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Nacidas para eucaristizar (diciembre 2021)

27 diciembre 2021

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de diciembre de 2021.

Junto a la Sagrada Familia

En este tiempo de Adviento que hemos comenzado, una de las tradiciones más entrañables del pueblo cristiano es la preparación del belén o pesebre, en el que contemplamos el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Allí, en la humilde gruta de Belén, encontramos a la Sagrada Familia: María, José y el Niño Jesús.
En la Carta apostólica Admirabile signum, el papa Francisco alienta la hermosa tradición de preparar el Nacimiento, que contiene una rica espiritualidad popular. Ciertamente, cada una de sus figuras nos puede ayudar a vivir la alegría y el asombro de tener a Dios con nosotros. De modo particular, cuando contemplamos a los miembros de la Sagrada Familia. Se trata de una familia muy especial que, desde Belén, pasando un tiempo en Egipto, terminará por establecerse en Nazaret. Y viviendo en Nazaret, con Dios en medio y en la sencillez de lo cotidiano, nos ofrecen un modelo de vida para todos.

Un hermoso signo
En este espacio compartiremos algunos testimonios de lo que significa la Sagrada Familia de Nazaret para nosotras, Misioneras Eucarísticas que llevamos el mismo apellido. Sí, san Manuel pensó en nosotras como «Nazarenas», y quiso que nuestras casas se denominasen «Nazaret». Él concebía la vida de Jesús en Nazaret como «el aprendizaje de la vida de hostia», y llamó así a nuestras casas «por razón de la vida oculta y de preparación que en ellas han de llevar las hermanas», en vistas a la misión eucaristizadora. Por tanto, las Nazarenas estamos llamadas a conjugar la vida contemplativa y la acción apostólica, y a practicar las virtudes sencillas, ocultas, y los quehaceres domésticos, como lo hizo la Sagrada Familia en Nazaret.

¿Qué huella deja este precioso legado en nosotras? Nos dice la Hna. Mª Silvia: «La Sagrada Familia de Nazaret significa mucho para mí, ya que nuestro estilo de vida está inspirado en este modelo de comunión de amor y escuela de virtudes, que me enseña a vivir con sencillez sin buscar honores, a hacer las labores de cada día echando las redes en el nombre del Señor». La Hna. Mª Lucila, por su parte, comparte que para ella «la Sagrada Familia de Nazaret es modelo y fuente de inspiración para vivir en comunidad. Es la etapa de la vida de Jesús que más me gusta contemplar, pues Jesús quiso vivir 30 años de vida oculta junto a María y José. Allí descubro el valor de lo pequeño, la entrega en lo sencillo y cotidiano de cada día, la vida de Jesús Eucaristía».

La grandeza de lo pequeño
En el Evangelio encontramos breves pero iluminadoras referencias sobre la vida de Jesús, María y José en Nazaret (cf. Mt 2,23; Lc 2,39-52). Como dijo san Pablo VI, «Nazaret es la escuela de iniciación para comprender la vida de Jesús, la escuela del Evangelio», y en esta escuela podemos aprender al menos tres lecciones: el silencio, la vida doméstica y el trabajo (cf. Peregrinación a Tierra Santa, Iglesia de la Anunciación de Nazaret, 5/1/1964). ¿Qué aprendemos las Nazarenas en esta escuela cotidiana? Nos dice la Hna. Mª Jennifer que aprende, sobre todo, dos cosas, «la primera, imitar o tener como modelo la docilidad, disponibilidad y humildad de María y José para aceptar libremente y vivir el plan de Dios en sus vidas, además de saber acoger sus dones; y la segunda, vivir la sencillez, el amor, la escucha, el diálogo y la laboriosidad que vivía la Sagrada Familia en Nazaret, con las hermanas de comunidad. Me asombra mucho contemplar cómo la Sagrada Familia pudo dejarse envolver por el Misterio de Dios viviendo una vida sencilla y ordinaria en Nazaret».

Sí, en el cumplimiento del deber de cada día y en la interacción con los otros miembros que componen la comunidad vamos descubriendo cuál es la voluntad de Dios para cada una de nosotras y lo que Él nos pide en cada Nazaret. Esa presencia de Dios que nos envuelve entreteje no solo los momentos de oración sino cada actividad que realizamos durante la jornada. Y en cada gesto, aun en lo más pequeño, oculto y sencillo, se va conformando un estilo que hace que Nazaret no sea solo un lugar físico, una casa con una capilla en una ciudad determinada, sino un modo de vivir que llevamos con nosotras allí donde vamos, y que forma parte de nuestra identidad carismática. Así lo manifiestan otros breves testimonios: «Siempre he encontrado en María y José cómo buscar a Jesús en mi vida o cómo vivir la obediencia y el silencio, principalmente» (Hna. Mª Lourdes del Pozo). «Desde que formamos parte de Nazaret estamos consagradas a la Sagrada Familia, signo de unidad y amor, de trabajo diario para dar gloria a nuestro Dios. La Sagrada Familia inicia cuando María dice sí. También yo, cuando entré en Nazaret, dije sí, como María, y allí está mi relación con la Sagrada Familia, unida a Jesús y a san José» (Hna. Mª Blanca). «Para mí la referencia a la Sagrada Familia de Nazaret la describo en tres puntos: Obediencia, humildad y servicio» (Hna. Martha Mª Jiménez).

Taller de fraternidad
El documento La vida fraterna en comunidad afirma que María, «la Madre del Señor, contribuirá a configurar las comunidades religiosas según el modelo de “su” familia, la Familia de Nazaret, lugar que las comunidades religiosas deben frecuentar espiritualmente, porque allí se vivió de un modo admirable el Evangelio de la comunión y de la fraternidad» (n. 18). Por tanto, María, mujer eucarística, es la maestra de fraternidad que, junto con Jesús y san José, su esposo, nos indican cuál ha de ser nuestro modo de vivir. «Como dicen nuestras Constituciones, la Sagrada Familia es el modelo que nos marca el estilo de vida, que nos debe ayudar a vivir desde la comunidad» (Hna. Mª Antonia), «es el modelo de nuestra vida comunitaria en Nazaret» (Hna. Mª Delfina).

La fraternidad, un don tan anhelado en medio de un mundo roto y herido, se construye día a día, no sin luchas y fatigas, experimentando las propias fragilidades y, al mismo tiempo, la gracia del perdón, dejando que nuestras vidas se moldeen en las manos del Alfarero divino y en el contacto con las personas que nos rodean. Se trata de una escuela de comunión que tiene como modelo a la Sagrada Familia.

Y, dentro del gran abanico de enseñanzas que nos aporta la Sagrada Familia, reflexiona nuestra Hna. Ana Mª Cayuso: «me habla sobre todo de la vida en fraternidad; es el modelo humano que tratamos de imitar en nuestro día a día. Contemplar a la Sagrada Familia me hace caer en la cuenta de la necesidad de cuidar los pequeños detalles. También de la importancia de lo oculto y de lo que se va forjando a fuego lento, con paciencia, sabiendo esperar el momento previsto por Dios. Son un estímulo para vivir la sencillez de cada día con alegría y armonía, deseando dar lo mejor de uno mismo desde el comienzo del día, porque vives con las personas que el Señor te ha regalado».

En estos días de diciembre, en los ratos de oración ante el Sagrario y el belén, pidamos a cada uno de los miembros de la Sagrada Familia que nos conserven siempre en su presencia y nos ayuden a imitarlos, para que podamos descubrir a cada paso a este «Dios familiar, cercano, sencillo, que se nos manifiesta en la vida cotidiana» (Hna. Teodosa Mª). Y así, deseando que nuestra vida se configure cada día más con el estilo de Nazaret, hagamos nuestra la súplica de san Manuel y digamos: «Corazón de Jesús, recostado en la cuna de mi corazón, que cuanto quiera, diga y haga hoy te abrigue, te mezca y te recree». ¡Feliz Navidad!

Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.
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