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Nuevo Directorio para la catequesis (febrero 2021)

12 febrero 2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de febrero de 2021.

Las fuentes de la catequesis

La Palabra de Dios como palabra revelada, salida de la boca de Dios, es la única palabra que nos salva. La Palabra de Dios es la única palabra que puede convertir el corazón de los hombres. Por eso, la Palabra de Dios es la fuente principal de la catequesis y de toda la acción eclesial. La catequesis bebe de muchas fuentes para desplegar su acción, pero toda ellas, parten y remiten de la Palabra. Todo tiene su fundamento en la Palabra de Dios, todo, en un proceso de correlación, reenvía a la Palabra (cf. DC 90): tradición, magisterio, teología, liturgia, belleza…

Uno de los aspectos de renovación de la catequesis que desde el Concilio Vaticano II se han ido asumiendo es este: la centralidad de la Palabra. La catequesis en algunos casos, se había centrado mucho en el contenido y poco en la Palabra. La catequesis es, etimológicamente, «hacer resonar» la Palabra, por eso, que la catequesis obviara la importancia de la Palabra era, de alguna manera, traicionar su esencia.

La centralidad de la Palabra en la catequesis se ha ido concretando en la renovación de los catecismos, en los cuales, la Palabra está mucho más presente que en los textos preconciliares. Igualmente, la Palabra guía y enmarca metodológicamente, en todos los materiales, los temas o unidades en los cuales se dividen los procesos formativos. De la misma manera, la revalorización del domingo y de las celebraciones en familia ha hecho que la Palabra esté más presente en la vida de la comunidad y de la catequesis.

No obstante que la Palabra está mucho más presente nos falta todavía educar en la escucha de esta Palabra. Su primacía hace que la escucha de la misma sea fuente de evangelización porque «solo el oyente puede anunciar» (DC 283). El ministerio de la Palabra, a imagen de María, modelo de escucha, «nace de la escucha y educa en el arte de escuchar» (DC 283). La Palabra de Dios está en el origen de la misión de la Iglesia porque es la Palabra «la que nos lleva hacia los hermanos; es la Palabra que ilumina, purifica, convierte. Nosotros no somos más que servidores» (VD 93).

Así pues, la Iglesia, y por tanto la catequesis en lo que se refiere a la Palabra, lleva a cabo una tarea de mediación: «la anuncia en todo lugar y tiempo, la conserva, transmitiéndola intacta a las distintas generaciones; la interpreta con el carisma propio del Magisterio; la proclama con fidelidad y confianza» (DC 285).

Escritura y Tradición
De esta escucha de la Palabra se alimenta la vida de la Iglesia y por tanto las otras fuentes de las que bebe la catequesis. En este sentido el Magisterio «conserva, interpreta y transmite el depósito de la fe, es decir, el contenido de la Revelación» (DC 93; cf. LG 25). El Magisterio sirve a la Palabra y al Pueblo de Dios haciendo de puente entre la Escritura y la Tradición. Por tanto, en la catequesis resuena la Palabra pero también la Tradición y el Magisterio.

Un lugar privilegiado para la catequesis y para la escucha de la Palabra es la liturgia. En la liturgia se visibiliza el antiguo principio lex credendi lex orandi, es decir la unión y relación entre lo que se cree y lo que se celebra. De esta manera en la liturgia se facilita el encuentro con Cristo, que es también, el objetivo de toda catequesis: «la catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental, porque es en los sacramentos y sobre todo en la eucaristía donde Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los hombres» (CT 23).

La catequesis antigua atestigua esta unión inseparable entre liturgia y catequesis en las llamadas catequesis mistagógicas de los Padres de la Iglesia que establecieron un proceso formativo, un itinerario mistagógico centrado en el Misterio Pascual, en el cual se educa en la Palabra y en los ritos y signos litúrgicos.

Como eco de la Palabra descubrimos también la teología como una fuente de la catequesis. La búsqueda creyente de la inteligencia de la fe es una exigencia de toda la Iglesia. En este sentido la teología está al servicio de la fe, del anuncio y de la catequesis. El quehacer teológico de la comunidad creyente nos ayuda a dar razón de nuestra esperanza y, por tanto, de su reflexión también se alimenta la catequesis.

La vida de los santos
De nada servirían todos estos instrumentos y fuentes de la catequesis si no tuviéramos en la vida de los santos y de los mártires un impulso a nuestra respuesta personal y eclesial: «los testimonios de vida y muerte por el Señor ofrecidos por los santos y mártires han sido auténticos pasajes del Evangelio capaces de anunciar a Cristo y de despertar y alimentar la fe en él» (DC 99).

El testimonio de los santos nos lleva a descubrir la bondad y verdad de Dios. La santidad de la Iglesia nos habla de la grandeza de Dios que sigue actuante en el mundo. La evangelización y la catequesis tienen también en el rico patrimonio artístico y litúrgico de la Iglesia una vía de la belleza, dando a conocer a los santos como verdaderos testigos de la belleza de la fe. La belleza de Dios también se expresa en las obras de los hombres y conduce través de la catequesis al bello don que el Padre ha hecho en su Hijo (cf. DC 109).

Bebamos, por tanto, de la Palabra de Dios, porque Cristo, Palabra del Padre es el único que puede saciar nuestra sed de plenitud. Y vayamos al Sagrario, donde vive el Jesús del Evangelio y dejémonos convertir por Él.

Sergio Pérez Baena, Pbro.
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