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La FER en el mundo: Cómo viven y mueren las Marías

16 noviembre 2020

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2020.

Una María cabal

Hilda Dora Bogliolo había nacido el 26 de octubre de 1932. Sin embargo, su entusiasmo y jovialidad, unida a su fe, hicieron de ella una mujer siempre activa y entregada, una María cabal, como seguro la habrá llamado san Manuel, al verla golpear las puertas del Cielo (27/IX/2020).
Corría el año 1995 cuando conoció la UNER en su parroquia de Santa Rita, en la ciudad de Santa Fe. Nada más escuchar hablar de la espiritualidad de san Manuel González supo que Dios le tenía una misión especialmente reservada en esta gran Familia Eucarística Reparadora. En efecto, fue ella, junto con Mercedes, q.e.p.d., otra María cabal, la iniciadora no solo de las Marías y Discípulos de San Juan en esta parroquia sino también de la RIE, tan grande era su entusiasmo. No extraña que haya sido su familia el terreno donde primero prendió la semilla que ella quería sembrar y que, hasta el día de hoy, su hija, su nuera, su nieto y muchos conocidos sean miembros de las distintas ramas de la FER. Su entusiasmo era contagioso, su fe animaba al encuentro con Jesús Eucaristía.

Entrega sin condiciones
Hilda hizo su ofrenda como María de los Sagrarios en Esperanza, en el año 2005. Como afirma la Hna. Mª Patricia Hidalgo, que tanto trabajó codo a codo con Hilda, «su mucho espíritu, su mucho celo apostólico y su mucho amor a la Eucaristía hicieron posible que la espiritualidad eucarística se instaurara en Santa Rita». Ofrecía todo lo que fuera necesario (¡porque se ofrecía a sí misma!) para que tanto los niños reparadores como el grupo de Marías y Discípulos de San Juan pudieran participar en todos los eventos que se organizaban a nivel diocesano, nacional e, incluso, internacional. Muchos recuerdan, casi 20 años después, el ingente trabajo realizado por tantas personas, capitaneadas por Hilda, para que algunos representantes de la UNER de Santa Rita pudieran viajar con motivo de la beatificación de D. Manuel, en Roma. Presenciar el momento en que Juan Pablo II elevó a los altares al fundador de la UNER fue un momento de los más importantes de su vida.

Siempre presente
Preguntando a miembros de la FER que la conocieron, las palabras más recurrentes para definir a Hilda son sencillez y presencia, lo que podríamos traducir en silencio fecundo. No era ella de las que más hablaba, pero sí, de las que más trabajaba. En su sencillez, lo dio todo por todos y por Jesús Eucaristía, que era su Todo.

Hilda, por otra parte, era de las personas que nunca faltaba, que siempre asistía, que no hacía falta pasar lista porque era la promotora y la primera asistente. Si se organizaba una misión, ella era la primera a la que se le pedía ayuda y, por supuesto, la primera que, con su «sí», contagiaba el espíritu misionero a los demás. Si se organizaba una asamblea, ella era la primera en poner medios e ideas para conseguir los recursos para cubrir los importes de traslados y otros gastos.

Hace un par de años, Hilda tuvo que dejar, por motivos de salud, las actividades de su grupo UNER. La gran María activa tuvo este tiempo como María contemplativa para prepararse al encuentro que siempre soñó, para el que siempre trabajó y por el que siempre oró: encontrarse, cara a cara, con el Dios vivo del Sagrario al que tanto acompañó.

Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.
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