Saltar al contenido

Ponencias del Congreso Eucarístico (Johannes Hartl)

1 agosto 2022

Artículo publicado en la revista El Granito de Arena de julio-agosto de 2022.

La fascinación de la belleza (y III)

Publicamos en este número la última parte del taller que Johannes Hartl ofreció en el Congreso Eucarístico Internacional de Budapest, la tarde del 7 de septiembre. Aborda el quinto y último punto, dedicado a la oración y la preeminencia que debe tener en nuestra vida de creyentes.Hemos visto fotografías de nuestras conferencias más multitudinarias, pero me parece necesario explicar de dónde proviene todo esto: de aquellas conferencias pequeñas, incluso de aquellas salas de oración donde quizás hay una única persona, o dos, o tres. Pero todo eso nació de la oración. Es en la oración donde comienza todo.

Hay un pasaje en la Biblia del que nos olvidamos muy a menudo. Yo, al menos, necesito volver a él una y otra vez, y me arrepiento de olvidarme de él. Se trata de «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Jesús habla de ser fructíferos, de dar fruto, porque es en el fruto donde está la multiplicación de la vida. Dar fruto no significa que vaya mucha gente a nuestras conferencias. Todas estas personas pueden ir hoy y dejar de asistir mañana. No hablo de este aspecto. Dar fruto está relacionado con dar y transmitir la vida.

La oración es lo primero
Me llama mucho la atención que Jesús habla no solo de dar fruto sino que ese fruto sea «abundante», pide que demos mucho fruto. El Padre desea que demos fruto abundante. Y deseo remarcarlo porque puede ocurrir que algunos cristianos consideren que deben hacer su trabajo con fe, con esperanza, día tras día, y permanecer ocultos, sin ser vistos. Pero, ¡atención! el Padre desea que demos fruto abundante.

Jesús afirma que si no permanecemos juntos, si no estamos en íntima relación con Él, hagamos lo que hagamos, por muy atractivo que parezca, no va a dar frutos. Y para permanecer junto a Él, lo primero es la oración.

La oración no es el único secreto de la vida cristiana pero es la que posibilita la verdadera vida cristiana. La oración no lo es todo pero sin ella nada es posible. Lo importante no es la manera en que recemos. Más aún, yo siempre sugiero que cada uno tiene que encontrar su propio ritmo, su manera, su método, su estilo. ¡Encuentra tu propio idioma del amor para hablar con Dios! Solo cuando pongamos la oración en el primer lugar veremos frutos, y frutos abundantes.

Nuestras conferencias, como ya he dicho, no comenzaron con miles de personas, sino con unas pocas personas, dos o tres, rezando cuatro horas al día. A todos nos gustan las historias de éxito, pero todos los frutos que vienen del Reino de Dios, surgen de dentro hacia afuera. Debo admitir que a mí también me gusta lo que está afuera, es necesario que llevemos el mensaje a todo el mundo, que no nos quedemos encerrados dentro, pero es Jesús quien nos advierte que el fruto abundante nace de la relación íntima con Jesús en la oración.

Queridos amigos, creo que estamos viviendo un tiempo muy especial para la Iglesia católica. Se trata de una época para nada fácil, sobre todo para quienes vivimos en Europa, pero las crisis siempre han hecho crecer el Reino de Dios. La palabra «crisis», en griego, quiere decir diferenciar, discernir, significa que algo morirá para que nazca algo nuevo. En ocasiones, todo debe morir para que pueda nacer la novedad.

Yo creo firmemente que algo bueno va a nacer cuando empecemos a redescubrir que conocer a Dios, a Jesús, es realmente fascinante. A veces pienso que mi vida cristiana está llena de cosas, pero la pregunta importante es: ¿de verdad conoces a Jesús?, ¿lo amas?, ¿deseas de todo corazón estar junto a Él? Y si no puedes responder que «sí» a todas estas preguntas, regrésate, comienza de nuevo.

Esas son las preguntas verdaderamente importantes. Os pongo un ejemplo para comprenderlo mejor. Yo soy un hombre casado. ¿No sería extraño que le preguntara a mi esposa, una mañana, con cuánta frecuencia tengo que besarte hoy, mi amor?». Si no quiero besarla, ¿dónde está mi corazón? Si planteo esta pregunta, ¿la amo? Más bien tendría que plantearme qué ha pasado entre nosotros.

Con Jesús es exactamente igual. ¿Por qué preguntamos cuánto tengo que rezar o cuántas veces tengo que recibir la Comunión? Esa no es la cuestión. La cuestión es dónde está mi corazón. Y si de repente descubrimos que nuestro corazón ya no arde por Jesús (lo cual es normal, porque podemos perder ese deseo) no tenemos que auto-condenarnos. Yo muchas veces he perdido esta pasión por Jesús. No tenemos que anquilosarnos en esa situación, sino regresar al primer amor. Y si, incluso como Iglesia, volvemos al primer amor, si ponemos nuevamente a Dios en el centro (quitando del centro nuestras ideas y nuestras muchas ocupaciones), entonces daremos, nuevamente, fruto abundante.

Es curioso, pero si escucháis a la gente al salir de Misa, la mayoría hablan de la homilía, del coro, del organista, de las flores, de esa canción nueva que no nos gustó… Si os fijáis, solo hablamos de nosotros mismos, de nuestras expectativas, nuestras impresiones. Sueño con encontrarme con un grupo de católicos que, al salir de Misa me preguntaran: ¿crees que a Dios le ha gustado nuestra Misa?, ¿crees que Dios se ha sentido acogido en nuestra celebración?, ¿se ha sentido amado? ¡Esta es la cuestión! Más aún, si alguien se acercara al coro y le dijera: «esa nueva canción que habéis cantado no me gusta», habría que responderle «¿no le ha gustado? No se preocupe, ¡no la estábamos cantando para usted!» [risas y aplausos].

Si nos centramos en nosotros mismos, perdemos lo más hermoso de la adoración, de la relación con Dios. Cuando damos un beso no pensamos en nuestra boca, sino en la persona amada. Cuando vamos a un concierto no pensamos en nuestro estómago sino en la música, somos «todo oídos». ¡Eso mismo es la adoración! Quedarnos embelesados, fascinados, por Dios. Y si creamos ocasiones para que la gente pueda tener esa experiencia, si llenamos nuestras salas de oración de belleza, de música, no con una belleza exterior, superficial, sino con belleza cálida, acogedora, creando una atmósfera auténtica, si ponemos en primer lugar la oración en nuestra vida, sobre todo si desempeñamos un papel activo en la Iglesia; entonces, el fruto vendrá, daremos fruto abundante.

Y un último comentario para aquellos que están desempeñando un papel activo en nuestras comunidades sea como voluntarios, como laicos, como sacerdotes… El servicio de Dios puede volverse nuestro señor, el hecho de servir a Dios puede transformarse en nuestro dios. Esto es un gran peligro porque Dios es más importante que el servicio. Necesitamos tiempos para estar a solas con Dios porque, si no lo tenemos, ese servicio, ese ministerio pasará a ser nuestro maestro y señor. Hemos sido creados por un Dios que es belleza y amor, para que viviéramos una bella historia de amor con Él. Y si vives esta experiencia, darás testimonio de la fascinante belleza de Dios y los demás vendrán y verán, y la Iglesia será atractiva.

Quisiera terminar con una breve oración. Cerremos nuestros ojos, y por un momento concentrémonos en Jesús. No hay que imaginarlo como persona, solamente abramos nuestros sentidos hacia su persona e intentemos sentir su presencia. Él nos está esperando. Y si hay algo que nos fascinó esta tarde, que captó nuestra atención, hagámoslo oración. Utilicemos nuestras propias palabras, no hay que seguir ningún método ni ninguna fórmula concreta. Sé tú mismo, ora con tus propias palabras [silencio]. Dios, Espíritu Santo, te pido que llenes esta sala, que toques nuestros corazones con amor fresco hacia Jesús, acércanos a la comunidad, a su comunidad, con Él. Haz que demos fruto abundante y renueva tu Iglesia, para que el mundo venga y vea, y se sienta fascinado por Jesús. Eso te pedimos en el maravilloso nombre de Jesús. Amén. Que Dios os bendiga a todos. Muchas gracias.

Taller pronunciado por Johannes Hartl.
Traducción y edición de texto:
Mª Andrea Chacón Dalinger, m.e.n.,
y Mónica Mª Yuan Cordiviola, m.e.n.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: