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Nuevo Directorio para la catequesis (enero 2021)

13 enero 2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de enero 2021.

Facilitar el encuentro con Cristo: Las tareas de la catequesis

En estos tiempos de nueva evangelización conviene recordar que el fin último de la catequesis es propiciar un encuentro significativo con Cristo. Más que nunca la catequesis se tiene que desligar de la concepción meramente doctrinal para dar paso a una catequesis que inicie en los misterios de la fe. La catequesis, como ya hemos ido diciendo en anteriores reflexiones, está al servicio de la evangelización y esta empieza cuando nos dejamos encontrar por Cristo.

El nuevo Directorio, al hablar de las tareas de la catequesis, recogiendo el pensamiento de san Juan Pablo II, nos presenta claramente el objetivo de toda catequesis: «El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no solo en contacto sino en comunión, en intimidad con Jesucristo: solo Él puede conducirnos al amor del Padre en el Espíritu y hacernos partícipes de la vida de la Santísima Trinidad» (CT 5). El encuentro con Cristo es el centro de la experiencia cristiana y también de la catequesis. La catequesis tiene que favorecer que los destinatarios conozcan más a Cristo y su Evangelio y, conociéndolo, lo amen y lo sigan. La catequesis está llamada a facilitar la interiorización de la fe, haciendo que este encuentro con Cristo sea significativo para cada persona. La fe ha de iluminar la vida y al destinatario de la catequesis le tiene que ayudar a vivir un proceso de maduración interior que le lleve a un discipulado más auténtico.

El proceso de conversión, que está en el fondo de todo proceso catequético, nos tiene que llevar a adquirir una mentalidad de la fe conforme al Evangelio (cf. DC 77). El encuentro con Cristo y el cambio de costumbre nos lleva a una profesión de fe personal que se une responsablemente a la profesión de fe de toda la Iglesia.

Para lograr esta finalidad la catequesis desarrolla varias tareas que unidas entre sí van moldeando al sujeto en su respuesta a Dios. La fe, así lo atestigua la Sagrada Escritura y la tradición eclesial, ha de ser conocida, celebrada, vivida y rezada. Esta pedagogía de la fe pretende recoger el testigo de Jesús Maestro que daba a conocer los misterios del Reino, enseñaba a orar y proponía nuevas actitudes para alcanzar una comunión más plena con su Padre. El Directorio nos presenta estas tareas de la catequesis como medio para reproducir la pedagogía de Jesús y facilitar un encuentro significativo con Él.

Conducir al conocimiento de la fe (DC 80)
La catequesis presentándonos las verdades de la fe recogidas en la Escritura y la Tradición promueve el conocimiento del Credo y genera una visión doctrinal coherente. Conocimiento de la fe y experiencia de fe tienen que ir de la mano para vincular al destinatario con la fe de toda la Iglesia.

Iniciar en la celebración del Misterio (DC 81-82)
A través de la liturgia, Dios se hace presente. En los sacramentos tenemos una vía de acceso a la realidad del misterio. La catequesis educa en las actitudes básicas necesarias para vivir y sentir con la Iglesia: alegría, carácter festivo, sentido de comunidad, escucha de la Palabra, oración confiada, alabanza, acción de gracias, sensibilidad por lo simbólico…

Formar para la vida en Cristo (DC 83-85)
El encuentro con Cristo y el conocimiento de la fe nos tiene que llevar a vivir una auténtica vida cristiana. Vivir en Cristo es tomarse en serio el camino de la santidad personal en la vida diaria y según nuestra vocación. El proceso catequético nos ofrece las bienaventuranzas y los diez mandamientos como norma de este camino de plenitud.

Enseñar a orar (DC 86-87)
La oración es un don de Dios que hemos de pedir, pero también hemos de educar para saber ponernos «a tiro» del Dios que se comunica. La catequesis tiene que alimentar la dimensión contemplativa de la experiencia cristiana. Es necesario educar para orar con Cristo y como Él.

Introducir en la vida comunitaria (DC 88)
La fe recibida y profesada se vive y celebra en comunidad. Sentirnos parte de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, favorece que hagamos nuestra la realidad de nuestro prójimo y con él caminemos en la búsqueda del Reino. La catequesis tiene que presentar la vida cristiana como una auténtica espiritualidad de comunión que a la luz de la Trinidad nos lleva a construir Iglesia.

San Manuel, testigo de Dios, apóstol de la Eucaristía y catequista de catequistas, bien intuía que el fin último de la catequesis es promover el encuentro con Jesús ya que todo nos tiene que llevar a Él: «¡Que los niños, casi desde que nazcan, se sepan a Jesús! ¡En el doble sentido de esa palabra: conocer a fondo y saborear con gusto a Jesús!» (Cartilla del catequista cabal 2019, p. 21). ¡Que saboreemos con gusto a Jesús!

Sergio Pérez Baena, Pbro.
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