me atrae y me maravilla es el poder eucaristizar de diversas maneras, ya sea trabajando con la gente, en casa, en el trabajo como servicio a la diócesis en la que vivo mis días, en la misma comunidad de la que soy parte. En este Año jubilar desearía que reavivemos la gratitud y la esperanza, siendo fieles a la misión para la que fuimos fundadas».

Otra de las hermanas de la comunidad, Mª del Carmen Santos, comparte: «Llevo en Nazaret 62 años; y Jesús para mí es el todo en mi vida. Sin Él no tendría sentido vivir, es mi amigo fiel en el caminar. Conocí el carisma a través de las hermanas que iban por los pueblos y llegaron al mío. Me entusiasmé con la Eucaristía y decidí hacer de mi vida una vida entregada por amor. A mis 78 años, llevo la comunión a los enfermos en los pueblos donde las demás hermanas realizan su misión apostólica y también un grupo de Marías de los Sagrarios. Además hago rosarios, purificadores y corporales para las misiones y lugares donde más se necesite. Para este Año jubilar deseo que sigamos haciendo realidad el cumplimiento del testamento de Ntro. Padre: “La mayor fidelidad, el mayor silencio, la mayor obediencia”».

El carisma y la misión recibidos van transformando nuestra vida. Es el testimonio y mensaje de Hna. Verónica Mª Wasinger: «Del carisma y la espiritualidad heredada de san Manuel González, me atrae la dimensión reparadora de Dios con el hombre y con el mundo. A lo largo de mis años como Misionera Eucarística de Nazaret, he sido sujeto de reparación y el Señor ha ido, poco a poco, restaurando mi vida, mi historia y lo sigue haciendo. Y este es el aspecto que más me atrae, creo que es lo que debemos ofrecer a la sociedad de hoy: un Dios que se acerca al hombre para sanarlo, reconfortarlo, restaurarlo, y podemos colaborar con Él. Mi sueño para Nazaret en este Año jubilar es el mismo que tengo para mí, que seamos lo que san Manuel quiso para nosotras y que no defraudemos a quienes necesitan de nuestro testimonio de un Dios que es amor y está en la Eucaristía».

Acompañando a niños y jóvenes
Las hermanas de Villa Nazaret también nos cuentan sus experiencias en el apostolado: «Para mí el Señor es el Maestro, es quien me enseña a cada momento cómo debo actuar. Me gusta mucho una oración del Padre Arrupe: “Señor, enséñame tu modo de tratar con los discípulos, con los pecadores, con los niños…”. Me encantaría ser buena aprendiz del Señor. Descubrí mi vocación religiosa en un grupo misionero diocesano, pero de manera específica en Nazaret y en los momentos que visitaba al Santísimo en el Sagrario de mi pueblo. Pero creo que el momento más significativo fue una experiencia de abandono que viví, cuando un niño comulgó sin estar preparado, se sacó a Jesús de su boca y dijo “¿qué es esto?”, pues claramente no tenía ni idea. Esa experiencia marcó mi vida para responder sí a Nazaret. En estos años tuve la gracia de vivir la misión en distintas pastorales pero sobre todo con los niños, de quienes aprendo mucho. Recuerdo que en Perú, más precisamente en la comunidad de Quillabamba, un niño trajo a su amigo a empujones a nuestra casa y me dijo: “Le traigo a mi amigo ante Jesús que está en el Sagrario para que lo mejore”. Ese niño es un apóstol, tanto es así que el grupo de la Reparación Infantil Eucarística de Quillabamba está formado por muchos de sus amigos» (Rita Mª Regaña, m.e.n.).

«Lo más bonito de mi vida misionera lo he vivido junto a los jóvenes, porque me han enseñado a ir más adentro, a cuestionar la fe y la vida, a buscar siempre lo positivo y alegre del camino y a ir sencillamente dando lo mejor de uno mismo. Llevo en mi memoria historias de jóvenes que empezaron y han seguido a Jesús, se han sentido mirados por Jesús durante una noche de vela o una experiencia de misión y ¡eso es tan grande! Todo cristiano debería encontrar este manantial de vida, empezar con los niños y los jóvenes. Afianzar y afinar la fe de los adultos. Que ellos se constituyan en “carta de Dios” como dice san Pablo. Creo en el apostolado del semejante. Incluso en el sufrimiento… cuántos apóstoles desde su lecho de dolor he visto transmitir la paz de Quien les hace sentir su compañía y refugio. Esto es un mensaje de esperanza para nuestro mundo. La vida tiene sentido con Él. Mi mayor deseo es que Nazaret responda a su vocación de ser raíz, oculta y aparentemente sin importancia, pero aportando savia allí donde estemos. Que este Año jubilar redescubramos la vida que brota de Jesús recibido diariamente para reavivar el deseo de la santidad» (Eliana Mª Estrella, m.e.n.).

Primera casa de formación
San Manuel quiso poner a estas «Marías especiales» el apellido de «Nazarenas». El nombre de Nazaret le dice mucho: «Nazaret es el aprendizaje de la vida de Hostia». Y, por eso, pide al Señor: «Corazón de Jesús, que tu “Nazaret” sea escuela para aprender a hablar como Tú en el Evangelio y a callar como Tú en el Sagrario. Madre Inmaculada, pide al Espíritu Santo que sea el Maestro de esta escuela». Y llama “Nazaret” a la casa «por razón de la vida oculta y de preparación que en ella han de llevar». Quería dejar muy claro que no puede haber apostolado sin vida interior profunda, alimentada por la Eucaristía. Villa Nazaret, por tanto, fue también la primera casa de formación de las hermanas. Otro motivo de alegría y acción de gracias. «Te doy gracias Señor. Tú haces maravillas. ¡Soy feliz! Eres el Emmanuel, el Dios con nosotros. En la Eucaristía te entregas sin condiciones. Amor humilde que en silencio recreas la vida. Gracias por Nazaret. Gracias por cada una de mis hermanas. Ellas son un don para mí, para la Iglesia, para el mundo. ¡Soy feliz! Me encanta mi heredad. Gracias por la hermosa misión que nos has confiado, hoy tal vez más necesaria que nunca, porque eucaristizar es humanizar» (Mª Laura Urteaga, m.e.n., Maestra de novicias).

Hoy sigue habiendo jóvenes que responden «sí» a la llamada del Señor, sí al carisma eucarístico reparador, sí a la misión de eucaristizar. También ellas nos comparten sus vivencias en Nazaret.

Jesús Eucaristía transformó mi vida
«Conocí a las hermanas en la librería, después me invitaron a una oración que compartían con los jóvenes, y allí sentí que el Señor me estaba llamando a compartir un estilo de vida diferente. Por motivos personales me encontraba en un momento de la vida, en que no le encontraba sentido a nada de lo que hacía, tenía muchas cosas materiales, pero sentía un vacío interior que no lo llenaba con nada. El encuentro con Jesús Eucaristía me transformó la vida. Lo que más me atrae de Nazaret es la humildad, sencillez, fidelidad y silencio alegre de las hermanas, imitando la vida de la Sagrada Familia. La formación me ayuda a madurar y ordenar mi vida en torno a Dios, a su modo, me ayuda a salir de mí misma para dejarme transformar por Él desde el amor, a ser cada día más mujer eucarística guiada de la mano de María. Un sueño para Nazaret es que podamos transmitir a tantas personas desoladas, que el Jesús del Evangelio es el mismo que está presente en cada Eucaristía, y que con alegría podamos ser fieles testigos de su amor, para eucaristizar el mundo» (Mª Belén González Cañete, novicia m.e.n.).

A pocos días de la Profesión temporal
«Soy María Lucila, novicia a pocos días, Dios mediante, de consagrarme al Señor por la Profesión temporal, es decir, de responder con amor a quien me amó primero. Y es así porque desde pequeña sentí que Jesús se puso a mi lado y me invitó a ser su amiga. Me siento dichosa de crecer junto a Él, a las hermanas de comunidad y a cada una de las personas que voy conociendo. Ellos forman mi gran familia. También me siento bendecida al poder estar en la casa de Villa Nazaret en este Año jubilar de nuestra congregación, es decir, donde nacieron nuestras raíces. Deseo que aprovechemos tanta Vida que brota de la Eucaristía y de nuestros hermanos, para ser canales que transmitan y den esa Vida donde se necesite» (Mª Lucila Cabrera, novicia m.e.n.).

La casita del monte
«Los últimos meses de la etapa del noviciado el Señor me permitió vivirlos en Villa Nazaret, en este lugar que significa tanto para nosotras por ser el inicio de todo, por ser raíz. Poder vivir allí, en “la casita del monte” fue beber de la fuente de nuestra congregación y de nuestra vida nazarena: sencilla, silenciosa, laboriosa y alegre, de modo casi imperceptible todo lo que la rodea habla de san Manuel, arriba está el seminario y a pocos metros hay un mirador desde el que se puede contemplar gran parte de la ciudad, sobresaliendo en el centro la catedral. En esta experiencia María, nuestra Madre, estaba presente y hacía resonar en mi mente y en mi corazón la frase que había escrito nuestro fundador en la pared de aquel primer Nazaret para nuestras primeras hermanas y que las novicias, queriendo imitarle, también habíamos plasmado: “Madre Inmaculada, ni más saber que a tu Jesús, ni más querer que a su corazón, ni más hacer que su gusto y todo esto por medio de ti y a tu imitación”» (Mª Jennifer Montero, m.e.n., Juniorado de Madrid).

Descubrí un amor infinito
«En mi camino de discernimiento vocacional, caí en la cuenta de que solo en un amor sostenido y acompañado por Jesús Eucaristía podía encontrar el sentido real y verdadero a mi vida. Y en este camino, los escritos de san Manuel me ayudaron a descubrir de manera especial que Jesús está vivo, que tiene corazón, que es persona, pero sobre todo que es Dios, que ama con un amor infinito, motivo que me invita a amar y a configurarme con Él, a conocerle y darle a conocer» (Mª Lorena Hurtado, m.e.n., Juniorado de Madrid).

El Señor me pedía más
«Desde la adolescencia comencé a experimentar el deseo de algo más, diferente a lo que vivía o conocía pero no lo podía definir ni comprender. Esta etapa coincidió con mi alejamiento de la Iglesia y con un vivir pasando de Dios… eso me hizo buscar la felicidad donde no está y recorrer el camino que solo lleva al vacío y el sinsentido. Pasaron unos años más hasta que vi que mi vida no acallaba un reclamo interno, que fui identificando con un llamado: era el Señor que me pedía más. Comencé mi discernimiento con la Hna. Mª Laura y desde la primera vez que fui a Nazaret, experimenté una gran paz y sentí estar donde tenía que estar. El Señor me fue iluminando y confirmó que por pura gratuidad me estaba llamando a esta vocación. Al comenzar la formación no podía dimensionar todo lo que implicaba nuestra espiritualidad eucarística reparadora… poco a poco voy profundizando y el Señor nos regala la gracia de ir conociendo nuevos aspectos de su misterio inagotable, pero también nos pide una respuesta, somos enviadas, como bien dice nuestro lema de este Año jubilar: “Nacidas para eucaristizar”» (Mª Jesica Forti, m.e.n., Juniorado de Madrid).

¡Gracias Nazaret!
«Agradezco a Nazaret, a todas las hermanas con las que he tenido la bendición de formar comunidad, gracias por sus ejemplos, su testimonio de vida pero sobre todo porque cada una de ellas me ha enseñado y me siguen enseñando el sentido de pertenencia a la congregación, que forjamos juntas y unidas con Jesús Eucaristía, para que en nuestro Nazaret habite siempre la calidez de hogar, a pesar de las contrariedades que podamos encontrar en el camino. Que este tiempo de gracia aumente en nosotras la llama del amor a Jesús Eucaristía, para continuar propagando el carisma eucarístico reparador» (Mª Carolina German, m.e.n., Juniorado de Madrid).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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