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Resonancias en nuestra Iglesia de hoy (mayo de 2021)

9 junio 2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de mayo-junio de 2021.

«Sueño con tres Marías como las del Calvario»

«Las Marías Nazarenas vienen a ser como la flor de la Obra de las Marías. La flor es perfección y multiplicación de la planta que la produce […] Siendo flor y conservando los oficios indicados de ésta, prefiere vivir como raíz que dé jugo sin producir ruido ni esperar nada. ¡Como Jesús en su vida de Hostia!» (OO.CC. I, n. 64). Con estas palabras presentaba san Manuel en su libro Aunque todos…yo no, a las Marías Nazarenas, cuyo nombre es, actualmente, Misioneras Eucarísticas de Nazaret.


Con motivo del Centenario de la congregación, entrevistamos literariamente al mismo san Manuel González, a su hermana Mª Antonia González, cofundadora de la congregación, y a Mª de la Concepción González, sobrina de ambos, y también de las primeras Marías Nazarenas.

Querido D. Manuel, han transcurrido ya cien años de fundación de Nazaret, sin duda un acontecimiento que a todos nos llena de un profundo gozo, y cuánto más a usted, que ha soñado durante tantos años con esta familia religiosa. En una fecha tan memorable como esta, ¿le gustaría recordarnos aquellas palabras que dijo a algunas Marías en el año 1912 cuando inquietas por el futuro le preguntaron qué pasaría con la Obra de las Tres Marías en su ausencia?
A aquella pregunta respondí: «las Marías subsistirán, las Marías le sobrevivirán», porque en la convicción de esta respuesta estaba presente el deseo de Nazaret. Para conseguir este fin no era menester gran cosa; me conformaba con tres Marías que se pusieran al frente de todas las del mundo. Tres Marías tan heroicas como las auténticas del Calvario, que nada temieran, a quienes nada turbara, que por nada se espantaran. ¿Dónde encontrar esas Marías? Yo no lo sabía, pero tenía claro que Dios pondría en mi camino a las que quería para Nazaret.

Esas Marías no tendrían hogar fijo, estarían prontas a trasladarse donde su misión las reclame. Lo mismo irían al monte que al llano, se enfrentarían a la nieve o al estío, en medio de desiertos o poblados. Con ellas se iría tejiendo una red inmensa de compasión y sacrificio por amor del Sagrario (cf. El Granito de Arena, 5/12/1912, n. 123, pp. 7-8).

En esas Marías ya veía a las futuras Marías Nazarenas, como se llamaron en sus comienzos, pues me preguntaba: «¿No es objeto digno, no digo ya de una Obra de celo, sino de un Instituto Religioso, el combatir el abandono del Sagrario? ¿No dio lugar a la fundación de famosos Institutos, la meditación y predicación de la santa Infancia o de la Pasión del Señor, de los Dolores de la santísima Virgen y otros objetos particulares dentro del campo de la piedad y de la religión? ¿Por qué, dentro del campo extensísimo de la reparación, y de la reparación eucarística, no ha de existir una especial para reparar el mal, el grandísimo mal, del abandono del Sagrario, ya sea este abandono absoluto o relativo, exterior o interior, o todo junto?» (OO.CC. I, n. 81).

Y por misericordia del Amo, existen desde el año 1921 «las “Marías Nazarenas” que viven en comunidad, sin hábito religioso y con el espíritu más riguroso de los votos, cuyo fin es vivir sólo para ser Marías» (OO.CC. I, n. 81).

Querida Madre Mª de la Concepción, desde el año 1912 hasta 1921 este sueño de un instituto religioso fue madurado no solo en el corazón de D. Manuel, sino en el de varias Marías de los Sagrarios, que también veían nacer en su interior este deseo, ¿le gustaría contarnos cómo lo vivían ellas?
Efectivamente, ya por los años 1918-1920 había un grupo de Marías que compartían este sueño y esperaban deseosas la llegada del momento de la fundación. Tanto es así que circulaba entre ese grupo de Marías de distintos sitios, todas ellas dirigidas de D. Manuel un «Acto de Consagración al Corazón Eucarístico de Jesús», compuesto por él mismo para las que compartíamos su ideal de Marías en vida religiosa, acto de entrega y de petición al Señor para que apresurase la hora e hiciese conocer sus designios.

Comparto con ustedes esta oración: «Corazón de mi Jesús Sacramentado: enterada por gracia singular tuya del mal que más gloria te quita y más daña a las almas, el abandono de tus Sagrarios, y escogida por gracia tuya, aún más singular, para ser María reparadora de esos abandonos, rebosante el alma de gratitud y compasión hacia ti, Amor mío no amado y abandonado, quiero decirte y te digo, en presencia de la Madre Inmaculada tuya y mía y de los ángeles adoradores de tus Sagrarios, que estoy decidida a ser tu María desde la mañana hasta la noche y desde la noche hasta la mañana y desde ahora hasta la eternidad. Tu María en mi entender y en mi recordar, en mi querer y en mi sentir, en mi sufrir y en mi gozar, en mi dormir y en mi velar, en mi descansar y en mi trabajar, en mi hablar y en mi escribir, en mi vida de piedad y de caridad, en mi vida de familia y de sociedad, en todo mi ser y en todo lo mío. Tu María en la imitación de tu vida de hostia y por consiguiente molida como el trigo, blanca como la harina, sin fermento de malas intenciones y con ácimos de sinceridad y de verdad… Tu María en no querer saber más que una cosa: que mi Jesús está abandonado y no debe estarlo; y no trabajar, ni suspirar, ni soñar más que por una sola cosa: que mi Jesús deje de estar abandonado. Ser María así esta es mi decisión, Corazón de mi Jesús Sacramentado: ¿me la aceptas? Y ahora muy quedito, entre los dos solos: ¿Me trocarás algún día mi decisión en consagración? ¿Me consagrarás tu María para Ti y para siempre? ¿Con votos?… Mi corazón lo presiente, lo pide, lo ansía, y mi boca aún no se atreve a proferirlo; pero aquí, en la intimidad de la oración, déjame que te lo repita: ¿Me consagrarás tu María para siempre…? Madre Inmaculada, Ángeles adoradores de los Sagrarios, santas Marías del Calvario, Discípulo fiel, preparadme para ese día venturoso y acelerad su venida para gloria y consuelo del Corazón Eucarístico de Jesús y reparación de sus abandonos de Sagrarios en la tierra. Así sea» (Así es Nazaret, pp. 11-12).

Y Jesús tuvo a bien concedernos el cumplimiento de este deseo, tan anhelado por tanto tiempo. Estoy convencida de que este sueño de estos años tiene su raíz, como todo en nuestra Familia Eucarística Reparadora en Palomares del Río. Aquel encuentro con Jesús Abandonado en aquel Sagrario, fue para D. Manuel la impronta que le marcó una vocación y un carisma específico alrededor del cual giró toda su vida y todas sus obras. Así como la de todos los que nos fuimos uniendo, por gracia de Dios, a este carisma (cf. Así es Nazaret, p. 3).

Y, ¿cómo fueron los primeros pasos de Nazaret? ¿Le gustaría contarnos cómo se dio todo en aquellos primeros días del mes de mayo de 1921?
Los designios de la Providencia fueron rodeando las circunstancias y marcando los caminos más inesperados para comenzar la fundación.

Amaneció el 3 de mayo, en aquel tiempo fiesta de la Santa Cruz, y por la mañana recibe nuestra Hna. Ana María Boix, María de los Sagrarios de aquel entonces, un aviso urgente de que nuestra Madre María Antonia la esperaba, que fuese al Palacio arzobispal de Málaga, sede de D. Manuel. Así lo hizo, no sin visitar antes al Jesús del Sagrario de las Teresianas, en cuya Institución vivía provisionalmente, a darle gracias y pedírselas en abundancia para empezar su nueva vida, pues suponía para lo que la llamaban. Fue allá y le informaron que aquella tarde llegarían las tres jóvenes valencianas que esperaban para la creación de las Marías Nazarenas, que arreglara el piso que tenían alquilado para dormir en él aquella noche las tres, y ella, cuatro. Con estas nació Nazaret.

Así nació Nazaret. Como una criaturita pequeña que poco a poco va desarrollándose, tomando forma y figura, puesta en las manos del Padre Dios y de su amorosa Providencia, que, por medio de sus Padres fundadores iría diciendo y haciendo… Estos, a semejanza de los padres carnales con una hija recién nacida, sabían, sí, como querían que fuese, para realizar el ideal que acariciaban, pero no podían saber cómo les saldría la “niña”: ¿alta, baja, fea, bonita, dinámica, pasiva?… ¡Una incógnita que se iría despejando! Nuestro Padre en sus obras solía mirar al fin, al ideal: estos los tenía bien claros, sentidos, definidos, pero en cuanto al tiempo, modos, medios, personas… iba haciendo o mejor dando el paso que el Amo le iba señalando por medio de los acontecimientos, de las luces que Él le había dado naturales y sobrenaturales y de las que quisiera irle comunicando (cf. Así es Nazaret, pp. 13-15).

¿Fue elegida la fecha del 3 de mayo por D. Manuel para empezar la fundación? ¿Esperaba él que llegasen las valencianas en aquél día para recibirlas y darles su bendición?
No, él no buscó la fecha ni siquiera estaba en Málaga para recibirlas; andaba por los pueblos de visita pastoral y probablemente no se supo antes que iban a llegar. Fueron a recoger a las tres viajeras, la hermana Ana María y un seminarista valenciano. A las 6,30 de la tarde salieron para la estación y después del primer encuentro y saludos, se dirigieron con las recién llegadas al palacio, donde las esperaba nuestra Madre. Llenas de alegría abrazándose una y otras, pasaron luego a la capilla para saludar a Jesús y ponerse a su total disposición en todo cuanto Él quisiera hacer con ellas y por medio de ellas.

El primer encuentro que ellas tuvieron con nuestro Padre fue muy entrañable. Las animó en su entrega generosa, haciéndolas participar de su abandono confiado en el Corazón de Jesús al empezar aquel ensayo de comunidad nazarena, dejándose llevar por los caminos de la Providencia y procurando por la oración y la fidelidad, conocer y hacer lo que en cada momento Dios les iba a pedir. Entre otras cosas les dijo: «Pensad que hoy nacéis de nuevo. Ya no sois de aquí ni de allí, sino de Nazaret». Y a cada una la nombró con el sobrenombre de María, unido al de su bautismo (cf. Así es Nazaret, pp. 15.18-19).

Querida Madre María Antonia, sin duda usted ha tenido el privilegio no solo de acompañar Nazaret desde sus primeros pasos, sino de vibrar junto a D. Manuel por este sueño, al que dedicó toda su vida y esfuerzos. ¿Qué palabras le gustaría decir a sus hijas nazarenas de ayer y de hoy?
Me gustaría expresar una consigna que refleja el deseo de D. Manuel para Nazaret, un deseo que no caduca y que quiere ser como la brújula que orienta el camino de nuestra congregación: «La mayor fidelidad, el mayor silencio, la mayor obediencia».

Y comparto con ustedes las mismas palabras que pronuncié en los meses de febrero, marzo y abril de 1940, respectivamente: «La fidelidad que pide nuestro Padre del alma es para que la practiquemos mientras vivamos, cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo. ¡Qué importancia tan grande le hemos de dar las Marías Nazarenas a la fidelidad! Trabajemos hermanitas e hijas mías queridísimas, con verdadero afán por adquirir y meter muy dentro de nuestra alma este encargo de la fidelidad» (Instrucciones de nuestra Madre Fundadora, p. 20).

El mayor silencio, «¡qué descanso da a mi alma esta palabra! Silencio. Un alma prudentemente silenciosa, qué útil es para Dios y para la sociedad en donde tenga que vivir […] Aprendamos a callar y entonces aprenderemos a hablar, no a nuestro estilo sino al de Jesús en el Sagrario» (Instrucciones de nuestra Madre Fundadora, pp. 20-21).

Finalmente, «Yo creo que obedecer es en la vida religiosa la transformación de la vida material y terrena en la vida toda de Jesús. ¡Qué ejemplos de obediencia tan encantadores tenemos en Nazaret con la Sagrada Familia! Jesús obedece a San José y a su Madre Inmaculada, y Ntra. Madre obedece a todos; como era la Esclava del Señor vivía siempre entregada. Esta es la vida de la María Nazarena, vivir entregada siempre, entregada a la santa obediencia […] El Espíritu Santo nos dé su gracia para que en todo le agrademos» (Instrucciones de nuestra Madre Fundadora, p. 22).

Mª Ayelén Ortega Lo Presti, m.e.n.
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