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Bienvenida al papa en la Misa de clausura del 52º Congreso Eucarístico Internacional

4 octubre 2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de octubre de 2021.

Cristo Eucaristía, fuente de vida

El Card. Péter Erdó, como arzobispo de Esztergom–Budapest y primado de Hungría, fue el encargado de dar la bienvenida al papa Francisco en la clausura del 52º Congreso Eucarístico Internacional, celebrado bajo el lema: «En Ti están todas mis fuentes». Estas fueron sus palabras:
Santo padre, le agradecemos de corazón que aceptase la invitación a presidir personalmente la gran celebración conclusiva del 52º Congreso Eucarístico Internacional.

Desde los tiempos del papa san Juan XXIII, los Congresos Eucarísticos, y sobre todo la santa Misa conclusiva, se considera una Statio orbis, es decir, una celebración eucarística que manifiesta, también visiblemente, una gran comunidad en torno a la mesa del Señor. La celebración eucarística de hoy simboliza con fuerza nuestra unidad alrededor de Cristo, junto al sucesor de san Pedro con los obispos procedentes de todo el mundo, con los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, y con todos los fieles. La representación ecuménica manifiesta nuestro deseo común de unidad de todos los bautizados. Nos alegra de modo especial tener hoy junto a nosotros a Su Beatitud Bartolomé I, patriarca de Constantinopla.

La presencia también de no cristianos, especialmente de los representantes del judaísmo, así como de quienes tienen otra visión del mundo, es un signo vivo de los tiempos, es decir, la vocación de la Iglesia en medio de la Humanidad como mensajera de Cristo entre las naciones. Él mismo, Cristo Jesús, es manantial de agua viva y lleva a cumplimiento la promesa escatológica del Salmo: «En Ti están todas mis fuentes» (87,7). Cristo en nosotros, Cristo en la Eucaristía, fuente de la vida y de la felicidad eterna para todos los pueblos, desea llegar a todas las gentes a través de nuestro testimonio y nuestro anuncio, a través de la caridad hacia los pobres, los marginados, los perseguidos, quienes soportan pesadas cargas a causa de su lengua, raza o nación, y en general hacia todos los que en el mundo no encuentran sentido y valor, o se sienten desesperados y perdidos.

Budapest, en el centro de Hungría y de Europa, es una ciudad de puentes. Sentimos la vocación de ser puente entre Oriente y Occidente, entre los diversos mundos culturales y religiosos, y entre diversas naciones. Por ello, hace quince años, firmamos el Acto de reconciliación y amistad entre las Conferencias Episcopales Húngara y Eslovaca, después de una fuerte experiencia de fraternidad y colaboración recíproca.

Asimismo, ha sido fuente de bendiciones la peregrinación de la cruz misionera a través de Hungría y los países vecinos. Las reliquias de los santos y beatos de nuestra región han despertado la conciencia de poder vivir la santidad también hoy, siguiendo el ejemplo de los grandes mártires y confesores del último siglo. Además de los ya canonizados, recordamos con veneración a grandes pastores como el card. Stefan Wyszyński, cuya beatificación se está celebrando en estos momentos en Varsovia. También conservamos con gran afecto la memoria del venerable siervo de Dios el card. József Mindszenty, que dio un gran ejemplo de intrépida fidelidad a Cristo, a la Iglesia y a su pueblo.

Santo padre, acepte como don de todos los presentes una reproducción de la cruz misionera, que sea un recuerdo de los santos y mártires de nuestra región. Le pedimos que presida esta santa Misa, que se celebra, también visiblemente, en nombre de toda la Iglesia y por toda la Iglesia, a fin de realizar nuestra vocación en el mundo y por el mundo. Pronuncie las palabras de consagración de la Eucaristía en la persona de Jesucristo, nuestro Maestro y Señor, que permanece siempre con nosotros. Gracias, santo padre.

Card. Peter Erdó

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