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Nacidas para eucaristizar (enero 2021)

3 enero 2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero de 2021.

Fundadas por san Manuel González

El 4 de enero celebramos la fiesta de nuestro fundador, san Manuel González. En el marco de este Año jubilar que estamos transitando, continuamos redescubriendo su figura, que reluce cada vez con mayor fulgor. Sus enseñanzas, que son tan actuales, y su vida eucaristizada, nos invitan a seguir sus huellas de santidad.

De una u otra manera, todas las Misioneras Eucarísticas de Nazaret nos sentimos interpeladas por el testimonio de vida y la fuerza eucarística de las obras de san Manuel. Y este es el común denominador de las vivencias vocacionales que compartimos en estas páginas.

Agradecida y feliz
«Jesús y sobre todo Jesús en el Sagrario, para mí es el todo de mi vida. En Él encuentro el ejemplo a seguir en mi vida espiritual y humana. Mi vocación fue un golpe de gracia. Hasta los 22 años que cumplí en junio de 1948 estuve diciendo: “Yo monja no”. A los pocos días de haber cumplido esa edad, fueron a Granada dos Hnas. de Málaga a visitar un Centro. Uno de los actos fue visitar el Sagrario de un pueblo. Una hermana mía, Margarita, había entrado en Nazaret unos años antes y para esa fecha había fallecido, muy joven, 24 años, dejando muy buen recuerdo. Yo tenía comunicación con nuestra Madre fundadora y algunas Hnas. de Palencia que siempre me animaban a entrar en Nazaret para suplirla, respondiendo siempre lo mismo: “No tengo vocación de monja”. Fuimos al pueblo el 4 de julio. Hna. María Clementina dio una lección práctica a los niños en la iglesia. Yo me senté junto a ellos. Y cuando me levanté todo había cambiado en mí. Ya no volví del pueblo diciendo “yo monja no”, sino preguntándole a Jesús: ¿qué me pasa? Y esa pregunta se la hacía todos los días delante del Sagrario. Había un agravante y es que para el día 9 de ese mes tenía el proyecto de irme a Madrid… Pero renuncié, y a los 6 meses, el 18 de diciembre hacía mi entrada en Nazaret donde llevo 71 años largos, agradecida, feliz y contenta como el primer día.

Todos los días pido la perseverancia y doy gracias por la vocación. Me identifico con la reparación a Jesús abandonado en tantos Sagrarios. Mi apostolado durante toda mi vida religiosa ha sido principalmente el epistolar. De novicia acompañaba a veces a Hna. Pilar María, apóstol de cuerpo entero, a los pueblos de Palencia. El día que hice la Profesión temporal, 8 de septiembre de 1951, Ntra. Madre fundadora me puso de ayudante de nuestra Madre María de la Concepción González y junto a ella trabajé en la Obra y en el Proceso de Ntro. Padre hasta su muerte, el 26 de marzo de 1990. Seguí con los trabajos del Proceso, de la Editorial y la revista El Granito de Arena durante 30 años, y en este campo tenía un gran contacto epistolar con los suscriptores, y personas devotas de Ntro. Padre, procurando mucho darlo a conocer en orden a conseguir los milagros para su beatificación y canonización.

Contaré una anécdota de san Manuel no conocida. La cuenta D. Fernando Díaz Gelo y revela cómo nuestro fundador vivió el carisma recibido en Palomares del Río hasta su muerte sin desviarse un ápice. Cuenta que unos meses antes de morir le decía: “¿Seré yo el equivocado que estoy tan obsesionado con el abandono del Sagrario cuando veo personas graves (quería decir importantes) a las que no les preocupa este problema?”. Y reaccionó al momento diciendo: “No, mi fe no me engaña. Mi fe me dice que Jesús está vivo en el Sagrario, y no recibe la visita de muchos de sus hijos, Jesús está abandonado”.

Un deseo para Nazaret en este Año Jubilar: que todas nos entreguemos en cuerpo y alma a tener contento al Jesús de nuestro Sagrario por nuestra vida de oración, de vencimiento propio, de humildad y auténtica caridad. Que todas vivamos el mandato de Jesús: Que os améis unos a otros como Yo os he amado» (Ana Mª Palacios Baena, m.e.n. Nazaret de Palencia, Santo Domingo, España).

¡Conocí a san Manuel!
«En 70 años largos de vida nazarena casi todos los días leo algo de san Manuel, a quien tuve la alegría de conocer cuando era pequeña. Recuerdo que fuimos un día a visitarlo cuando era obispo de Palencia, con mis padres y mis nueve hermanos. Yo soy la última y a las pequeñas nos advirtieron que fuéramos formales. Y lo fuimos mientras hablaban, hasta que con tanta formalidad nos entró la risa y él nos dijo: Venid aquí –y nos puso a una a un lado y a otra al otro– a ver quién se ríe más de las dos, venga, ahora tú –y a la otra– ahora tú, y todos acabaron riendo, claro. También recuerdo, cuando tenía 7 u 8 años, que me regaló una medalla de la Virgen. Y nuestra Madre Inmaculada hizo todo lo demás en mi vida. A Ella le confío que sigamos viviendo con ilusión y entrega una misión tan preciosa como la nuestra» (Mª Soledad Botín Rodríguez, m.e.n. Nazaret de Madrid, España).

Vivir lo que anunciamos
«Con la gracia de Dios, llevo en Nazaret 62 años. Actualmente atiendo los grupos de la Familia Eucarística Reparadora de Toledo, Talavera de la Reina, Cuenca y San Sebastián de los Reyes (Madrid). Grupos que puedo llamar “La reparación con alas”, porque espiritual y personalmente llevan el mensaje de Cristo Eucaristía a todos los grupos y personas que están a su alcance. Su amor a Cristo llega donde no llega el de nadie, o de muy pocos. Quisiera poder decir a todos: Acércate al Sagrario y escucharás muy bajito: “Eres valioso a mis ojos, Yo te amo […] te llevo tatuada en mis manos” (Is 43,2), y que podamos responder de todo corazón al Señor, como san Manuel: “Aunque todos te abandonen… yo no”. Quisiera que este Año Jubilar, con la gracia del Espíritu Santo y de la mano de nuestra Madre Inmaculada seamos, para todas las personas con las que tratemos, imagen viva de la ternura de Dios, que viviendo nuestra Eucaristía hagamos caer en la cuenta a los demás de la grandeza de ese Amor» (Mª del Pilar Brieba Gonzalvo, m.e.n. Nazaret de Madrid, España).

Un hilo de oro
«Creo que mi contacto con Nazaret comenzó en el seno de mi madre, María de los Sagrarios que en contacto con san Manuel se contagió de un amor fiel, a lo largo de las vicisitudes de su vida, a Jesús Eucaristía. En mi casa se hablaba de D. Manuel como de un familiar muy querido, sus libros y revistas estaban por todas partes y su recuerdo tan vivo que me da la impresión de haberlo conocido. Después en el colegio, la institución teresiana, fundada por san Pedro Poveda, asesor de las Marías en Jaén, a cuya obra pertenecían muchas teresianas que ponían al alcance de las alumnas los libros de D. Manuel, hicieron crecer el amor al Sagrario y a María en mi niñez y juventud. Siempre recuerdo las asomaditas al Sagrario que nos inculcaban y que comenzaban antes de empezar las clases pasando en fila por la capilla, haciendo simplemente la genuflexión, para ofrecerle al Amo el día, invitándonos a hacerlas individualmente cuantas veces pudiéramos. Este amor al Sagrario iba unido al amor a la Niña María, nuestra madre Inmaculada, a la que tratábamos como compañera y amiga.

A los 21 años entré en Nazaret, en agosto de 1963. Agradezco inmensamente al Señor el haber conocido a nuestra Madre fundadora y a muchas de las primeras hermanas que iniciaron esta divina aventura. A nuestra Madre fundadora la conocí antes de entrar en Málaga. Acababa yo de salir de una enfermedad y tenía el dolor de pensar que era un impedimento para mi entrada. Nuestra Madre me animó con mucho cariño y me dijo que se lo preguntara al médico. Este, que conocía y admiraba a nuestro fundador, me dijo que era el mejor camino que podía elegir pues estaba curada y una vida ordenada me ayudaría en mi salud. Después de postulante tuve varias posibilidades de tratarla.

Entré en el postulantado, en nuestra casa de la Carretera de Burgos de Palencia, al mismo tiempo que se iniciaba el capítulo general de 1963, capítulo en el que dejó nuestra Madre de ser superiora general. Aún recuerdo el día que murió, el 14 de abril de 1964. Nos llamó a las postulantes la inolvidable Hna. Mª Patricia Oriol, maestra de novicias por entonces, y nos dijo: “Tomad conciencia de este momento, con vosotras terminan las fundadoras de la congregación, pues fundadoras son todas las que han conocido a los fundadores”, palabras que suscitaron en mí gratitud y responsabilidad. De todas las primeras hermanas aprendí mucho de su amor al Sagrario abandonado, a María, del celo por la Obra, de su sencillez, entrega, alegría y buen trato, características de nuestra vida nazarena» (Mª del Carmen Ruiz Izquierdo, m.e.n., Nazaret de Palomares del Río, España).

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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