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Cordialmente, una carta para ti (noviembre 2020)

18 noviembre 2020

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de noviembre de 2020.

Puedes elegir: aceptación o lamento

Apreciado lector: Todos estamos viviendo tiempos de angustia, de temor y de inseguridad a causa de esta pandemia que nos amenaza. Si malo es el presente que tenemos ante nosotros, no mejor es el futuro que nos espera, tanto por lo que se refiere a nuestra salud como por la prevista situación económica. El mundo ha cambiado, ya nada será igual, nada será como antes… Pues bien, ante esta amarga realidad tenemos dos opciones: aceptar o lamentarnos. Podemos seguir el camino de la aceptación cristiana o el del lamento inútil.
Es bien cierto que más importante que la misma realidad es la manera que cada uno de nosotros tiene de afrontar esa realidad. Una desgracia no es la misma para quien la acepta y trata de superarla, que para quien no la acepta y cae en el abismo de la desesperación. Todo depende de nuestra actitud ante la adversidad, el contratiempo o la desgracia que nos ha surgido. Siempre tendremos la posibilidad de aceptar o de quejarnos. Siempre seremos libres para elegir una cosa o la otra.

Debes saber, estimado lector, que la primera elección, es decir, la de aceptar lo que nos ocurra, es una prueba de sensatez y de inteligencia. Aceptar aquello que no depende de nuestra voluntad, aquello que no podemos cambiar, es señal de sabiduría. Por el contrario, no aceptarlo, para lamentarse y protestar, es señal de poca sensatez y de nula sabiduría. ¿Qué adelantamos lamentándonos por el mal que nos acaba de sobrevenir, si no está en nuestras manos el poder cambiarlo?… Ante lo inevitable lo sensato es aceptar, aunque nos cueste.

Por otra parte, es bueno tener presente que las adversidades, las enfermedades y la propia muerte forman parte de la vida. Queramos o no, vivir es eso y no lo podemos cambiar. Nosotros, los cristianos, sabemos muy bien que este mundo es «un valle de lágrimas». El padecer y el sufrir forman parte de nuestra existencia. Cierto, pero tenemos la fuerza de la fe para poder soportarlo, tenemos confianza en un Padre que premiará nuestro sufrimiento, al igual que tenemos la esperanza de alcanzar ese premio en la vida eterna. Si no fuese así, carecería de sentido la vida cristiana.

Aprovechar las energías
Es absurdo e insensato, apreciado lector, rebelarse contra lo que no podemos cambiar. Sería una pérdida de tiempo y de energías ponerse a lamentar lo que ahora está ocurriendo en el mundo. Mejor será aprovechar ese tiempo y esas fuerzas en algo positivo, como puede ser buscar soluciones a los múltiples problemas que se están planteando, ayudar a quienes lo necesitan, proyectar actividades para ahora y para cuando se haya erradicado esta pandemia, etc. Y todo ello sin olvidarnos de recurrir a la oración, tan sumamente necesaria en estos momentos. Lo que nunca debemos hacer es caer en el lamento inútil.

Estás leyendo esta carta, amigo lector, en pleno otoño, cuando las hojas muertas caen de los árboles y cuando decae nuestro ritmo vital. Estamos en los «días bajos» del año. Ante ello no debemos dejarnos arrastrar por el desánimo ni por la desilusión. No debemos permitir que un insignificante virus nos arrebate nuestra valiosa paz interior y la alegría de vivir. No debemos darnos por vencidos; al contrario, ahora es el momento de buscar aquello que más nos ilusiona y nos anima a luchar… Hay que detener este virus, actuando con responsabilidad y evitando cualquier contagio. ¡Tenemos que vencerlo!

Y no cabe duda de que para conseguirlo será conveniente recurrir a Dios, a nuestro Padre. En Él encontraremos ayuda no solo para aceptar el mal de la pandemia, sino también las fuerzas necesarias para vencerla. Sí, en estos momentos necesitamos fuerzas para aceptar y fuerzas para vencer. Todos sabemos que aceptar lo que nos perjudica o pone en peligro nuestra propia vida no es cosa fácil, pero pensemos que es el precio que debemos pagar para vivir con un mínimo de felicidad… Aceptar no es cosa fácil.

Por otro lado, amigo lector, también necesitamos fuerzas para vencer a un virus que pone en riesgo nuestra salud y nuestra vida. Esto nos exige extremar las precauciones, usando mascarilla, lavándonos las manos con frecuencia, evitando cualquier clase de contagio, renunciando a reuniones familiares o con amigos, no asistiendo a espectáculos públicos, etc. Son muchos los sacrificios y las privaciones; por ello, es aconsejable acudir al Padre y a Jesús Eucaristía implorando ayuda y pidiendo fuerzas para vencer a quien busca destruirnos.

Deseándote ánimos en estos momentos tan difíciles, te saluda cordialmente

Manuel Ángel Puga
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