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Nacidas para eucaristizar (septiembre 2020)

11 septiembre 2020

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de septiembre de 2020.

Unidas a María, mujer eucarística

En el marco de nuestro Año jubilar, dedicamos estas páginas a nuestra Madre Inmaculada, que inspira y acompaña cada paso de nuestra vocación como Misioneras Eucarísticas de Nazaret, así como la vida de nuestras comunidades y los caminos misioneros que la Iglesia nos invita a recorrer.

En la Carta encíclica Ecclesia de Eucharistia, san Juan Pablo II nos dice: «María es mujer “eucarística” con toda su vida» (n. 53). Ella anticipó, en cada una de las palabras, gestos y acciones de su vida, la fe eucarística de la Iglesia. Por tanto, es para nosotras maestra y modelo a seguir para vivir nuestra consagración, carisma y misión. En este espacio compartimos algunos testimonios de hermanas que han experimentado esta especial cercanía de María en su camino vocacional.

¡Ahí está Jesús!
«En secundaria, mi madre me presentó a las hermanas del Huerto, y viajé a Orán, Salta (Argentina), a realizar 4° año, viviendo en el internado que las hermanas tenían en su colegio. Allí me hice mucho más amante de María y un día, mientras limpiaba las galerías del patio interno del colegio, donde se encontraba la capilla, hice un canto, por si Jesús me llamaba algún día. Este canto me acompañó toda mi vida religiosa. Después volví a casa porque mi madre ya comenzaba a enfermarse. Años más tarde, en la JER, la Palabra de Dios y san Manuel me mostraron a Jesús del Sagrario, de la Misa y de mi Comunión. Cuando las Misioneras Eucarísticas de Nazaret fueron a Tucumán, mi ciudad, fui a visitarlas y a hablar con la Hna. Mª Antonia sobre el grupo de la JER.

Ella me dijo: “¿No será que Dios te está pidiendo algo más?”. Espontáneamente le respondí: “De vocación no me hable, porque yo a mi madre no la dejo”. Su comentario fue: “Ni tú ni yo vamos a hablar. Vamos a dejar que hable Dios”. ¡Y Dios habló! Al entrar a Nazaret, María centró mi mirada en Jesús Eucaristía, encontrándolo en el Sagrario, en su Palabra y en los escritos de san Manuel, explicando la Palabra. Recuerdo que, al llegar para quedarme, me arrodillé en la escalerita del presbiterio de Nazaret, y al levantar la cabeza me encontré con las manos juntas de María, a la altura de mis ojos, señalando el Sagrario, indicándome que, de ahora en adelante ¡Jesús era mi centro! Y aunque extrañaba mucho a mi madre, entendía y sentía que ¡este era mi lugar!» (Mª Adriana Pucci Blasco, m.e.n. Nazaret de Guayaquil, Ecuador).

María nos lleva al Amor primero
«Hace unos años, en la Pastoral Juvenil de Sevilla, me llamó muchísimo la atención una hermana que participaba con nosotros en los encuentros. Su amor inmenso por Jesús Eucaristía, su forma de acercarse a todo aquel que la requería sin poner trabas y de hablarnos de un tal don Manuel, que insistía mucho en que el Sagrario necesitaba compañía. Es ahí donde me comienzo a preguntar: ¿sabría o podría yo darle esa compañía a ese Jesús abandonado? Después, en un encuentro en Ávila en agosto de 2015, sentí cómo ese Jesús me decía de manera insistente: “¿No ves que estoy a la puerta y llamo?”. Pasaron unos años hasta que llegó el momento de dar el gran salto y mientras tanto, el Sagrario era parte de mi vida. No cesaban las oraciones a solas ante Él y las adoraciones guiadas con la comunidad parroquial, que esperaba ansiosamente de una semana a otra. Además del amor por Jesús Sacramentado, me anima orar como se hace en nuestra tierra a nuestra Madre Inmaculada, y pedir intercesión a través de Ella, para que cuide de mi vocación y de tantas personas necesitadas de ese corazón materno. Y en mi caso, es imposible olvidar a la protectora de mi pueblo, Nuestra Señora de Valme, ya que su lugar de culto es en la capilla del Sagrario. En este Año jubilar mi deseo para Nazaret es que no cesemos, tanto nosotras como toda la Familia Eucarística Reparadora, en el empeño, desde nuestra pequeñez, de llevar a Jesús Eucaristía a todo aquel que lo necesite. Seguir el legado que dejaron nuestros fundadores y aquellas hermanas que nos precedieron en tan gran obra, siempre con la ayuda de nuestra Madre Inmaculada, que es quien nos lleva al Amor primero y nos alienta a acercarnos continuamente a Él» (Almudena Reina, postulante m.e.n. Nazaret de Valencia, España).

Al estilo de María de Nazaret
María nos enseña a ser acogedoras, sencillas, alegres, generosas. Algunas hermanas de las comunidades de Fátima (Portugal) y Zaragoza (España), que viven muy cerca de santuarios marianos tan entrañables para todos, nos comparten sus vivencias.

«La característica de nuestro Nazaret en Fátima es la acogida de peregrinos que aquí llegan a encontrarse con Nuestra Señora. Tratamos de ser en comunidad esa familia acogedora y hospitalaria de Nazaret y trasmitir lo que san Manuel nos dejó como legado: “Ahí está Jesús en el Sagrario”, continuar su obra y compartir que acompañando a Jesús siempre recibimos más de lo que damos porque esa es la esencia misma de su presencia entre nosotras. En este Año jubilar me uno al deseo de nuestro fundador: “Haced de cada comunidad un fuego de amor centuplicado”» (Mª Asunción Carbajo Prieto, m.e.n.).

«En nuestra casa de Zaragoza, junto a la Virgen del Pilar, el apostolado es muy variado. Aunque se destaque la atención a la migración latinoamericana, es un Nazaret de puertas abiertas, pues la tarea eucaristizadora con nuestra Familia Eucarística, la pastoral del pueblo, reavivando centros UNER, acompañamiento de jóvenes, grupos JER, como también la vida pastoral parroquial y diocesana, da un vasto campo de actividad. Quisiera destacar la vivencia de estar abiertas a la acogida, a la escucha y sobre todo a la actitud de aprendizaje constante, pues ante la generosidad, la solidaridad, la vida de fe, los gozos y esperanzas de tanta gente sencilla, con tantas dificultades, incertidumbres y sufrimientos, ayuda a elevar la mirada y el espíritu. En mí, acrecienta la fe y la esperanza para intentar ser cada día un poco mejor persona, cristiana, consagrada y Misionera Eucarística de Nazaret. En este Año jubilar, mi deseo es que la alegría de sabernos nacidas, llamadas y consagradas para eucaristizar nos impulse a dar y buscar con audacia, pasión e ilusión esos caminos nuevos, de fraternidad, de apertura y de misión para Nazaret. Lo resumo con una estrofa del himno jubilar: “Que sepamos verte y reconocerte cuando te encontramos más abandonado vivo en el Sagrario y en nuestros hermanos”» (Mª Patricia Hidalgo Candapay, m.e.n.).

«Descubrí mi vocación de Misionera Eucarística de Nazaret porque todos los años el día de Corpus venían dos hermanas desde Zaragoza a mi pueblo, y nos daban charlas; se formó un grupo de niñas reparadoras y Marías del Sagrario, que me hizo mucho bien. Y cada vez iba aumentando mi deseo de entrar a Nazaret. Verdaderamente me siento muy feliz. El aspecto que más me atrae es la relación y la centralidad con Jesús Eucaristía, la vida de oración, la vida sencilla en Nazaret, la entrega callada y oculta. Actualmente, en la comunidad de Zaragoza mi apostolado es la oración, el estar atenta en el arreglo y decoro de la Iglesia, y la escucha a tantas personas que se acercan a nuestra casa. Mi deseo y oración en este Año jubilar es que, unidas a María, todas vivamos un amor cada vez mayor a Jesús Eucaristía» (Mª del Pilar Simón Royo, m.e.n.).

Como María, discípulas y misioneras
Nuestra Madre también nos invita a ir al encuentro de los demás para llevarles a Jesús, a estar abiertas a la escucha, a ofrecer ayuda y consuelo a tantos necesitados y abandonados del mundo de hoy. Es la experiencia y el mensaje de nuestras hermanas Mª Amelia, Mª Epifania y Mª Catalina.

«Mi historia vocacional comienza en mi tierra asturiana, en Oviedo, gracias a las charlas eucarísticas de la Hna. Mª Áurea. Sentí que su amor a la Eucaristía era tan fuerte y con esa fuerza lo transmitía. También recuerdo agradecida a tantas hermanas que me ayudaron a conocer más a Jesús y a darlo a conocer. A través de lo que escuchaba de nuestro Padre Fundador recibí la gracia de encontrarme con Jesús en el Sagrario.

Hoy tengo 86 años, y vivo el carisma de amor reparador aprovechando los momentos que Jesús me da para poder ayudar a tanta gente que pasa por la librería que tenemos aquí en Maiquetía o cuando llevo la Comunión a los enfermos, apostolado que más me gusta. Cuando trato con la gente que sufre les animo y les explico que busquen la fuerza y la gracia en Jesús Eucaristía. Él siempre está esperando en el Sagrario que le pidamos ayuda. Para mí la Virgen es Madre, porque a la mía la perdí de muy pequeña y Ella ocupó ese lugar. A Ella siempre recurro y la tengo muy presente en todo momento. Este es mi deseo, como pedía san Manuel: “Madre Inmaculada, enséñame a ser de tu Jesús por ti, a estar con Él solo contigo, a vivir para Él imitando tu vida”» (Mª Amelia Carneado Alonso, m.e.n. Nazaret de Maiquetía, Venezuela).

«Actualmente estoy en la comunidad de Oviedo, y tenemos la bella misión de llevar a Jesús Eucaristía y su Palabra a aquellos pueblos donde el sacerdote no puede ir a celebrar la Misa. Para nosotras es un gozo, nos sentimos como la Virgen María que fue con prontitud llevando a Jesús en su seno a aquellas montañas donde vivía su prima Isabel. Cuando saludamos a nuestros hermanos en la fe, sentimos la alegría que sentiría la Virgen María cuando saludó a su prima, ya que esperan tan contentos a Jesús y compartir con nosotras la celebración de la Palabra. Son personas amables, cercanas, nos acogen con cariño; y todos estos detalles me hacen experimentar que somos familia de Dios. Mi sueño en este Año jubilar es que Nazaret continúe su misión sin cansancio, para que Jesús siempre sea conocido y amado en su vida eucarística» (Mª Epifania Rojas Espadilla, m.e.n. Nazaret de Oviedo, España).

«Lo que más me atrae de nuestra vocación es dar y buscar compañía a Jesús Sacramentado a través de la oración y los apostolados menudos en toda su extensión (especialmente la amistad, las tareas de la casa y la difusión de la buena prensa), imitando a la Santísima Virgen en su casita de Nazaret. Sí, María ocupa un lugar preferente en nuestra vida como Madre, Maestra y Modelo. Desde mi experiencia de más de 65 años que pertenezco a la Obra como María del Sagrario les invito a releer el libro de san Manuel Mi comunión de María. En él encontré la luz para toda mi vida y misión como María del Sagrario y como Misionera Eucarística de Nazaret. El mensaje para Nazaret en este Año jubilar es el mismo que nos dejó nuestro fundador antes de exhalar su último aliento: “la mayor fidelidad, el mayor silencio y la mayor obediencia”. Y paz y bien para todos, siempre los recuerdo con cariño y gratitud ante el Sagrario» (Mª Catalina Montero Polo, m.e.n. Nazaret de Madrid, España).

¡Magníficat!
Durante este Año jubilar, varias Misioneras Eucarísticas de Nazaret celebran 25 y 50 años de entrada en la congregación, y de Profesión temporal y perpetua. Compartimos la alegría y gratitud de estas hermanas que, unidas a María, proclaman el amor y la misericordia del Señor en sus vidas. «Puesto que el Magníficat expresa la espiritualidad de María, nada nos ayuda a vivir mejor el Misterio eucarístico que esta espiritualidad. ¡La Eucaristía se nos ha dado para que nuestra vida sea, como la de María, toda ella un magníficat!» (EdE, 58).
«Con treinta y seis años desde mi ingreso en Nazaret y casi veinticinco de consagración definitiva, la belleza de la vocación, la invitación a seguir a Jesús más de cerca se convierte para mí en una llamada continua y permanente, en el aquí y ahora de mi vida. La experiencia de esa llamada inicial se transforma para mí en experiencia de llamada continua para una respuesta siempre única, siempre nueva, siempre novedosa, siempre creativa. Día a día, aquí y ahora, más consciente y en la libertad de amar y abrirme a la experiencia del amor. La llamada inicial que en un momento parecía poética, hoy se transforma en arte, en vida, en compromiso de ser y dejarme transformar. ¡Es la respuesta del amor, al amor, para amar! “Venid y lo veréis”» (Mª de Lourdes Barrón Porcayo, m.e.n. Nazaret de Ciudad de México, México).

«Proclama mi alma, Señor, la grandeza de tu amor infinito para conmigo. Mi espíritu se alegra en ti, Señor, porque has puesto señales en mi camino para vivir mi compromiso misionero en la Iglesia como Misionera Eucarística de Nazaret. Gracias, Padre, por haberme llamado a vivir la experiencia de tu amor en el conocimiento e intimidad de tu vida eucarística y hacer partícipes a otros de esta gracia.

Se alegra mi espíritu también por la vida de tantos hombres, mujeres, jóvenes y niños que han conocido la Presencia viva y vivificante de Jesús Eucaristía en sus vidas a través de este carisma eucarístico reparador que regalaste a la Iglesia por medio de nuestro santo fundador, el obispo Manuel González García. Te doy gracias, porque eres compasivo y misericordioso, porque has puesto en mi andadura la fidelidad y entrega de muchas personas que supieron ayudarme a crecer dentro de mi historia de fe y de la historia de Nazaret, y a pesar de mi pobreza y limitaciones, ser parte de él y poder hoy recordar con gozo la mano que ha guiado la andadura centenaria de mi congregación, y yo he vivido en ella 50 años. Gracias, Padre, porque sigues contando conmigo para contribuir en tu plan de salvación en esta gran Familia Eucarística Reparadora. Gracias, porque me has hecho instrumento para llegar a los corazones que, quizá sin saberlo, están sedientos de fe, esperanza y amor. ¡A ti gloria, alabanza y adoración por siempre! Amén» (Ana Mª Diosdado Moras, m.e.n. Nazaret de Palencia, Carretera de Burgos, España).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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