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«Su afmo. P. in C. J.» (octubre 2021)

13 octubre 2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena especial de octubre de 2021.

«Cantemos al Amor de los amores»

Anécdotas y cartas de san Manuel González con motivo de los Congresos Eucarísticos Internacionales

La primera vez que pudo escucharse la popular melodía de «Cantemos al Amor de los amores» fue en Madrid. Era el año 1911 y, en medio de cierta polémica política, la familia real se postró ante el Santísimo en la puerta principal del Palacio de Oriente durante la procesión organizada como clausura del XXII Congreso Eucarístico Internacional. El compositor Ignacio Busca puso los acordes a este himno que, con letra del agustino P. Restituto del Valle, desde entonces no ha dejado de entonarse en los siguientes 110 años.

En el número anterior de esta revista, el 1739, podemos leer una sucinta historia de los Congresos Eucarísticos Internacionales. Surgieron por iniciativa de una laica, Emilia Tamisier, en unos años, los últimos del s. xix, en los que la fragilidad de los Estados Pontificios hacía difíciles las peregrinaciones a Roma. Aquellas reuniones de los católicos del mundo en torno a la Eucaristía darían fruto, pues a principios del s. xx verían la luz dos disposiciones pontificias tan necesarias como discutidas: el Decreto sobre la Comunión frecuente y el que trataba sobre la Comunión de los niños.

Impulso eucarístico
La Providencia hizo que, en aquellos momentos tan duros para la Iglesia desde el punto de vista político y económico, cuando muchos auguraban su desaparición, san Pío X diera aquel impulso eucarístico a la Iglesia fundada por Jesucristo. Un impulso que san Manuel González, testigo de aquellos difíciles momentos y fidelísimo siempre al papa, supo recoger y promover durante toda su vida como sacerdote y obispo.

Llevaba diez años de sacerdote y seis con una intensa labor pastoral en Huelva cuando, en 1911, se convocó en Madrid el XXII Congreso Eucarístico Internacional. Siendo arcipreste de Huelva había fundado en marzo de 1910 la Obra de las Tres Marías y seguramente al conocer la convocatoria pensó en la oportunidad de darla a conocer a muchos católicos durante esta solemne reunión.

En el número del 20 de mayo de 1911 de El Granito los suscriptores pudieron leer el resumen de las instrucciones oficiales para asistir al Congreso que comenzaría el 24 de junio, y en el segundo número de junio se puede leer: «El Granito de Arena, representado por su Director, su Redacción y Administración en pleno, también va a Madrid a ver, a oír, a hablar, a aplaudir, a aprender, a alegrarse, a echar remiendo de alientos e inspiraciones a su vida y a tomar inhalaciones de buenos ejemplos y de optimismos saludables» (p. 1). Con este espíritu y con sendas aportaciones para el Congreso, viajaban hacia Madrid D. Manuel González y D. Manuel Siurot, junto con un nutrido grupo de personas de Huelva, cuyos nombres podemos leer en número 86 de El Granito (p. 10).

Además, otro colaborador del Arcipreste, D. José M.ª Álvarez de Luna, entonces benedictino en Silos, aportó al Congreso una memoria en la que propugnaba la difusión de la obra de los Discípulos de San Juan entre los seminaristas.

Sagrarios abandonados
Como adelantaba El Granito, san Manuel había sido elegido ponente del tema 59 de la sección sacerdotal. Pero, además, presentó una la Memoria para su discusión dentro del punto 72 de la sección séptima, el titulado «Manera de atender material y espiritualmente las necesidades de los Sagrarios pobres. Frutos de la devoción de las “Tres Marías” ¿Podrían fundarse nuevas obras para acompañar los Sagrarios abandonados? ¿Cómo hacer del Sagrario el lugar más frecuentado y querido de la parroquia?» (p. 656).

En las Actas del Congreso esta Memoria aparece como elaborada por «el Reverendo señor Arcipreste de Huelva» que así, y nunca con su nombre de pila, aparece mencionado en los documentos del Congreso. Repitió entonces allí –así lo puso de manifiesto– la plática que, hacía poco más de un año, había dado a las pocas mujeres que asistían al retiro del primer viernes de la Cuaresma de 1910 en la Iglesia Mayor de San Pedro en Huelva, donde nació la Obra de las Tres María: «Hay pueblos, y no creáis que allá entre los salvajes; hay pueblos ¡en España! en los que se pasan semanas y meses sin que se abra el Sagrario» (p. 657). Más adelante describió, aunque sin mencionarlo, aquello que había vivido muchos años antes en Palomares del Río: «En torno a esos Sagrarios no hay calor de corazones amantes, ni lágrimas de ruegos, ni suspiros de arrepentimiento, ni ayes de necesitados, ni gratitud de reconocidos, ni rodillas dobladas, ni cabezas inclinadas, ni ojos que miran, ni bocas que piden, ni corazones que se ofrecen… ¡Nada!… Una lámpara mugrienta, muchas veces apagada, dos velas empolvadas de no servir, una reja de goznes enmohecidos de no girar, y alguna que otra telaraña; he aquí el acompañamiento de Jesucristo Sacramentado» (p. 658).

¿Quiere Ud. empezar?
Como siempre, directo, optimista y práctico, continuó su exposición explicando a quienes le escuchaban cómo podían poner remedio a esta situación: «¿Quiere Ud. empezar?». Debieron ser muchas las personas que se sintieron removidas por las palabras de san Manuel aquel día, porque a partir de aquí, y aunque existían ya centros diocesanos constituidos en Sevilla, Segorbe, Valladolid, Tortosa, Santander, Burgos, Valencia, Lérida, León, Toledo e Ibiza, se produciría una multiplicación de estos.

La crónica que para El Granito escribió un anónimo congresista comenzaba con un ruego: «hermanos, levantad los corazones y arrancad de vuestro Diccionario las palabras pesimismo, dificultad, imposible, etc. porque Cristo Jesús ha triunfado en las calles de Madrid» y acababa con una estrofa del himno del Congreso, esa canción que aún hoy resuena en nuestras Iglesias: «honor y gloria a ti, Rey de la Gloria. Amor por siempre a ti, Dios del Amor».

Habiendo sido tan importante para la vida eucarística en España y para la difusión de la Obra el Congreso Eucarístico Internacional de Madrid, no es de extrañar que san Manuel estuviera al tanto de los que se celebraron después, y aunque él no volverá a asistir a ninguno de estos encuentros internacionales, sí que animará a participar a otros, y sobre todo promovió la adhesión, especialmente mediante la oración, a todos los que se fueron celebrando.

También, en la medida de lo posible, procuró que de algún modo las obras eucarísticas que puso en marcha fueran fomentadas en las sesiones de aquellos Congresos Internacionales. De ámbito mucho más reducido, aunque con igual finalidad, se celebraban, y aún se celebran hoy, Congresos o Jornadas Eucarísticas Nacionales. San Manuel pudo en su día participar en las celebradas en Toledo en 1926 y, a través de sus cartas, conocemos que se interesó por hacer presente a las Marías y los Juanes en las celebradas en 1935 en Camagüey (Cuba) y en Cleveland (EE. UU.) (cf. OO.CC. IV, nn. 6423, 6430 y 6528), aunque en esta ocasión me voy a referir únicamente a los testimonios que tenemos vinculados con los internacionales.

Entre la correspondencia publicada de san Manuel González, encontramos una referencia al XXX Congreso Eucarístico Internacional en la carta que dirige en mayo de 1930 a D. Sebastián Carrasco Jiménez, un sacerdote misionero eucarístico que era párroco en Melilla. En aquella ocasión el Congreso se iba a celebrar en Cartago, en la actual Túnez, un lugar relativamente cercano a Melilla, y a san Manuel le pareció interesante que D. Sebastián participara en él, máxime cuando no sabía de nadie de Málaga que fuese al Congreso, de modo que dio su aprobación para que asistiera. Además de la bendición especial para aquel viaje, le dio un encargo: «Le agradeceré que, si se presenta la ocasión, hable de la Obra de las Marías y Discípulos de San Juan de los Sagrarios-Calvarios, y diga que lleva mi representación para ese objeto» (OO. CC. IV, n. 5827).

¡En directo desde Argentina!
El XXXII Congreso Eucarístico Internacional tendría lugar en octubre de 1934 en Buenos Aires. Desde Elorrio san Manuel escribió a su sobrina María de la Concepción preocupado porque las congresistas españolas pudiesen llevar la propaganda de la Obra hasta allá (OO.CC. IV, n. 6316). Desde El Granito, se siguió con especial interés este Congreso que se celebraba en un país donde la Obra de las Marías de los Sagrarios estaba establecida desde hacía años.

En el primer número de septiembre se solicitaba la adhesión de todos los centros de la Obra a aquella reunión, instando a que se organizara en ellos algún culto eucarístico especial para pedir por sus fines y, a continuación, se reproducía la letra del himno del Congreso. Pero hubo algo que lo convirtió en singular: este Congreso fue el primero que se pudo seguir en directo a través de la radio ¡Extraordinario! ¡Poder escuchar a quienes hablaban sobre la Eucaristía desde el otro lado del Atlántico!

Fuente radiofónica
La hermana María de la Concepción se convirtió en cronista de aquel evento que tenía lugar en Argentina, aunque desde el piso de la madrileña calle Blanca de Navarra. Una emisora inaugurada en 1925, EAJ-7, Unión Radio Madrid, retransmitía los acontecimientos del Congreso y aquel 9 de octubre escribió: «¿Sería sueño? Repicar de cientos de campanas, silbatos de sirenas, aplausos y vítores, aclamaciones y cantos de millares de voces y una voz argentina que decía en castellano con dejos de andaluz: En este momento acaba de llegar a Buenos Aires el Legado del Papa, del primer soberano de la tierra»(p. 614). Apostada junto al aparato de radio, la sobrina de san Manuel fue tomando nota de todo lo que se estaba diciendo en la Plaza Palermo y, aunque en ocasiones la retrasmisión radiotelefónica era muy imperfecta, pudo seguir la misa que celebró el arzobispo de Toledo, y alegrarse al oír con sorpresa que el legado de su Santidad, el cardenal Pacelli, se dirigía a los fieles en lengua española. Con el pseudónimo de M. Radix, firmó las crónicas que podemos leer en los ejemplares 647, 648 y 649 de El Granito, y que están hechas con tanto detalle, que es difícil creer que las escribiera simplemente escuchando la radio.

Verein der Drei Marien
El siguiente Congreso Eucarístico Internacional se celebraría en Filipinas en 1937, y a este siguió el XXXIV, que tuvo lugar en Budapest en otoño de 1938. En marzo de aquel año san Manuel se dirigió al director del Congreso, el sacerdote Sigismund Mihalovics, mediante una carta redactada en alemán (cf. OO.CC. IV, n. 6825) a la que acompañaba una memoria acerca de la «Frommer Verein der Drei Marien und der Junger des Hl. Johannes», es decir, Obra de las Tres Marías y de los Discípulos de San Juan, escrita también en ese idioma. La Memoria recogía muy sintéticamente los orígenes de esta Obra y también la de los Niños Reparadores y, por supuesto, la de las Marías Nazarenas. El Director de la comisión organizadora del Congreso acusó recibo de los documentos que le enviaba el obispo de Palencia y se ofreció a dar publicidad a la Obra en la reunión, al mismo tiempo que se disculpaba por no encontrar espacio en las sesiones del Congreso para dar lectura a dicho texto.

En Palencia, el delegado de la diócesis para este acontecimiento fue D. Zacarias Gama y, aunque no hubo representación palentina en Budapest, fueron varios los encargos pastorales que, como símbolo de unión con el Congreso Eucarístico de Budapest, quedarían establecidos para la diócesis de Palencia en el segundo número del mes de mayo del Boletín diocesano. Se trataba de actos de adoración al Santísimo Sacramento y de rezar porque llegaran a buen término los fines del Congreso. En el clima de España, inmersa entonces en una guerra civil que ya duraba dos años, y de una Europa en la que se barruntaba la guerra que comenzaría poco después, la oración compuesta para implorar el feliz éxito del Congreso Eucarístico de Budapest, publicada también en ese mismo Boletín, rogaba a Jesús en el Augustísimo Sacramento del Altar que por medio de este Congreso «amanezca vuestra paz entre las gentes y en vuestro santo amor se unan entre sí todos los pueblos». D. Manuel escribió al deán de la catedral palentina para que el Cabildo tuviera expuesto a Su Divina Majestad durante todo el día 29 de mayo, coincidiendo con los actos de clausura del Congreso, explicándole en la carta que querría que la diócesis estuviese «dignamente representada en el mencionado Congreso, ya que no por una aportación de Congresistas, a lo menos por nuestra adhesión espiritual en las mil formas que hay de prestarla» (OO.CC. IV, n. 6853).

El Card. Gomá en Budapest
Sí que participó en aquel XXXIV Congreso el arzobispo de Toledo y primado de España, el cardenal Isidro Gomá. Su intervención no estaba prevista, se produjo ante la ausencia del general Moscardó, que era quien iba a tomar la palabra ante los congresistas y que, finalmente, no viajó a Budapest. Entre la prensa y también entre los dirigentes políticos españoles, había expectación ante lo que pudiera decir a los presentes en un Congreso Internacional tan relevante una persona como el general Moscardó y, aunque fue sustituido a última hora por el primado, aquellas palabras que pronunciara en Hungría tuvieron mucho eco en toda España, y también en otros países donde se percibía la Guerra civil española como el prolegómeno de otra más larga y extendida. Las frases de su improvisado discurso fueron interpretadas en distintos sentidos, como suele suceder con este tipo de manifestaciones. D. Manuel González tuvo ocasión de leer el discurso de Gomá en Budapest, y tras hacerlo escribirá al arzobispo de Toledo: «me los he bebido como un sorbete, no por frescos sino por deliciosos en todos los sentidos» (OO.CC. IV, n. 6877).

Muchos años hubieron de pasar para que en el mundo pudiera volver a organizarse un Congreso Eucarístico Internacional. El primero de septiembre de 1939, con la invasión de Polonia por las tropas alemanas, comenzaba la II Guerra Mundial, pero catorce años después de la clausura del Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, en 1952, Barcelona se vistió de gala para celebrar por fin el XXXV Congreso, con el lema: «La Eucaristía y la paz». En esta ocasión fueron muchos, y provenientes de varios países, los miembros de las Obras eucarísticas fundadas por san Manuel González que participaron en los actos de este, y El Granito en sus números de mayo, junio y julio de ese año recogió las crónicas de aquel acontecimiento, que comenzaba solo unos días después de que se hubiera abierto en Palencia el Proceso informativo para su beatificación.

Aurora M.ª López Medina
Con agradecimiento a Sor Katy y a Tibor, nuevos amigos de El Granito, que han conocido las obras eucarísticas de san Manuel en el 52º Congreso Eucarístico Internacional, en Budapest
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