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Lema y cartel UNER para el curso 2020-2021

14 octubre 2020

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2020.

Contemplar y vivir nuestro lema

Llevamos mucho tiempo escuchando que estamos en la época de la imagen e incluso este refrán castellano, de muchos conocido, viene a confirmar la importancia de la imagen: «una imagen vale más que mil palabras». Por todo ello y mucho más, la Delegación general de la UNER ofrece cada curso pastoral, un cartel con identidad propia, que intenta responder a los nuevos desafíos y retos que, tanto la Iglesia, como la sociedad y el mismo carisma eucarístico reparador, nos plantean.

En él se deja plasmado el lema como temática a tratar y profundizar en la formación permanente de los laicos adultos a nivel internacional y que pertenecen a la Obra fundada por san Manuel (UNER), así como para los simpatizantes del propio carisma que viven su fe eucarística en el ámbito personal y parroquial.

Si Dios ha dejado plasmado su espíritu en toda su obra creadora, convirtiéndola así en un espacio donde conocer y reconocer su omnipotencia, su bondad, amor y perenne fidelidad; de una manera, peculiar y significativa, cada ser humano es imagen viviente de su Creador, el cual nos ha capacitado con inteligencia humana para encontrar, a la luz de la fe, la clave de interpretación para comprender el mundo (cf. Benedicto XVI, Audiencia, 6/2/2013).

Asombrados de su pedagogía divina, nos sentimos urgidos a dinamizar nuestra capacidad creativa e intentar plasmar un poco los cauces del nuevo curso a través de una imagen original, de un cartel, conscientes de que no podemos pretender que, en un abrir y cerrar de ojos, adquiramos todo el contenido. Por eso, contemplando la imagen que nos acompañará todo este curso, vamos a intentar desglosar algunas ideas que nos iluminen y conduzcan hacia el objetivo deseado: el reconocimiento de que «llevamos este tesoro en vasijas de barro» (2Cor 4,7).

1. Puerta del Sagrario
Como telón de fondo, un Sagrario, elemento muy elocuente para la Familia Eucarística Reparadora. A través de ella el Señor permitió a san Manuel González ver más allá. Él recibió, por una gracia singular que algunos denominan mística, el don del carisma eucarístico reparador. Mirando, a través de una puertecilla apolillada y con los ojos de la fe, vio a un Jesús vivo que le miraba, que le decía mucho y le pedía más, como así le sucedió al discípulo amado Juan que «vio y creyó» (Jn 20,8) ante el sepulcro vacío en la mañana de la resurrección. Para san Manuel no fue obstáculo la puerta para ver quién está tras ella, supo por experiencia que «el mirar de Dios es amar» como nos dice santa Teresa del Niño Jesús. Nuestro fundador allí, en Palomares del Río (Sevilla), se sintió mirado por Dios y quedó cautivado. En ese mismo instante redescubrió la afirmación de Jesús sobre sí mismo «Yo soy la Puerta» (Jn 10,9) y también «estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y me abre entraré con él y cenaremos juntos» (Ap 3,20) así como la recomendación de «tú, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, en lo secreto» (Mt 6,6).

2. La vasija nos representa
Es toda de una pieza cóncava. Las hay de muchos tipos (abiertas y cerradas) y para muchas utilidades. Capaces de contener líquidos, como agua, aceite, o sólidos como trigo, aceitunas, frutos secos y otros alimentos, incluso monedas, como hacían los antiguos, escondiendo objetos de gran valor, sus tesoros en barro. Recordemos aquellas vasijas de barro que unos beduinos en 1947 descubrieron casualmente en las cuevas del Qumrán, a 2 km del mar Muerto, cerca de Jericó, y que contenían una colección de 972 manuscritos con textos bíblicos que datan entre los años 250 a.C y 66 d.C, redactados en hebreo y arameo y algunos en griego.

Las vasijas, capaces de vaciarse como la de aquella Samaritana que contemplamos en el Evangelio y que se plasma en el mosaico de Marko Rupnik, nos invita a ser vaciados totalmente de nuestro orgullo y soberbia, envidias y miserias, como se ve que hace ella con su cántaro de agua negra, de este modo puede ahora dejar que Dios la haga capacidad, que su humildad y vaciamiento puedan ser llenados por el tesoro que es Él mismo y sus continuas gracias derramadas. Ahora puede contener a Aquel que se hizo Pan de vida y resplandor del Padre. Nunca debemos olvidar que somos, por el sacramento del Bautismo, templos del Espíritu. Habitados por su gracia, nunca estamos solos. Él es nuestro tesoro que, compartido con los demás, nos otorga la dicha de realizarnos como personas íntegras y creíbles.

Vemos en esta vasija de nuestro cartel una gran diversidad de trazos, formas geométricas y colores que representan una Humanidad variopinta en raza, condición social, lengua, color, cultura, psicología, temperamento, talentos y cualidades. Toda esa gama de colores que, en su diversidad, alcanzan su belleza en contacto con el que es la suprema belleza. El alfarero ha dedicado tiempo en ella y con ella, la ha tenido entre sus manos, la ha soñado con anterioridad y ahora plasma su proyecto porque tiene un plan para ella, una misión, un por qué y un para qué, sin olvidar que su esencia, esté decorada o sea rústica, es la misma: el barro marca Adán, es decir con gracias y miserias, pero sostenida por la misericordia. «Señor no abandones la obra de tus manos» (Sal 138,8).

En contacto con el creador alfarero y Señor de todo lo creado, ha recibido su luz y con ella el ser humano adquiere su verdad y armonía, su unidad en la diversidad. Preciosa vasija, con una materia pobre pero dócil, rústica pero autentica, esté pintada o no, es en sí misma y de barro, marca Adán como dice san Manuel (cf. OO.CC. II, n. 3033), de ahí que podamos pedir cada día: «Corazón de Jesús, que tu Padre y yo tengamos paciencia con mi barro y con el de mis hermanos»(OO.CC. II, n. 3039).

3. El tesoro escondido
Jesús Eucaristía, tesoro escondido en la custodia es tesoro para ser buscado. «Es Jesucristo tal como quiere ser buscado, deseado, creído, amado, obsequiado, agradecido y adorado en la tierra por los hombres. Alimento, luz, solución, redención, defensa, medicina y resurrección de los peregrinos de la tierra» (OO.CC. II, n. 2159).

Aquí vemos que Jesús ha salido, se ha expuesto, se ha dejado ver más significativamente en la custodia, reflejando su blancura de pureza, su luminosidad y presencia como Emmanuel y peregrino del amor, que sale en busca de todos los hombres, para llenar sus corazones del tesoro inagotable de su amor hecho alimento y presencia, sacrificio y banquete, alianza y prenda de salvación.

Velado por la apariencia de pan no deja de ser manantial, laboratorio, horno y volcán, vida y paz, luz, medicina, agua viva (cf. OO.CC. I, nn. 238. 240; II, nn. 2163-2165). Quien lo encuentra o se deja encontrar se hace rico de la única riqueza que no perderá ni se la quitaran.

4. La Palabra de vida
La Palabra de vida se expresa con una afirmación total: «Llevamos este tesoro en vasijas de barro» (2Cor 4,7). Y la Palabra de Dios es veraz, dinámica, viva y eficaz (Heb 4,12). Si no encuentra obstáculo en nosotros y la dejamos actuar, realiza lo que significa. Es mensaje directo de Dios al hombre, siempre actual y personal. Ha sido escrita en el silencio y en silencio ha de ser leída y meditada, así lo expresa san Juan de la Cruz: «Una palabra habló el Padre, que fue su Hijo, y esta habla siempre en eterno silencio, y en silencio ha de ser oída del alma» (Dichos de luz y amor). Nos interpela y nos provoca para que le demos una respuesta. Como nos recuerda san Manuel: «El Evangelio y el Sagrario no se pueden separar como no se puede separar el eco de su sonido, la claridad de la luz que la produce». (OO.CC. II, n. 2829)

5. Identidad
Aquí nos estamos refiriendo a la parte final del cartel. Un nombre, una procedencia, una dirección, una marca de identidad, un sentido de pertenencia es lo que hemos querido expresar. Remite a un alguien que existe y tiene rostro concreto. Somos tú y yo, que procedemos de una familia, tenemos una historia, un pasado para agradecer, un presente para vivir y un futuro para construir. Somos eslabones de una cadena, y nosotros hemos recibido de generaciones anteriores el testigo, el relevo de un patrimonio espiritual para ponerlo en dinamismo y pasarlo a las nuevas generaciones con vigor, energía y fuerza, evitando dejar una herencia pobre, débil y mortecina. No es una Obra de mantenimiento sino de eucaristización vital.

Somos miembros de una gran Familia Eucarística Reparadora y nuestro fundador nos recuerda el talante y estilo de vida: «No, no es la esperanza de esta tu familia eucarística una esperanza adormecedora, sino activa, estimulante, despertadora de iniciativas y esfuerzos. ¡Queremos llenar cada hora nuestra con un esperarlo todo de Ti, sin esperar nada de nosotros ni de lo nuestro, y con un afán de fidelidad y minuciosidad en el cumplimiento de nuestro deber de cada una de esas horas, como si nada esperáramos de Ti, y todo lo esperáramos de nuestra fidelidad!¡Horas llenas de esperanza y de fidelidad!» (OO.CC. I, n. 882).

Que este nuevo curso pastoral llevemos este tesoro en vasijas de barro en unión y a ejemplo de nuestra Madre Inmaculada, la que supo ser dócil a la Palabra del Señor, de ahí que sea la llena de gracia, Madre, maestra y modelo para toda la Unión Eucarística Reparadora.

Mª del Valle Camino Gago, m.e.n., Delegada general de la UNER

Libro del año: Nuestro barro
Con el subtítulo de «Avisos y ejemplos para hacer santos de barro a pesar de él», publicado por primera vez en 1933 será el texto que nos acompañe durante este curso. En sus páginas se nos invita a conocer más nuestro barro, saber para lo que se hizo, para lo que sirve y lo que se puede y quiere hacer con este barro el Divino Alfarero. Sus páginas nos invitan, fundamentalmente, a meditar, a entrar dentro de nosotros mismos, y, en consecuencia, a entrar dentro de Dios, ya que se presentan todas nuestras miserias entendidas como camino por el que poder acercarnos a Él. Y, como siempre, con el humor y la gracia típicos del obispo del Sagrario abandonado. Se encuentra, también, en el tomo II de las Obras Completas.

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