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Hablamos con Él

Adoración Eucarística – Febrero 2012

“Rabí, tu eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel” (Jn 1,49)

Ambientación:

Nos estamos preparando para iniciar el próximo 11 de Octubre el <Año de la Fe>. En el motu propio <La Puerta de la Fe> de Benedicto XVI en el que nos convoca para este año, el Papa nos dice: “Queremos celebrar este Año de manera digna y fecunda. Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo” (nº 8).

Esta Hora Santa es tiempo de adorar a Jesús Eucaristía; tiempo de profesar nuestra fe en Él, en su Resurrección, en su Presencia sacramental en medio de nosotros. Tiempo para pedir aumento de fe: <Creo, Señor, pero aumenta mi fe>. Tiempo consolidar nuestra fe como respuesta confiada y generosa a su don y a su llamada.

Para esta confesión de fe, más plena y renovada, más convencida y esperanzada, nos fijamos en el testimonio de aquellos que, en el Evangelio, se encontraron con Él y, desde ese encuentro, su vida cambió totalmente. Uno de ellos es Natanael, amigo de otro discípulo, Felipe. Cuando éste le lleva hasta Jesús y se da cuenta que el Maestro le conoce muy bien por dentro, Natanael confiesa esta bellísima y auténtica profesión de fe: <Rabí, tu eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel> (Jn 1,49).

Canto de entrada: “Creo en Jesús, Él es mi Amigo”.

Oración inicial:

“Oh Dios, que nos llamas a intensificar nuestra fe en ti, desde la participación activa y fructuosa en la Adoración eucarística y la meditación asidua y familiar del Evangelio, concédenos, por intercesión de la Virgen María y los Apóstoles, a profesar con valentía nuestra fe en la Santa Trinidad, asumiendo tu exigencia de transmitir mejor a la generaciones futuras la fe de siempre. PNSJ”.

Proclamación del Evangelio:

• “Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: <Ahí tenéis un israelita de verdad, en quien no hay engaño>. Natanael le contesta: <¿De qué me conoces?>. Jesús responde: <Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi>. Natanael respondió: <Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tu eres el Rey de Israel>. Jesús le contestó: <¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees?>. Ha de ver cosas mayores>” (Jn 1,47-50).

Silencio meditativo.

Meditación sobre la fe:

1- La fe nace del encuentro con Jesucristo.

La fe es fruto del encuentro de Jesucristo con cada persona. El Evangelio está lleno de esos encuentro: Juan y Andrés, siguiendo al Maestro (Jn 1,35-29); Mateo, sentado a la mesa de los impuestos (Mt 9, 9-10); Natanael, presentado a Jesús por Felipe (Jn 1, 43-51); la samaritana, dialogando con aquel judío, en el pozo de Sicar, que le pedía agua para beber (Jn 4,5-26); la hemorroísa, buscando la curación, y Jairo, pidiendo la vuelta a la vida de su hija (Lc 8, 40-56); el ciego Bartimeo, a las puertas de Jericó, pidiendo compasión para poder ver (Mc 10, 46-52); el buen ladrón, suplicando la entrada en el Paraíso en el mismo momento de su muerte (Lc 23, 39-43); Pablo, en el camino de Damasco, recibiendo la luz y la gracia en el diálogo con Jesús resucitado (Hch 26, 12-19).

2- La fe cambia radicalmente la vida de quien cree en Jesús.

Del encuentro con Jesús, Dios hecho hombre, surge la fe. La fe en Jesucristo cambia radicalmente la vida de quien cree en Él. La fe en Cristo ilumina de tal manera al creyente que le empuja a comunicar esa <buena noticia> a otras personas, para llevarlas a Jesús.

– “Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)” (Jn 1, 41): Andrés a su hermano Simón.

– “Aquel de quien escribió Moisés en el libro de la ley y los profetas, lo hemos encontrado: Jesús, el Hijo de José, el de Nazaret” (Jn 1, 44-45): Felipe a su amigo Natanael.

– “Venid a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿será este el Mesías?” (Jn 4, 29): la samaritana a sus paisanos del pueblo llamado Sicar.

– “Caímos todos nosotros por tierra y yo oí una voz que decía en hebreo: <Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues? Duro es para ti dar coces contra el aguijón>. Yo dije: < ¿Quién eres, Señor? Y el Señor respondió: <Yo soy Jesús, a quien tú persigues>” (Hch 26, 14-15).

– Había dicho Jesús: “Creed en Dios y creed también en mí” (Jn 14, 1).

3- La fe es don sobrenatural y acto humano, a la vez.

“La fe es fundamento de lo que se espera, y garantía de lo que no se ve” (Hbr 11, 1), dice la carta a los Hebreos. La fe es la <madre> de la esperanza, convicción segura de la espera en Dios, que no defrauda jamás, que cumple siempre sus promesas. Es posesión anticipada de los bienes futuros, de la vida eterna.

La fe es un don sobrenatural, es gracia. “Para creer el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo” (CEC). Es Dios quien lleva la iniciativa, quien llama, quien sale al encuentro de quien le busca con sincero corazón.

La fe es acto humano. “Es la adhesión incondicional del hombre entero a Dios se ha revelado en la persona de Jesucristo. Es adhesión de la inteligencia y de la voluntad a la Revelación que Dios ha hecho de sí mismo mediante sus obras y sus palabras” (CEC 176).

La luz de lo alto que envolvió a Saulo en el camino de Damasco nos sigue envolviendo hoy. La acción del Espíritu Santo nos empuja a fiarnos como Pablo, y poder decir: “No me avergüenzo, porque sé en quien me he fiado, y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para velar por mi depósito hasta aquel día” (2Tm 1, 12).

“Creemos todas aquellas cosas que se contienen en la Palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia para ser creídas como divinamente reveladas” (Pablo VI).” (CEC 182). Obedecer en la fe es someterse libremente a la Palabra escuchada.

4- “Éste el misterio de la fe”: La muerte y resurrección de nuestro Señor Jesús.

El núcleo de nuestra fe es el misterio de la muerte y resurrección de Jesucristo: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!” (Misal Romano). “Cristo ha resucitado de entre los muertos y es primicia de los que han muerto” (1Co 15, 20).

La fe en Cristo Jesús nos lleva a proclamar que el Padre es el origen y la fuente de todo, que Él ha creado todas las cosas de la nada, que la realidad de lo creado nos conduce, por esta misma fe, a descubrirle en todas sus criaturas: “Por la fe sabemos que el universo fue configurado por la Palabra de Dios, de manera que lo visible procede de los invisible” (Hbr 11, 3).

Silencio meditativo

Escuchemos el testimonio de nuestro beato Manuel González:

A través de estas palabra de D. Manuel, en su libro <Así ama Él>, contemplamos las maravillas que Jesús obra en quien cree en Él y se deja traspasar por el amor infinito del Corazón de Jesús, en especial en los momentos de estar ante el Sagrario o en Adoración Eucarística.

El título de este párrafo (<Cómo ama a los buenos>), ya está indicándonos cómo hemos de ser humildes ante Él para dejarnos amar y cómo nos pide la misma sinceridad de Natanael siempre:

• “Cómo ama a los buenos:

• Lo que les dice:

1º Los llama y los trata como discípulos. 2º Como apóstoles. 3º Amigos. 4º Hermanos. 5º Hasta madre suya. 6º Les descubre la explicación y el secreto de sus parábolas. 7º Sus profecías. 8º Les pregunta con interés por sus enfermedades, dolores, ansiedades.

• Lo que dice de ellos:

1º Cómo elogia a los santos de la antigua ley ya san Juan Bautista. 2º Cómo alaba las acciones buenas de los gentiles de buena fe. 3º Cómo descubre la sinceridad de Natanael.

• Lo que da a los buenos:

1º Los mismos bienes que a sus enemigos, pero con mayor abundancia y complacencia. 2º Una condescendencia infinitamente paciente en soportar sus preguntas extemporáneas, sus intenciones no rectas, sus groserías e indelicadezas a veces, sus indiscreciones y deslealtades, no pocas. 3º Una generosidad inefable en darlo todo y darse del todo. 4º Su doctrina. 5º Sus ejemplos aun en los pormenores más íntimos. 6º Su defensa. 7º Su Gracia. 8º Su sacerdocio. 9º Su Eucaristía. 10º Sus Sacramentos. 11º Su Iglesia. 12º Su Madre por Madre nuestra. 13º Su vida de méritos infinitos, dolores incomparable, de virtudes eximias y de amor inextinguible. 14º La gloria eterna. 15º A su Padre. 16º Al Espíritu Santo” (oo. cc. 369).

Alabanzas a Jesús Sacramentado por todo lo que nos ama:

Respondemos: “Bendito y alabado seas, Señor Jesús”.

– Porque nos sigues llamado a ser tus discípulos. R/

– Porque no dejas de llamarnos <amigos>. R/

– Porque nos tratas como hermanos, amigos y discípulos. R/

– Porque nos descubres el secreto de tus parábolas con explicaciones sencillas. R/

– Porque te interesas por nuestras enfermedades, dolencias y ansiedades. R/

– Porque nos descubres la sinceridad de Natanael. R/

– Porque nos conoces en lo más profundo de nuestra alma, como a Natanael. R/

– Porque nos pides no tengamos doblez ni engaño, como a Natanael. R/

– Porque nos bendices con toda clase de bienes espirituales y celestiales. R/

– Porque eres infinitamente paciente para soportar nuestra miseria. R/

– Porque eres misericordioso cuando pecamos. R/

– Porque tu generosidad no tiene medida y te da del todo. R/

– Porque tu ejemplo de vida nos estimula a darnos sin medida. R/

– Porque te has quedado con nosotros todos los días en la Eucaristía. R/

– Porque tu Gracia nos bendice y nos santifica. R/

– Porque nos invita a ir cada día al Sagrario a adorarte y reconocerte como Rey. R/

– Porque nos ha dejado a María, tu Madre, como Madre nuestra. R/.

– Porque eres el Camino que nos conduce al Padre. R/

– Porque envía de continuo el Espíritu Santo a tu Iglesia y a cada uno. R/

Oremos a nuestro Dios, diciendo: Padre Nuestro…

Oración Final:

• “Oh buen Jesús, Cristo Sacramentado, te alabamos y te bendecimos por el don de la fe, por salir cada día a nuestro encuentro invitándonos a una mayor amistad contigo; concédenos que este tiempo de Adoración eucarísticas haya sido para mayor gloria tuya y aumento de nuestra fe, esperanza y caridad. PJN”.

Adoración Eucarística – Diciembre 2011

«El renuevo del año 2012»

Ponemos nuestra mirada ante ti, Jesús Eucaristía, y nuestro corazón junto a ti. Tú eres siempre un «Renuevo». En este tiempo en que recordamos tu venida, tu presencia entre nosotros, nos acercamos a ti con la inquietud de quien espera algo nuevo y con la gratitud de quien confía como un niño en brazos de su madre.

¿Quién nos puede dar ese «Renuevo»? El Espíritu de Amor.

¿Cómo podemos ser brote nuevo? Siguiendo el ejemplo de la que siempre dijo «Sí».

¿Hacia dónde se encaminan los frutos? A todos los hombres y mujeres de buena voluntad.

 Proclamación de la palabra:

Is 11,1-3a

«Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, un vástago brotará de sus raíces. Sobre él reposará el espíritu del Señor: espíritu de inteligencia

y sabiduría, espíritu de consejo y valor, espíritu de conocimiento y temor del Señor. (Lo inspirará el temor del Señor).

Silencio

Para meditar

1- ¿Quién nos puede dar ese «Renuevo»? Solamente el Espíritu de Amor.

Sólo el Espíritu de Amor nos puede dar el don del Cielo, el Renuevo del tronco de Jesé. Sólo el que es el Amor eterno de Dios nos puede enseñar a amar.

Se puede recitar o cantar esta invocación al Espíritu

«¿Quién me da la vida
si no eres Tú, Espíritu de Dios?
¿Quién me llena de esperanza?
¿Quién guía mis pasos?
¿Quién alivia en el cansancio?
¿Quién impulsa el corazón
si no eres Tú?
Eres la brisa suave
y la fuerza del mar,
quien dentro de mí mismo
me hace clamar,
me hace gritar.
Espíritu de Dios,
consuelo y amor,
Susurro y fortaleza,
luz y certeza,
recuérdame el amor
de mi Creador
a su criatura pequeña.
Autor de todo bien,
bondad y calma,
Huésped de mi alma,
enséñame a vivir
esperando de Ti
todo don y toda gracia.
¿Quién me da la vida
si no eres tú,
Espíritu de Dios?
Eres creador de ilusiones,
¿Quién conforta y da luz?
¿Quién da sentido a la cruz?
¿Quién sana el corazón,
si no eres Tú?
Eres la promesa esperada,
haces vida la Palabra.
Por ti florece el amor,
por ti crece la Creación».

Canto: Oh Señor, envía tu Espíritu

2- ¿Cómo podemos ser brote nuevo? Siguiendo el ejemplo de la que siempre dijo «Sí».

Se puede llevar al altar una vela encendida en cada petición o cantar la antífona:

«Quiero decir que sí, como tú, María, como tú, un día, como tú, María».

• María Inmaculada, quédate en medio de nosotros, como en el Cenáculo…

• María, llena de gracia, haznos sentir la gracia del Espíritu Santo…

• María, pobre y humilde, vístenos de tu pobreza y humildad…

• María, pequeña esclava, enséñanos a servir…

• María, la que creíste, contágianos de tu fe…

• María, Virgen de Adviento, enséñanos a esperar…

• María, enamorada de Dios, enciéndenos en amor…

3- ¿Hacia dónde se encaminan los frutos? A todos los hombres y mujeres de buena voluntad. El beato Manuel González nos indica el camino.

Escuchemos al beato Manuel González

«En un árbol hay frutos, flores, hojas, ramas, tronco, raíz y raicillas. Todo en él tiene su utilidad y su importancia, pero no todo tiene el mismo gusto.

¿No es verdad que gusta mucho más el fruto maduro y dulce que la raicilla terrosa, obscura, irregular y casi imperceptible?

¿A que si fueran sujetos capaces de libertad las diferentes partes del árbol, a todas les gustaría ser fruto que endulza, o por lo menos hoja que da sombra, que raicilla ignorada? ¡A que sí!

Y, sin embargo, un árbol sin fruto y sin hojas es árbol y vive; pero sin raicillas tan feas y tan despreciables se seca y se muere.

¿Comprendéis el ejemplo?

Raicillas casi imperceptibles y metidas debajo de la tierra del gran árbol de la Iglesia, el divino Sembrador os quiere ahí para que con el jugo que labréis con vuestros sudores y lágrimas, y con el rocío de la gracia del cielo, estéis alimentando ese árbol por Él plantado. ¿Lo oís bien? Vuestra misión como raicillas no es más que esa: dar jugo en la medida que podáis; no os inquietéis por lo demás.

Cuando el Sembrador bueno quiera, vuestro jugo ensanchará el tronco del árbol, se convertirá en hojas que den sombra y aires puros, en flores que recreen y en frutos que alimenten y regalen a las almas y a los pueblos.

En vuestro oficio de raicillas no busquéis más satisfacción que la que sentirían las del árbol del ejemplo, si fuesen capaces de sentirla: ¡la satisfacción de contribuir a la vida de su árbol! ¡No busquéis otra!» (OO.CC. III, 3544-3546).

Oración final

Oh Dios que nos prometiste un renuevo del tronco de Jesé y cumpliste tu palabra en el nacimiento de tu Hijo, nuestro hermano, concédenos un corazón abierto como el suyo para ser savia nueva en este mundo que tanto necesita de tu amor misericordioso. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

Adoración Eucarística – Noviembre 2011

«Creo, Señor, pero ayuda a mi falta de fe»

AMBIENTACIÓN INICIAL: “año de la fe”

El domingo 16 de octubre, Benedicto XVI convocaba a toda la Iglesia a un “Año de fe” (octubre 2012 a noviembre 2013), con el motu proprio”: “Porta fidei” (“La puerta de la fe”).

El objetivo de este Año de la fe es dar un renovado impulso a toda la Iglesia para conducir  a los hombres desde el desierto del eclipse de Dios hacia el lugar de la vida, en la amistad con Cristo, que os conduce a la vida en plenitud.

“El Año de fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo”. “El Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe”. “El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad (…) La fe sin caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda”.

“Nos urge la caridad de Cristo” (2 Cor 5,14), nos dice san Pablo. Palabras de plena actualidad. Nos urge la misión evangelizadora, porque, quien se ha dejado encontrar y amar por Cristo, siente la llamada apremiante de proclamar el Evangelio en todo lugar y tiempo, a toda persona.

Nos urge, hoy, un mayor compromiso a favor de la nueva evangelización tal como ya lo anunciaba Juan Pablo II: nuevo ardor, nuevos métodos, nuevo lenguaje. Nos urge dar testimonio personal de ese encuentro con Cristo, que transforma radicalmente la vida de quien se ha dejado “alcanzar” por Él. Nos urge ser portadores del fuego del Espíritu y de la verdad de la Palabra para Mostar, a tantos que viven en la oscuridad, la alegría de crecer y el gozo de celebrar y vivir la fe en comunidad:

“No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir <por su cuenta> o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él” (Benedicto XVI, Homilía en Cuatro Vientos, JMJ, 21 agosto).

Adoremos hoy a nuestro Señor, Jesús Eucaristía, postrados a sus pies, invocando al Espíritu Santo, dejándolos encender en el fuego del Amor divino, para comunicar a los demás la alegría de nuestra fe.

ESCUCHEMOS LA BUENA OTICIA DE LA SALVACIÓN: Mc 9, 14-29

Puntos para meditar:

  • Jesús desciende del monte de la Transfiguración. Se encuentra con una gran muchedumbre. Vienen a saludarle. Sienten simpatía por el Nazareno. Él se da cuenta de una situación especial. Pide explicaciones.
  • Los discípulos se debaten con este caso doloroso del niño poseído por un espíritu maligno. No son capaces de resolverlo. Las personas implicadas están sufriendo mucho. Los discípulos se sienten superando por la fuerza del mal.
  • En esta situación, el padre del niño enfermo se presenta ante Jesús. El padre le muestra todo su afecto. Recurre a Él. No se resigna ante el fracaso de los discípulos. Su hijo es presa de convulsiones. Va directamente al Maestro. Su petición  es humilde y decidida: “Maestro, te he traído a mi hijo”.
  • Jesús, después de mostrar la incredulidad de aquellas gentes, exclama: “Traédmelo”. El padre se muestra en toda su verdad y confianza: “Si puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”. ¡Con qué poco se conforma: “Si algo puedes…”! Tiene clara conciencia de su pequeñez: “Creo, pero ayuda mi falta de fe”.
  • El padre no muestra ningún resentimiento contra los discípulos, aunque éstos fueron incapaces de curar al niño. Sólo muestra su dolor ante la impotencia del mal que domina a la criatura.
  • Jesús escucha, acoge y atiende la súplica de aquel padre. Llena de esperanza la expectativa de ese hombre: “Todo es posible al que tiene fe”. La fe es confianza en la Palabra divina. La fe es abandono en las manos de Dios. La fe es la aceptación de que Jesús es el Salvador, el Enviado del Padre, el Mesías que habría de venir.
  • Quien cree en Él se deja invadir por el Espíritu Santo, se deja penetrar de la fuerza del Altísimo, se fía de su poder transformador. Quien cree en Jesús se abre a la gracia del infinito amor del Padre y vive en íntima amistad con el Amigo. En Cristo y por Cristo, se superan las dificultades, la esclavitud del pecado, la incertidumbre de la enfermedad, el  miedo a la muerte. En Cristo y por Cristo se vence el poder del Maligno. Cristo ya ha vencido el pecado y la muerte.
  • Jesús se enfrenta con el mal espíritu: “increpó al espíritu inmundo”. Éste salió del niño. ¡Qué contraste entre la rigidez del niño cuando es poseído por el  diablo y la ternura de Jesús cuando le levanta cogiéndolo de la mano! El niño ha “resucitado” a una vida nueva. “Se puso en pie”. Después de ser sanado, puede valerse por sí mismo. Está ya libre de toda esclavitud.
  • Jesús enseña a los suyos dónde reside la fuerza para expulsar todo tipo de mal: la oración. Oración que es confianza en el Padre, abandono en sus manos, deseo de vivir y cumplir su voluntad, hecha con todo el corazón y firme determinación. “Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo” (Jn 14,13).

Escuchemos a nuestro beato Manuel González

  • nº 3905-3907

3905. Así podía calificarse la faena que en el caso que os voy a contar realizó un gracioso malo.

   La escena se desarrolló en el patio de una Academia militar, no diré de qué nación.

   En medio de uno de los descansos de la instrucción, se presenta un jefecito subalterno y ahuecando la voz y afectando ademán y gestos de general en jefe, grita: ¡a formar!

   Obedecido por todos con la rapidez de la disciplina militar, prosigue el instructor en el mismo tono ahuecado:

   -Señores cadetes, el que de vosotros padezca de lombrices que dé un paso al frente.

   Cara de perplejidad y de aguantar una enorme explosión de risa por parte de todos.

    -Y digo esto porque en la instrucción que se estaba haciendo, a alguno de vosotros seguramente se le ha salido una lombriz… (y en tono irónico) quizá de miedo… quizá de debilidad… Y levantando con el extremo del cañón de un fusil un objeto oscuro tirado en el suelo, ostenta y pasea con jactanciosa cara por ante los ojos de todos ¡un rosario!

   -¿A quién se le ha salido esta lombriz, caballeros cadetes?

   3906. La risa explotó como el estrépito de una batería de cañones; pero con la misma fuerza que explotó parece que se reprimió con la aparición, tal fue la velocidad del salto que dio desde las últimas filas en que formaba hasta ponerse cuerpo a cuerpo en presencia del jefecito, de un joven cadete que con la serenidad del que da los buenos días a un amigo:

   -Ése es mi rosario… dijo, y tomándolo de la punta del fusil se santiguó con él, besó su cruz y sonriendo se volvió a su lugar.

   3907. Si a la explosión de risotadas había seguido un silencio escalofriante, al silencio sucedió una salva cerrada de aplausos, que al fin y al cabo el corazón juvenil es siempre generoso.

   La gallardía heroica del mozo pisoteando el miedo al ridículo, había hecho salir por la culata el tiro del ingenio, sin bondad, del desventurado jefecito… Pero ¡a cuántos pobres incautos ha herido y asesinado el tiro del ridículo disparado por el ingenio malo!

  • nº 542-543

542. ¡Qué desolación! ¡Qué misterio de aberración humana y de paciencia divina! ¿Verdad?

   Quizás una fe débil y superficial reciba escándalos y padezca desmayos de esa derrota aparente mía, pero tu fe, que como de María debe ser ilustrada y honda, debe tomar de esas mis derrotas estímulos y alientos, orientaciones y activida-des.

   Sí, desagraviadora de mi Corazón, dilo sin miedo aunque con pena: son muy pocos los que me sirven, como también son pocos en el mundo los puros de corazón, los abnegados del alma, los rectos de intención, los humildes, los misericor-diosos, los agradecidos, los leales, los verdaderos sabios, los héroes, los mártires… El día en que éstos llegaran a ser muchos y Yo siguiera con pocos, ese día sí que era el de mi derrota verdadera; pero no temas, ¿cuándo va a llegar ese día?

   Sabe para tu gobierno y para tu paz que ya previne en mi Evangelio que los míos serían pocos, por mucho que  se dilatara mi Iglesia y aun cuando llegara hasta los confines del mundo, y que a esa pequeñez por su número y a esa grandeza por su humildad, su mansedumbre, su pureza, su caridad y su abnegación, había puesto su complacencia el Padre mío en dar el Reino, el de la tierra y el del cielo, el de la tierra que tendrían siempre debajo de sus pies y el del cielo porque dentro de su gozo vivirían eternamente…

   543. ¿Entiendes ahora por qué quise llamar a la familia de los míos de todos los tiempos con el tan humilde como dulce nombre de rebañito? ¿Ves toda la luz que sobre tus miedos y tus esperan-zas, sobre tus trabajos de hoy y tus frutos de mañana, sobre la pequeñez de nuestro número y de nuestra fuerza y el desprecio con que miran nuestra pequeñez los de fuera derrama esa palabra iluminadora? Déjame, pues, que te repita una vez más mi palabra del Evangelio.

   «No temais, rebañito, que vuestro Padre se ha complacido en daros el Reino…».

  • nº 578-579

578. ¡Hombre de poca fe!…

   ¡Encuentro tan poca fe viva en torno mío que algunas veces, muchas veces, podrían de nuevo mis Evangelistas escribir aquella desoladora frase: Porque ni sus hermanos creían en Él (Jn 7,5).

   ¿Podría explicarse de otro modo tanto desaliento de los míos, tanto criterio humano o terreno en materias de suyo sobrenaturales, tanto afán de premio de tierra, de comodidad de tierra, de honor de tierra, de vida de tierra, tanto lamentarse y entristecerse y desesperarse como si Yo no fuera Yo y no estuviera donde estoy, tanto contar con el hombre y con su pobre y desmedrado poderío y tan poco contar conmigo, tanto amor de sí y tan poco amor de Mí?…

   Sacerdote mío, ¿verdad que todo eso es falta de fe viva o sobra de fe muerta o amortiguada? ¿Verdad que tengo razón de quejarme de la poca fe de los míos y de echar sobre ellos el reproche del vacilante Pedro: ¡Hombre de poca fe!?…

   ¡Si se creyera en Mí!

    Fe viva

    579. Pero ¡con lógica, con consecuencia, con formalidad y con constancia!

   Si con esa fe se creyera en mi Sagrario, ¿quién te ha dicho que habría tanto sacerdote fluctuante en las congojas del desaliento y del pesimismo o ahogado entre las olas turbias de tentaciones y tibiezas?

   Tú al menos, sacerdote, que me visitas en mi Sagrario, cree así en Mí.

   Y creyendo en Mí, verás cómo tienes fe en tu ministerio, que es divino; en tu palabra, que es mía; en tu oración, que es de la Iglesia, en tu acción que es ministerial; hasta en tu presencia, que me representa a Mí.

   Y con esa fe verás qué acompañado te sientes y con qué decisión y firmeza andas sereno sobre todas las olas reales y simbólicas y hasta sobre brasas encendidas sin mojarte ni quemarte.

Letanías a Jesús- Eucaristía

Adoremos a Jesús Eucaristía respondiendo todos:

R/ “Quédate con nosotros, Señor”

–          Jesús Eucaristía, fuente de Agua viva. R/.

–          Jesús Eucaristía, cumbre del Amor transfigurado. R/.

–          Jesús Eucaristía, Vid verdadera de todo sarmiento. R/.

–          Jesús Eucaristía, Palabra Eterna del Padre. R/.

–          Jesús Eucaristía, Pan de Vida Eterna. R/.

–          Jesús Eucaristía, alimento que sacia toda hambre. R/.

–          Jesús Eucaristía, manjar del cielo y bebida de salvación. R/.

–          Jesús Eucaristía, Cuerpo entregado y Sangre derramada. R/.

–          Jesús Eucaristía, Salvación de la humanidad. R/.

–          Jesús Eucaristía, Víctima propiciatoria por los pecados. R/.

–          Jesús Eucaristía, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. R/.

–          Jesús Eucaristía, Luz de las gentes. R/.

–          Jesús Eucaristía, Santo de los santos de Dios. R/.

Oración final:

  • “Oh Dios, que has convocado a tu Iglesia, Esposa de Cristo, a través del Papa Benedicto, a ese próximo “Año de la fe”, para rescatar a los hombres del desierto del sinsentido y conducirlos al lugar de la vida, tu Hijo amado, Camino de plenitud; concédenos una auténtica y sincera profesión de nuestra fe, ungidos por el Espíritu, para reanimarla, purificarla, confirmarla y confesarla con valentía y decisión firme, en medio de nuestro mundo” PNSJ.

Adoración Eucarística – Octubre 2011

«No son del mundo, como  tampoco Yo soy del mundo»

Para cumplir su misión, la Iglesia deberá tomar distancia respecto a su entorno, deberá, por así decirlo, «desmundanizarse».

Son palabras del Papa Benedicto XVI en su viaje a Alemania el pasado mes de septiembre; palabras ante los católicos comprometidos de aquel país (Friburgo, 25 de septiembre).

¿Qué significa «desmundanizarse»? «Que ella se diferencie profundamente del ambiente humano en el cual vive y al cual se aproxima», dijo Pablo VI.

Este es el gran reto ayer y hoy para la Iglesia: estar en el mundo sin mundanizarse; ser instrumento de la Redención de Cristo sin pegarse a los criterios de moda; ser servidora de los hombres sin contaminarse del secularismo galopante; abrirse a los gozos y esperanzas, angustias y problemas de los hombres de hoy, sin atarse a las corrientes de pensamiento o de política del momento actual.

La Iglesia es Esposa de Cristo. Sólo a Él le pertenece. La Iglesia ha de hacer el esfuerzo, una y otra vez, de desprenderse de estilos de organización que le impidan ser libre para anunciar el Evangelio a tiempo y a destiempo.

La Eucaristía es el Sacramento del Amor, fuente y cumbre de la vida cristiana, máxima expresión de la caridad del Esposo-Cristo a su Esposa-Iglesia.

La Eucaristía, bien vivida y celebrada, ayuda a cada comunidad cristiana y a cada católico a purificar su fe, a consolidar su identidad y a dinamizar su espíritu misionero.

Canto inicial

Que la lengua humana cante este misterio, la preciosa Sangre y el precioso Cuerpo.

Proclamación de la Palabra

Jn 17,15-18.

Puntos para orar:

El cristiano está llamado a ser luz del mundo y sal de la tierra. Por tanto, ha de implicarse en las realidades terrenas con pleno compromiso y con total entrega.

Pero, a la vez, ha de vivir dejando que quien es la luz, Jesucristo, le llene por completo, le ilumine –desde el Evangelio– en esa implicación en el mundo, para no mundanizarse, para no caer en las redes del maligno, rezando con verdad las dos últimas peticiones del Padre Nuestro: «No nos dejes caer en la tentación» y «líbranos del mal».

La Iglesia está necesitada de permanente conversión, de verdadera reforma de estructuras y organizaciones «mundanizadas» o sin espíritu de pobreza y sencillez, sin espíritu evangélico.

Sólo así su Mensaje será creíble y sus miembros daremos testimonio de «ser de Cristo», de estar colmados de Él, de ser misioneros con el fuego del Espíritu, el ardor de la Palabra, la conciencia de ser enviados y el gozo constante de darse a los demás.

Escuchemos al beato Manuel González

Convertido el mundo en un gigantesco cinematógrafo, vémonos obligados los que en él vivimos a presenciar el desfile vertiginoso de instituciones, figuras, ideas, obras que crearon las generaciones y consolidaron los siglos y su sustitución por instituciones y obras de ayer, de hoy, del instante presente para, con la misma rapidez con que subieron, caer en el foso de la oscuridad de donde salieron.

He buscado datos para componer o formular una definición de la hora presente y no he hallado ninguno contundente, fijo y exclusivamente característico; donde quiera que me he acercado en demanda de ellos, en vez de una respuesta he recibido una pregunta:

¿A dónde vamos? Es la pregunta que, con miedo o con esperanzas, y cada cual bajo una forma, todos los hombres y todas las instituciones se hacen a sí mismos en estos momentos de rebeldías triunfantes, de pasiones hasta ahora hipócritas y desde ahora desvergonzadas, de anhelos legítimos, tan pronto a convertirse en bellas realidades como en quimeras absurdas.

¿A dónde vamos? Se pregunta la política, y el derecho de gentes, y el de propiedad, y la moral, y el orden social, y los valores todos, hasta ahora recibidos, y un encogimiento de hombros general es la respuesta que se obtiene.

¿A dónde vamos? Nos preguntamos también los católicos, ¿al caos, a la casi total desaparición de la fe, precursora del juicio final, o a la aurora del día de la justicia y de la paz para con Jesucristo y su Iglesia?

Y, aunque la Iglesia sabe siempre a dónde va, porque el dedo de su Fundador, Jesucristo, infalible e indefectible, está señalándole sus senderos y el punto definitivo de llegada, no deja de experimentar zozobras y angustias al prever y presentir en estos momentos de lucha descomunal la sangre y las almas de hijos suyos que se le van a quedar por los campos de batalla de varias clases… (OO.CC. III, 4770-4771).

Preces

  • Presentemos a Dios-Amor nuestras necesidades, las de la Iglesia y las de los hombres. Respondamos diciendo:
  • Señor, bendice y purifica a tu Iglesia
  • Señor, Creador, que has dado a tu Hijo como Esposa a la Iglesia, purifica a tu pueblo peregrino de todo aquello que no sea tu voluntad.
  • Padre de la misericordia, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, haz de la Iglesia signo eficaz de salvación y continuadora valiente de la misión de tu Hijo, el Enviado.
  • Señor de cielo y tierra, que has creado todo con amor providente, haz que los cristianos sepamos estar en el mundo, en medio de los hombres, sin «mundanizarnos».
  • Padre Eterno, que nos has creado para alabarte, bendecirte y servirte en la entrega a los más necesitados, dispón nuestro espíritu para que usemos de los bienes en tanto en cuanto nos conducen a ofrecerte mayor gloria y alabanza.
  • Padre Santo, que quieres a tu Iglesia libre de toda atadura y componenda social y política, rompe dentro de ella toda estructura, organización y riqueza que no favorezca su misión evangelizadora.

Oración final

Oh Dios, fuente del Amor y la Sabiduría, que nos garantizas en la palabra de tu Hijo que el poder del infierno no derrotará a tu Iglesia, concédenos a los cristianos de hoy, vivir «desmundanizándonos» de todo apego a este mundo. Amén.

Miguel Ángel Arribas, Pbro.
 
 

Adoración Eucarística – Septiembre 2011

«Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18)

 

Ambientación inicial:

El Vicario de Jesucristo en la tierra nos ha confirmado en la fe en ese acontecimiento tan intensamente vivido el pasado mes de agosto: la Jornada mundial de la juventud.

Un huracán de viento impetuoso, el viento del Espíritu, al modo de un nuevo Pentecostés, ha soplado en el corazón de los jóvenes y en el seno dela Iglesia.Unterremoto de alegría desbordante y paz serena, de canto jubiloso y sentido fraterno, ha conmovido las calles de Madrid. Hasta los más escépticos dentro de la Iglesia, o los más «anticatólicos», se han tenido que preguntar ¡necesariamente! «¿Quién es capaz de convocar, hoy, a dos millones de jóvenes? ¿Qué tiene Jesucristo que sigue atrayendo con la misma fuerza que hace dos mil años?».

Jóvenes de todo el mundo (más de 193 países) han rezado, cantado y reído en Madrid; han pasado largas horas adorando al Santísimo Sacramento o llenando los templos donde se impartían las catequesis de sus Obispos; han aguantado el calor del verano o la fuerte tormenta de viento y lluvia enla Vigilia; han regresado a sus lugares de origen más valientes, más decididos a testimoniar el Evangelio o a confesar su amor incondicional a Jesucristo y su pertenencia ala Iglesiacatólica.

Sí, han cantado una y otra vez el estribillo del Himno de esas jornadas:

 

Firmes en la fe, firmes en la fe,

caminando con Cristo, nuestro Amigo, nuestro Señor.

¡Gloria siempre a Él! ¡Gloria siempre a Él!

Caminamos en Cristo firmes en la fe.

Alabado y bendito sea nuestro Dios, Uno y Trino, que quiso dejarnos en su Iglesia a Pedro como cabeza visible de quien es su Cabeza, Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Alabada y Bendita seala SantaTrinidad, que nos ha dejado en los Sucesores de Pedro los pastores buenos, oportunos y necesarios para regir los caminos del Pueblo de Dios, que gobiernanla Iglesiacon sabiduría y santidad, para que sea llevada por el Espíritu Santo a la perfección de la caridad.

Alabado y bendito sea el Señor que ha cumplido, en estos veintiún siglos de historia, su Palabra: «Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18).

Canto: Firmes en la fe (Himno JMJ)

Proclamación del Evangelio: Mt 16, 13-20.

Silencio meditativo

Puntos de oración:

 

  • Ayer, como hoy, muchos se hacen una pregunta meramente externa sobre Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?». La respuesta es sólo superficial: un gran líder religioso, un revolucionario, un gran hombre, un profeta. También hoy nos podemos quedar sólo con lo externo de Jesús: una noticia más entre tantas.
  • Pero Jesús, ayer y hoy, va directo al corazón de quien lo busca: «Y tú, ¿quién dices que soy yo?». No quiere respuestas aprendidas. Quiere que le respondamos desde lo más profundo, lo que ya estamos viviendo en la relación con Él, o desde aquello que el Espíritu nos mueve a responder: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
  • El Papa, en Cuatro Vientos, hacía caer en la cuenta a los jóvenes cómo la respuesta de Pedro es totalmente novedosa, impensable para la mentalidad judía de entonces. La confesión de fe de Pedro sólo puede venir de lo Alto. Por eso Jesús le llama a Pedro «¡Bienaventurado!». Sí, dichoso, feliz. Esa respuesta sólo se la pudo revelar el Padre Dios, que está en los cielos.
  • Benedicto XVI insistía a los jóvenes, también a todos, cómo esa fe en Jesucristo no se puede vivir de manera aislada o individualista. No. Sólo en el seno dela Iglesiacrece la fe, se viven y celebran los Sacramentos, se camina con otros en comunidad, se deja uno pastorear por los que Él ha elegido para esta misión.
  • Jesucristo esla Rocainconmovible dela Iglesia.Peroel mismo Señor nombró a Pedro como piedra visible para edificar su Iglesia desde la potestad de gobierno sobre ella y como siervo de los siervos de Dios. Los jóvenes católicos de todo el mundo así han reconocido a Benedicto XVI, Sucesor del príncipe de los Apóstoles; y así se han sentido confirmados en la fe y enviados, con la fuerza del Espíritu Santo, a ser testigos de Jesucristo, muerto y resucitado.

Silencio meditativo

Canto: Un solo Señor, una sola fe

Escuchemos a nuestro beato Manuel González

«“Y vosotros, ¿quién decís que soy Yo?”

Hace veinte siglos que tus labios, Maestro santo, se abrieron para dar paso a esa pregunta y durante esos veinte siglos no ha alumbrado el sol ningún día en que no hayas repetido tu pregunta.

¿Quién decís que soy? sacerdotes que servís a mi altar, cristianos que me coméis en Comunión, y los que nunca pasáis por delante de mis Sagrarios… ¿quién soy?, ¿quién soy?

Y ¿por qué tanto preguntar lo mismo, Señor?

Y ¿por qué precisamente a los que mejor deben saberlo?

¿No te vienen respondiendo los hombres llamándote Padre nuestro, Cristo Hijo de Dios vivo, Salvador del mundo, Maestro de toda la verdad, Corazón santo, Dios con nosotros, Santísimo Sacramento, Buena Gracia o Eucaristía?

¿Por qué a pesar de esas respuestas sigues pregun­tando?

¡Ah!, no me lo digas, que ya mi corazón lo adivina y lo siente.

Es nuestro comportamiento contigo la causa de tu insisten­cia.

Es la discrepancia, que diría infinita, entre la respuesta de nuestros labios y la de nuestras obras la que te hace no creernos, ni fiarte de nuestra palabra.

Porque si te decimos Padre, ¿por qué no quererte como hijos? Si te decimos Hijo de Dios vivo, ¿por qué no adorarte sobre todo y por qué tratarte como muerto? Si te proclamamos Salvador y Maestro del mundo, ¿por qué buscar nuestro bien y nuestra verdad fuera de Ti? Sí Corazón Santo, ¿por qué no te rendimos el nuestro pecador? Si Dios con nosotros y Eucaristía, ¿por qué abandonamos el Sagrario?

El Evangelio dice que la primera vez que se hizo esta pregunta fue respondida con gallarda y bellísima confesión: Tú eres Cristo Hijo de Dios vivo, pero que la segunda vez que se volvió a hacer obtuvo esta otra tan triste como injusta y falsa: No conozco a ese hombre.

Y cuenta que fueron los mismos labios los que dieron las dos respuestas.

Y esa frase ¡ha tenido tanto eco!, ¡se ha dicho y se dice tantas veces por los cristianos de boca y paganos de obras y de corazón!

¡Son tantos los discípulos en los que no se conoce nada del Maestro y que dan muestras de no conocerlo!

De verdad, Jesús querido, que tienes motivos para seguir, como en el Evangelio, no fiándote de nosotros (Jn 7,5)».

(Qué hace y qué dice el corazón de Jesús en el Sagrario: OO.CC. I, nn. 524s)

Silencio meditativo

 

Oración de los fieles


Presentemos al Padre de la Misericordianuestra súplica confiada, delante de su Hijo, Cristo-Eucaristía: R/. Padre Santo, edifícanos en Cristo y haznos firmes en la fe.

  • Padre de todos, santifica a tu Iglesia en la verdad, para que fiel a la confesión de Pedro, conserve íntegra la fe en Cristo, tu Hijo vivo y resucitado, y anuncie con audacia el Evangelio dela Salvación y sean muchos los que le conozcan y se salven. R/.
  • Padre Santo, santifica al Papa Benedicto XVI, para que, fortalecido por el Espíritu y consolado por las palabras de Cristo a Pedro, gobierne la Iglesiacon sabiduría y siga dando testimonio de la unidad que hay entre la fe y la razón. R/.
  • Padre Eterno, con dolor, te presentamos a los jóvenes que no creen, o que no conocen a Cristo, o que se han separado dela Iglesia; abre su corazón a la búsqueda de la verdad, caminen por senderos de bien, y mediante el testimonio de otros jóvenes católicos, reciban el don de la fe, la esperanza y la caridad. R/.
  • Padre Creador, acuérdate de los que son víctimas del hambre y de la guerra, de los más pobres y desesperados, de los que son esclavos de ideologías ateas o poderes injustos; quela Iglesiasea su consuelo y fortaleza, y ella misma trabaje incansable por la justicia para todos y la paz universal. R/.
  • Padre, Fuente de todo, sigue bendiciendo con tu Espíritu a todos los jóvenes que han participado enla Jornadamundial de la juventud, arráigalos en Cristo, edifícalos enla Rocafirme dela Palabra, aliméntalos conla Eucaristíay haz que se mantengan siempre firmes en la fe, para que den testimonio de la alegría del Evangelio donde quieras que vayan. R/.

Oración final:

 «Padre Santo, Señor de cielo y tierra, tú has enviado a tu Hijo como Salvador y Mesías, encarnándose en el vientre purísimo dela Virgen María; concédenos a cuantos le reconocemos en su Presencia eucarística como Dios y como Hombre verdaderos, y le recibimos enla Sagrada Comunión, hacernos semejantes a Él en su divinidad». PJNS.

Adoración Eucarística – Junio 2011

«El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo»

(Jn 6, 52)

La solemnidad del Cuerpo yla Sangrede Cristo cada año es una nueva oportunidad que nos concede el Señor, a toda la Iglesia, de celebrar lo esencial de nuestra fe:La Muertey Resurrección de Cristo; y de adorar su Presencia real y sacramental, en el Pan Eucarístico, en las calles de nuestros pueblos y ciudades.

El «Corpus Christi»

En estos tiempos de increencia creciente, de laicismo galopante, de desaparición de signos cristianos en escuelas y lugares públicos, las procesiones de ese día del Corpus Christi han de ser un aldabonazo para manifestar nuestra fe en Cristo Resucitado, nuestra pertenencia a la Iglesia, nuestra honda y sentida adoración ala Presenciasacramental de Cristo y nuestro gozo de «respirar» la espiritualidad eucarístico-reparadora que nos dejó a través del Bto. Manuel González García. Escuchémosle:

«Adorans: Adorando a Dios con rendimiento de alma y culto interno y externo, con tanta mayor intensidad y reverencia cuanto mayor ha sido su empeño en ocultarse y abreviarse en este Sacramento. ¡Cómo está compendiado en la Eucaristía todo nuestro culto!» (OO.CC. III, 5225).

Esta Adoración eucarística, en el mes de junio, ha de ayudarnos a preparar la solemnidad del Corpus Christi intensamente, dejando resonar en nuestra mente y en nuestro corazón el lema de la próxima Jornada mundial de la juventud: «Arraigados y edificados en Cristo. Firmes en la fe».

Sí, oramos por los jóvenes que vayan a acudir, presentamos nuestras vidas como una ofrenda agradable a Dios, reconozcamos y adoremos a la presencia de Jesucristo, verdadero Dios y Hombre, Sacerdote, Víctima y Altar, Hostia viva, Cáliz de Salvación, Cordero inmolado, Autor de la vida.

 

Fe y amor

D. Manuel nos insiste en esa Presencia real y sacramental que adoramos, con humildad y perseverancia, con fe y amor:

«En ella (en la Eucaristía) está Jesús Dios, término único de aquel; está Jesús hombre-sacerdote, el sujeto únicamente digno de ofrecerlo; y está Jesús, hombre-víctima, el homenaje único capaz de satisfacer a Dios» (OO.CC. III, 5225).

Sólo a Cristo, el Cordero inmolado, le pertenece toda gloria, honra, poder, riqueza, sabiduría, fuerza, honor y alabanza. Sólo a Él, el Cordero degollado, que con su Sangre nos ha comprado para Dios como pueblo elegido y nos ha constituido en un reino de sacerdotes, para reinar, como servidores se otros, sobre la tierra.

Postrémonos a sus pies. Adorémosle. Porque, por medio de Cristo, hombre-sacerdote, tenemos acceso al Padre. Porque, con Cristo Hombre-Víctima, nos ofrecemos al Padre, con un sacrificio espiritual, en alabanza y adoración, como incienso de suave olor. Porque, en Cristo, Hijo de Dios, unigénito, somos introducidos en el amor eterno e infinito dela Santa Trinidad: «Dios es amor, y el que permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él» (1 Jn 4,16).

Canto:   Tántum ergo Sacraméntum

 

Palabra de Dios

Lectura del Evangelio según San Juan (6,51-59).

Silencio meditativo

Puntos de reflexión

  • La Eucaristía es la actualización permanente del Sacrificio único e irrepetible dela Cruz, dela Víctimainmolada, del Cordero que quita el pecado del mundo: Jesús de Nazaret.
  • Jesucristo es el Pan vivo que ha bajado del cielo, la Palabra hecha carne, el Verbo encarnado, el Crucificado que vive para siempre, el Resucitado que se hace presente en cada Eucaristía como alimento inmolado, para que quien lo como, viva para siempre, porque Él es Vida eterna.
  • En la Eucaristía, Cristo está vivo; está resucitándonos, para que le comamos y le adoremos. Le adoramos porque es nuestro Rey y Señor, nuestro Salvador y Maestro; porque ha querido quedarse con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, vivificándonos, entregándose, haciéndonos partícipes de su vida divina. ¡Gracias, Jesucristo, por ser nuestro Pan de vida!

Silencio meditativo

 

Escuchemos al Beato Manuel González

D. Manuel se presenta, y nos pregunta: «¿Y en dónde mejor que en la Eucaristía podía ese Corazón (de Jesús) recibir la justa correspondencia a la generosidad de lo que da y busca, y el proporcionado desagravio de lo que no encuentra?» (OO.CC. III 5222).

Nos responde él mismo con el comentario al himno eucarístico: Tátum ergo Sacraméntum, venerémur cérnui…

Toda alma que está enamorada de Jesús Sacramentado ha de arder de amor por Él y ha de ofrecerse para reparar y desagraviar lo que todavía no ha encontrado el Pastor invisible sacramentado en tantos bautizados; escuchémosle:

«Teniendo hambre de Él… Si en su ansia de estar con sus hijos y de incorporarlos a Él, se ha hecho su comida, ¿con qué pueden corresponder éstos que con hambre de Él?» (OO.CC. III, 5223).

«Saboreándolo, ya comid0, con la oración y contemplación y el recuerdo perenne, a ser posible, de su presencia afectuosa en nosotros por su sacramento, mientras duran las sagradas Especies, y por su gracia después» (OO.CC. III, 5224).

Eucaristía, Pascua del Señor

«Uno sólo murió por todos; y este mismo es quien ahora por todas las Iglesias, en el misterio del pan y del vino, inmolado, nos alimenta; creído, nos vivifica,; consagrado, santifica a los que lo consagran.

Ésta es la carne del Cordero, ésta la sangre. El pan mismo que descendió del cielo dice: “El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. También su sangre está bien significada bajo la especie del vino, porque, al declarar él en el Evangelio: “Yo soy la verdadera vid”, nos da a entender a las claras que el vino que se ofrece en el sacramento dela Pasiónes su Sangre» (San Gaudencio de Brescia).

Letanías a Jesús Eucaristía

A cada invocación respondemos:

R/. Te amamos y te bendecimos, Señor Jesús.

  • Jesús, alimento de Vida eterna. R/.
  • Jesús, Hijo del hombre que nos salvas. R/.
  • Jesús, Enviado del Padre. R/.
  • Jesús, nuevo Moisés que nos das tu maná. R/.
  • Jesús, Pan de Dios, verdadero Pan del cielo. R/.
  • Jesús, Pan de vida que nos sacias toda hambre. R/.
  • Jesús, que has venido para cumplir la voluntad del Padre. R/.
  • Jesús, que no quieres que nadie se pierda. R/.
  • Jesús, Vida y Resurrección de quien cree en ti. R/.
  • Jesús, que te dejas comer para darnos vida eterna. R/.
  • Jesús, Carne que hemos de comer y Sangre que hemos de beber. R/.
  • Jesús, que nos garantizas que quien te coma vivirá para siempre. R/.

 

Oración final:

1.Que la lengua humana
cante este misterio:
la Preciosa Sangre
y el Preciosa Cuerpo.
Quien nació de Virgen,
Rey del Universo,
por salvar al mundo
dio su Sangre en precio.
2. Se entregó a nosotros,
se nos dio naciendo
de una casta Virgen;
y, acabado el tiempo,
tras haber sembrado
la Palabra al pueblo,
coronó su obra
con prodigio excelso.   
 
3. Adorad postrados
este Sacramento,
cesa el viejo rito,
se establece el nuevo;
dudan los sentidos
y el entendimiento;
que la fe los supla
con asentimiento.
4. Himnos de alabanza,
bendición y obsequio;
por igual la gloria
y el poder y el reino
al eterno Padre
con el Hijo eterno,
y al divino Espíritu
que procede de ellos. 

Adoración Eucarística – Mayo 2011

“He venido para que tengan vida y la tengan abundante”

(Jn 10, 10) 

1. ¡Vive!… Anuncia la vida

El hombre no puede vivir sin amor. Su vida sería una oscuridad terrible si no fuera amado. Hemos sido creados por amor y para el amor. Hemos sido creados por Dios-Amor. La vida merece la pena vivirse cuando uno es amado y puede amar. Sólo Dios colma esa necesidad: “Nos creaste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín).

La Vida, la verdadera Vida, la que no se agota jamás, es Jesucristo. Él es plenitud de lo humano: “El es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura” (Col 1,15). Él es la medida de lo humano, el Hombre perfecto. Todos hemos sido creados por Él y para Él. Nos llama a ser como Él: Plenitud de lo humano. “Hasta que lleguemos todos a la unidad en la fe y en el conocimiento del Hijo de Dios, al Hombre perfecto, a la medida de Cristo en su plenitud” (Ef 4,13). Él es el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra (cf. Ap 1,4).

Él es la Vida Eterna, la vida que no tiene fin. Él nos hace partícipes de su vida eterna: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54). Esa vida eterna no es sólo la vida después de la muerte en el Reino definitivo, contemplando cara a cara a Cristo Resucitado. No. Ya en esta peregrinación terrena gozamos de la presencia eucarística de Jesucristo, el Verbo Encarnado, el Dios hecho hombre, que nos hace participes de su vida divina. Ya, aquí, ahora, en cada Eucaristía.

El Papa Benedicto XVI, en la segunda parte de su libro Jesús de Nazaret, nos lo explica así: “La expresión vida eterna no significa la vida que viene después de la muerte –como tal vez piensa de inmediato el lector moderno-, en contraposición a la vida actual, que es ciertamente pasajera y no una vida eterna. Vida eterna significa la vida misma, la vida verdadera, que puede ser vivida también en este tiempo y que después ya no puede ser rebatida por la muerte física. Esto es lo que realmente interesa: abrazar ya desde ahora la vida, la vida verdadera, que nada ni nadie puede destruir” (p. 102).

Jesucristo es el <Enviado> de Dios, el Apóstol del Padre: “El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8,29). Los discípulos de Jesús somos los “enviados” del “Enviado”: Apóstoles de Jesucristo. “Id al mundo entero y predicad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16,15). Evangeliza quien está lleno de la santidad y la sabiduría de Cristo: “De la abundancia del corazón habla la boca” (Mt 12,34). Todo bautizado es un misionero: “Por la gracia de Dios soy lo que soy y su gracia no se ha frustrado en mí” (1Co 15,10).

“¡La fe se fortalece dándola!” (RMi 2). El cristiano necesita fortalecer la fe desde el encuentro diario con Jesucristo. Pero, a su vez, está llamado a testimoniar con valentía el Evangelio de la Salvación y a dar razones de su esperanza. La fe se fortalece comunicándola, anunciándola, irradiándola: “Esteban, lleno de gracia y de poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba” (Hch 6,8-10).

El cristiano eucarístico-reparador ha de cuidar al máximo los lugares de encuentro con Jesucristo, alimentando así, por la Gracia, su fe, esperanza y caridad: Eucaristía diaria, celebrada como eterna novedad, fascinante encuentro y asombrosa comunión con Jesucristo. Hora diaria de Adoración eucarística. Tiempo largo de meditación e interiorización del Evangelio. Amor y devoción a la Virgen María. Rezo del Rosario. Lectura de los libros del Beato Manuel González. Frecuencia en el Sacramento de la Penitencia.

Don Manuel lo decía claro: “¡Qué! ¿no les vendría mejor que leer oraciones, quizá rutinariamente, dedicar el tiempo de su Misa a avivar el estado de gracia de su alma, por un acto lo más ferviente que pudiera de contrición, para unirse lo más íntimamente posible a Jesús Sacerdote y Víctima y con Él ofrecer y ofrecerse en sacrificio latréutico, eucarístico, expiatorio e impetratorio a la mayor gloria del Padre celestial, al amor de nuestro prójimos y odio de nuestro egoísmo y de nuestro pecados?” (El abandono de los Sagrarios acompañados: OO.CC. I, n. 190).

2. Que la Eucaristía influya en la vida cotidiana

“La misión de Cristo redentor, confiada a la Iglesia, está aún lejos de cumplirse… Debemos comprometernos con todas nuestras energía en su servicio” (RMi 1).

“Puesto que el mundo es el campo (Mt 13,38) en el que Dios pone a sus hijos como buena semilla, los laicos cristianos, en virtud del Bautismo y de la Confirmación, y fortalecidos por la Eucaristía, están llamados a vivir la novedad radical traída por Cristo precisamente en las condiciones comunes de la vida. Han de cultivar el deseo de que la Eucaristía influya cada vez más profundamente en su vida cotidiana, convirtiéndose en testigos visibles en su propio ambiente de trabajo y en toda la sociedad”.

“Animo de modo particular a las familias para que este Sacramento sea fuente de fuerza e inspiración. El amor entre el hombre y la mujer, la acogida de la vida y la tarea educativa como ámbitos privilegiados en los que la Eucaristía puede mostrar su capacidad de transformar la existencia y llenarla de sentido” (Benedicto XVI, SaCa 79b).

3. Escuchemos al Beato Manuel González

“Se nos piden obras, obras de reparación eucarística, de atracción al Sagrario, de, y permitidme la palabra, eucaristización del mundo… Conceded al Corazón bendito de Jesús, a su santo Vicario al venerable Juan de nuestros Sagrarios-Calvarios, el gran consuelo de que pronto se haga preciso añadir al diccionario de nuestra lengua esta palabra, Eucaristizar: La acción de volver a un pueblo loco de amor por el Corazón de Jesús” (Beato Manuel González, Aunque todos… yo no: OO.CC. I, n. 115).

“Es verdad, Señor, que precisamente nuestro obsequio para tu fiesta es poder decirte: Todavía tus Marías te siguen buscando en donde nadie te buscaba. Todavía siguen saltando montes y atravesando desiertos y vadeando ríos e hiriéndose los pies con las espinas y las piedras de los caminos para llegar a postrarse en los empolvados Sagrarios y decirte con el alma y la boca henchida de amor y de compasión: Aunque todos… nosotros no. Tú sabes, Señor, lo que vale en estas tierras de la inconstancia y de la veleidad y lo son todas para Ti, ese todavía de la firmeza y de la lealtad” (Bto. Manuel González, Al Amo en sus días: OO.CC. I, n. 862).

“Esta fe nos dice de cierto: Primero, que está (Presencia real permanente); segundo, que está dispuesto a darse a todos en comida (Comunión), y tercero, que está como Cordero sacrificado al Padre por todos (Misa). Unamos a ese estar, darse y sacrificarse Jesús, Dios y Hombre verdadero, siempre y en cada Sagrario, con su silencio e invisibilidad de Jesús Sacramentado, y ¿qué más modelo?” (El abandono de los Sagrarios acompañados, OO.CC. I, n. 224).

4- Oración eucarística: ¡Vive!… Anuncia la vida!

Alabado seas, Señor Jesús,
porque nos has dado tu Vida,
Vida eucarística, Vida Eterna,
Comida y bebida de Salvación.
Bendito seas, Señor Sacramentado,
porque la fe que nos has comunicado
nos confirma que estás ahí
en tu Presencia real y sacramental,
permanente y divinizadora.
Te adoramos, postrados a tus pies,
porque sigues prolongando tu Sacrificio,
ese Sacrificio único y cruento de la Cruz,
en el Sacrificio incruento eucarístico.
Gracias porque nos hace participes
de tu vida eucarística,
que es vida divina, vida eterna,
Vida de comunión en el amor,
contigo y con los hermanos,
con la Iglesia y con la humanidad.
Gracias porque nos has dado tu Vida,
Vida que es abundancia sin fin,
Vida que necesita ser anunciada,
Vida que nos transforma en Ti,
Vida que nos une más a tu Cuerpo,
Vida que vence el pecado y la muerte,
Vida que sacia toda sed de infinito,
Vida que ha de ser entregada a otros,
Vida para comunicar a pobres y abandonados,
Vida para construir la humanidad nueva,
Vida que mana de tu Costado abierto,
Vida que irradias con tu Espíritu de Amor,
Vida que libera de ataduras y apegos,
Vida que purifica afectos desordenados,
Vida que invita a que nos ofrezcamos a Ti…
para siempre, sin medida,
dando gratis lo que de Ti hemos recibido gratis
¡Gracias, Jesús Sacramentado! ¡Gracias!

Migue Ángel Arribas, Pbro.


Adoración Eucarística – Abril 2011

“La sangre de Cristo, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha” (1 Cor 11.21)

En la religión de Israel, como en todas las religiones antiguas, la sangre poseía un carácter sagrado, pues la sangre es la vida.

Significado cultual de la sangre

Todo lo que afecta a la sangre está en estrecha relación con el Señor, el único dueño de la vida. De aquí nacen dos consecuencias: la prohibición de la sangre como alimento y el uso de la sangre en el culto.

Cuando el Señor va a sellar la Alianza con el pueblo elegido, se realiza este rito sagrado: la mitad de la sangre se derrama sobre el altar, que representa a Dios; y la otra mitad se asperje sobre el pueblo; Moisés así lo explica: «Esta es la sangre de la Alianza que hace el Señor con vosotros, sobre todos estos mandatos» (Ex 24,8).

Con este rito se establece una Alianza indisoluble entre Dios y su pueblo.

Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, con su muerte y resurrección, inaugura una Alianza Nueva. Él pone fin a los sacrificios sangrientos del culto judío y se ofrece como Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Su Sangre es sangre inocente, sangre preciosa, sangre de amor sin límites al Padre (en obediencia) y a la humanidad (en favor de la salvación de todos los hombres).

La Eucaristía conmemora (recuerda y actualiza) ese Sacrificio único e irrepetible de Cristo en la cruz, cargando con nuestros pecados, derrotando a la muerte y abriéndonos de par en par las puertas del Paraíso.

Canto: (A elección)

Palabra de Dios

«Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha» (1 P 1,18-19).

Hemos sido rescatados del poder del pecado y de la muerte a precio de la sangre de Cristo. La Eucaristía aplica a los hombres de hoy la reconciliación obtenida por Cristo, de una vez para todas, en favor de los hombres de todos los tiempos.

«Si la sangre de machos cabríos y de toros y el rociar con las cenizas una becerra tiene el poder de la pureza externa, cuánto más la sangre de Cristo que, en virtud del Espíritu eterno, se ha ofrecido a Dios como sacrificio sin mancha, podrá purificar nuestra conciencia de las obras muertas, llevándonos al culto del Dios vivo» (Hb 9,13-14).

La sangre de Cristo es la sangre de la Nueva Alianza entre Dios y los hombres. Jesús es el Cristo, el Mesías, el Ungido de Dios. En virtud de esa unción del Espíritu Santo, se ofrece a Dios como Cordero que quita el pecado del mundo. Por la fuerza y el poder del Espíritu Eterno, se ofrece al Padre, desde el amor infinito que ambos se tienen, para destruir el pecado y la muerte, para purificarnos de la esclavitud del mal, para liberarnos de los engaños del maligno y para abrirnos definitivamente las puertas del Reino de los cielos, como le dice Jesús al buen ladrón: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43).

Silencio meditativo

Canto: (A elección)

Escuchemos al Beato Manuel González

  • «La Misa se ha hecho por Cristo para esto sólo: Para dejar a los que el Padre le confió el recuerdo vivo, operativo y eficaz de su Redención: Haced esto en memoria mía».
  • «Explico estas palabras. La Redención se hizo en el Sacrificio de la Cruz y se aplica en el Sacrificio de la Misa. Jesucristo, Hijo natural de Dios, hecho hombre, por su Sacrificio en la Cruz se ha ganado a más de la gloria de su nombre y de su cuerpo resucitado y sentado a la derecha del Padre, el título de Sacerdote, único adorador perfecto de la Trinidad augusta, de Víctima, alabanza, acción de gracias, expiación e impetración infinitas, de Mediador único absolutamente eficaz entre Dios y los hombres».

(El abandono de los Sagrarios acompañados)

  • «Jesús sigue ofreciéndose a su Eterno Padre diciendo constantemente: Recibe, oh Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno esta hostia inmaculada… Es el eternamente inmolado».
  • «Pues si yo me incorporo a su Cuerpo sacrificado, si lo hago mío y Él me hace suyo, yo en justa lógica debo ser también un sacrificado con Él».

(¡Si viviéramos nuestras Misas!)

Silencio meditativo

Canto: (A elección)

Oración al Padre:

– «Alabado y bendito seas, Padre Creador,
por tu amor misericordioso hacia todos los hombres,
porque tanto amaste al mundo que le diste a tu Hijo Unigénito,
para que todo el que crea en Él tenga vida eterna.
 
– Alabado y bendito seas, Padre de Eterna Bondad,
porque con el Sacrificio de tu Hijo en la Cruz
has redimido a toda la humanidad,
haciendo de Él víctima de propiciación por los pecados.
– Alabado y bendito seas, Padre amado,
porque en la Eucaristía perpetúas el Sacrificio único
e irrepetible de tu Hijo, Víctima de suave olor,
Sacerdote Eterno, Mediador de la Nueva Alianza,
haciéndonos partícipes de su Cuerpo entregado,
de su Sangre derramada como Vida eterna.
– Gracias, Padre Santo, porque, en cada Eucaristía,
nos permites unirnos al Sacrificio de tu Hijo,
para ser también nosotros ofrenda agradable a ti,
para ser con Él y desde Él alabanza a tu Nombre
y partícipes de tu gloria».

Miguel Ángel Arribas, Pbro.


Adoración Eucarística – Marzo 2011

“Cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre,

el otro está borracho” (1 Cor 11.21)

¿Cómo celebramos la Eucaristía?

¡Tremendo daño se hace en la comunidad cristiana cuando no vivimos y celebramos la Eucaristía como el Señor y la Iglesia piden! ¡Cómo desvirtuamos la Cena del Señor cuando nos quedamos sólo en el ropaje externo y minucias vacías! ¡Cómo defraudamos al Señor cuando no prolongamos la Eucaristía en la vida y no trabajamos a favor de la comunión con los hermanos o en la atención a los más pobres y a los que sufren!

Estamos en tiempo de Cuaresma, Camino de conversión hacia la Pascua, tiempo de penitencia y escucha de la Palabra, llamada fuerte a practicar ayuno, oración y penitencia, como medios para dejarnos convertir enteramente por la fuerza del Espíritu y la luz de la Palabra. Hemos de gritar como el profeta Jeremías: “Hazme volver y volveré, pues tú eres mi Dios, Señor. Me alejé y después me arrepentí” (Jr 31, 18-19).

“El ejercicio o práctica de las virtudes es el medio que utiliza la Ascética cristiana para llevar a las almas a que den mayor gloria a Dios y obtengan la unión con Él”, decía nuestro Beato Manuel González. Añadía: “La gloria de Dios y la unión con Él, en definitiva, no tienen más enemigos ni obstáculos que nuestras pasiones desordenadas, nuestro egoísmo, con su familia de soberbia, lujuria, avaricia, etc., que son los salteadores de esa gloria y unión”.

¡En marcha, hermanos, es tiempo de conversión! ¡Deja que el Señor te convierta, te cambie la mente y el corazón, te haga criatura nueva, te regenere en esta Cuaresma 2011! “Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo” (2 Cor 5,16). Vivir con autenticidad la Eucaristía exige conversión continua, que se concreta en un amor enorme a la verdad y la belleza de la Liturgia, y una entrega total a los más pobres y solitarios, porque en ellos <vemos> a Cristo: “Si uno tiene bienes del mundo y, viendo a su hermano en necesidad, le cierra las entrañas, ¿cómo va a estar en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino con verdad y con obras” (1Jn 3, 17-18).

La Palabra de Dios nos denuncia:

El Apóstol Pablo está lleno de dolor por la división que reina en la comunidad de Corinto y la incapacidad de compartir los bienes unos con otros. Parece probable que antes de la celebración de la Cena del Señor había una comida fraterna. En ella hay de todo menos fraternidad. Los más ricos y holgados de tiempo y dinero llegaban antes a la reunión y banqueteaban espléndidamente. Los esclavos, o los trabajadores del puerto, o los más pobres, cuando llegaban a esa comida (¿supuestamente?) fraterna, se encontraban sólo con las migajas. Pablo denuncia esta realidad con toda firmeza. Escuchemos su palabra en 1Co 11, 17-22):

  • “Al prescribiros esto, no puedo alabaros, porque vuestras reuniones causan más daño que provecho. En primer lugar, he oído que cuando se reúne vuestra asamblea hay divisiones entre vosotros; y en parte lo creo; realmente tiene que haber escisiones entre vosotros para que se vea quiénes resisten en al prueba”.
  • “Así, cuando os reunís en comunidad, eso no es comer la Cena del Señor, pues cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre el otro está borracho”.
  • “¿No tenéis casa donde comer y  beber?¿O tenéis en tan poco a la Iglesia de Dios que humilláis a los que no tienen? ¿Qué queréis que os diga? ¿Qué os alabe? En esto no os alabo”.

El dolor que nos trasmite san Pablo ha de ser el nuestro. Todavía hoy hay muchas desigualdades entre los que participamos en la Mesa del Señor. Todavía hoy la división, la competitividad, la desconfianza, la indiferencia ante el que sufre se da en el seño de la comunidad cristiana.

El Señor nos llama a una profunda conversión. Comulgar a Cristo cada día o cada domingo ha de conducirnos a sentir con obras y desprendimiento que el que sufre o está hambriento es mi hermano: “El replicará: <En verdad os digo: lo que no hicisteis con uno de estos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo>. Y estos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mt 25, 45-46).

Hagamos Examen de Conciencia de nuestra manera de celebrar la Eucaristía:

¿Cómo preparo y celebro la Eucaristía? ¿Me dejo transformar por el Señor resucitado? ¿Vivo a fondo cada gesto y palabra del Misterio eucarístico? ¿Verdaderamente creo y digo: <Señor, no soy digno de que entres en mi casa>? ¿Prolongo la Eucaristía en la vida, entregándome a los más necesitados?

¿Me duelen mis comportamientos anticristianos cuando no contribuyo a crear fraternidad y familia de hermanos como católicos que participan del mismo Banquete de Amor que yo? ¿Entrego por completo a Cristo, como Él se entrega por mí y en mí, en cada Sacrificio eucarístico?

Escuchemos la voz del Papa Benedicto XVI, en el libro-entrevista <Luz del mundo>:

  • “La Iglesia se hace visible a los hombres en muchas cosas, en la acción caritativa, en los proyectos de misión, pero el lugar donde más se la experimenta realmente como Iglesia es en la liturgia. Y eso es correcto de ese modo. En definitiva, la Iglesia tiene el sentido de volvernos hacia Dios y de dar a Dios en el mundo.
  • La liturgia es el acto en el que creemos que Él entra y que nosotros lo tocamos. Es el acto en que se realiza lo auténtico y propio: entramos en contacto con Dios. Él viene a nosotros, y nosotros somos iluminados por  Él” (pág. 163).

Completemos esa escucha de Benedicto XVI en la exhortación <Sacramentum Caritatis>:

  • El alimento de la verdad nos impulsa a denunciar las situaciones indignas del hombre, en las que a causa de la injusticia y la explotación se muere por falta de comida, y nos da nueva fuerza y ánimo para trabajar sin descanso en la construcción de la civilización del amor. Los cristianos han procurado desde el principio compartir sus bienes (cf. Hch 4, 32) y ayudar a los pobres (cf. Rm 15, 26)” (SaCa 90b).

El cuidado de la Liturgia es el arte de celebrar rectamente, la participación plena, activa y fructuosa de todos los fieles, en obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud (cf. SaCa 38), es inseparable de un trabajo audaz, intrépido y valiente por denunciar todas las situaciones de injusticia que asolan la faz de la tierra y colaborar al máximo con las instituciones internacionales, estatales o privadas que se esfuerzan por el cese o la  disminución en el mundo del escándalo del hambre y la desnutrición en los países en vías de desarrollo (cf. SaCa).

Meditemos las palabras de nuestro beato Manuel González:

  • “La Liturgia es la Iglesia viviendo su Fe, su adoración, su amor. El Culto es el cuerpo visible de la Religión, y la Liturgia es su expresión, su gesto, sus modales, su palabra.
  • Es Dios, por medio de su Cristo, llamando, acogiendo, trabajando, uniéndose al alma; es el alma, dejándose modelar por el divino buril para poder ser hecha miembro del Cuerpo místico de Cristo, piedra de su Iglesia, oveja de su rebaño, hija de Dios, hermana del Primogénito Jesús, participante de su vida y de su gracia y coheredera de su gloria” [<El abandono de los Sagrarios abandonados>].
  • “Ese es el primer paso, asociarse a Cristo, entrar en compañía con Él. Enamorarse de Él, quererlo con toda el alma, y ¿queréis que os lo diga de una vez? ¡Chiflarse de amor por el Corazón de Jesucristo! Ni más ni menos”.
  • “¿Podéis explicarme cómo en poco más de tres años se funda y sostienen un Centro Católico con más de quinientos obreros, con su Caja de Ahorros y su Monte de Piedad; escuelas gratuitas para mil, entre niños y adultos de uno y otro sexo; un barrio obrero, una panadería económica, una biblioteca ambulante, obras de Catecismo, dos talleres de ropa para pobres, una Granja Agrícola Escolar, dos iglesias en barrios extremos, obras moralizadoras  de presos, Secretariado del pueblo…? Es que allí se ha empezado por Él, por Ella”.

En D. Manuel son inseparables el amor a Dios y a los necesitados, las horas largas de adoración eucarística delante del Sagrario y la Acción Social Católica. En palabras suyas: “Es un viaje de ida y vuelta, que empieza, el de ida, en Cristo y termina en el pueblo, y empieza en el pueblo, el de vuelta, y termina en Cristo”. ¡Qué claro lo manifiesta! ¡Con qué convencimiento lo ejecuta! ¡Qué amor de Cristo, en Él y con Él, irradia en todo lo que pone en marcha! Pero siempre arrancando de Cristo, que en la Eucaristía es fuente y cima de la vida cristiana: “Dios, en las obras hechas por su gloria, no premia el fruto recogido, sino el trabajo empleado”.

Oración final:

Señor Jesús, Eucaristía viviente,
fuente y origen de toda forma de santidad,
sigue llamándonos a la plenitud de vida en el Espíritu,
para que el modo de nuestro beato Manuel González,
sepamos celebrar con devoción este santo Misterio
y, a la vez, nos ofrezcamos a Ti y por Ti,
al trabajo por la comunión eclesial
y el servicio silencioso a los más pobres.
Cristo Sacramentado, que cada tiempo de adoración,
ante tu Presencia real y sacramental,
postrados a tus pies, en culto agradable a tus ojos,
vivamos una auténtica espiritualidad eucarística,
que nos conduzca a la donación total de nuestra vida.
Alabado y bendito seas, Señor nuestro.

Adoración Eucarística – Febrero 2011

«La Paz os dejo, mi paz os doy; no la doy como la da el mundo»

(Jn 14,27)

La paz es uno de los deseos más profundos del ser humano: la paz que brota de aceptarse a sí mismo, de aceptar a los demás, de estar reconciliado con el pasado, de haber sanado viejas heridas, de vivir en un entorno de buena convivencia y entendimiento con las personas que a uno le rodean: familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o estudios… Es bueno y necesario ese deseo ¡honesto! Pero basta cualquier pequeño sufrimiento, conflicto, contrariedad, desengaño, soledad, fracaso… y se rompe esa paz psicológica o social.

Paz honda

Cualquier persona quiere una paz más honda, más estable, más arraigada en el hondón del alma, que nadie te pueda arrebatar. Esa paz existe. Es la paz que nace de lo alto, que trae el Príncipe de la Paz: Jesucristo. Él, Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nos ha traído, con su muerte en cruz, una triple reconciliación: con Dios, con los demás y con uno mismo. Es la paz que nadie te puede arrebatar si vives arraigado y edificado en Cristo… si vives firme en la fe.

La paz es uno de los frutos del Espíritu Santo. Es la paz del anuncio del ejército celestial a los pastores en la noche de Belén: «Gloria a Dios en el cielo; y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad» (Lc 2,14); esa alabanza de los ángeles también se ha traducido así: «y en la tierra paz a los hombres que Dios ama».

Silencio meditativo

La paz: don y tarea

Las dos maneras de expresar la alabanza de los ángeles se complementan y se iluminan: la paz como don de Dios, fruto de los que se dejan amar por el Padre e «invadir» por el Espíritu Santo; y la paz como tarea de los hombres, fruto de los hombres de buena voluntad que trabajan por la reconciliación de los pueblos, las familias y las personas, en cualquier ámbito o situación.

La paz: don y tarea. Quienes se dejan bendecir por el amor de Dios y se ponen a trabajar en favor de la paz son dichosos: «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,10).

Hoy, delante de Jesús Eucaristía, Príncipe de la Paz, «Primogénito de toda criatura» (Col 1,15), adorándole como pobres de espíritu, le pedimos la paz para tantos cristianos que están siendo perseguidos a causa de su fe.

Canto: Nada nos separará del amor de Dios.

ORACIÓN: (Todos juntos)

Creo, Señor Jesús, que tú eres el Príncipe de la Paz,

que tú has derribado el odio que separaba judíos de paganos,

libres de esclavos, creyentes de no creyentes.

Tú eres quien ha derribado el muro de separación, el muro que enfrentaba

a los pueblos, razas, lenguas, culturas y religiones.

Tú eres quien nos ha reconciliado con el Padre y entre nosotros,

como hermanos, destruyendo el poder del pecado: odio, rivalidad, venganza, ira…

Tú has dado muerte a la muerte, resucitando a la Vida nueva, Vida Eterna.

¡¡Gracias, Jesucristo!! Tú has sembrado en cada uno de nosotros,

los que creemos en Ti, semillas de eternidad.

Tú nos llamas a participar de tu Eternidad, de la Eterna Bienaventuranza en el cielo,

donde la paz será duradera para siempre.

Pero, mientras peregrinamos por la tierra,

nos anticipas tu Vida divina en la Eucaristía

y en el perdón de los pecados por tu misericordia. ¡Gracias!

PALABRA DE DIOS

• «La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Jn 14,27).

• «Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado: lleva a hombros el principado, y es su nombre: Maravilla de consejero, Dios fuerte, Padre de eternidad, Príncipe de la paz. Para dilatar el principado con una paz sin límites» (Is 9,5-6).

• «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia» (Jn 15, 18-19).

Silencio meditativo

ESCUCHEMOS A BENEDICTO XVI

«La violencia no se vence con la violencia. Que nuestro grito de dolor vaya siempre acompañado por la fe, la esperanza y el testimonio del amor de Dios. El mundo tiene necesidad de Dios. Tiene necesidad de valores éticos y espirituales, universales y compartidos, y la religión puede contribuir de manera preciosa a su búsqueda, para la construcción de un orden social justo y pacífico, a nivel nacional e internacional.

La paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, un proyecto que realizar, pero que nunca se cumplirá totalmente. Una sociedad reconciliada con Dios está más cerca de la paz, que no es la simple ausencia de la guerra. La paz, por el contrario, es el resultado de un proceso de purificación y elevación cultural, moral y espiritual de cada persona y cada pueblo, en el que la dignidad humana es respetada plenamente» (Mensaje para la Jornada mundial de la Paz).

Canto: (A elección)

ESCUCHEMOS AL BEATO MANUEL GONZÁLEZ

«Se ha hablado mucho, y nunca lo bastante, del primer milagro de la vida pública de Jesús y se habla poco de la primera palabra de su vida de resucitado. Si los muertos hablaran, ¿cuál debería ser la primera palabra que pronunciara el que hubiera pasado por las ignominias, bajeza y dolores de una pasión y muerte como la de Jesús?

Estoy cierto de que a ninguno, por sabio y generoso que fuera, se le hubiera ocurrido proferir la palabra con que Jesús, recién salido del sepulcro, empieza a hablar de nuevo a los hombres: ¡Paz! ¿Verdad que hace falta ser más que hombre para volver a hablar con los hombres con esa palabra?» (Nuestro barro: OO.CC. II, 3049)

Silencio meditativo

PRECES:

Oremos a Dios Padre, que ha enviado a su Hijo como Primogénito de toda la creación, el arquetipo del hombre, el Hombre Perfecto, imagen del Dios invisible, para que se extienda por toda la humanidad el don de la paz:

R/: Dios de Amor, trae la paz y la reconciliación entre todos los pueblos.

  • Padre Eterno, que nos has mostrado tu Amor en la presencia real y sacramental de tu Hijo en la Eucaristía, haz que quienes participamos de este Sacramento experimentemos que de ahí brota la fuente de la paz, que nos hace instrumentos tuyos de pacificación y fraternidad. R/.
  • Padre de Misericordia, que en la Cruz de tu Hijo has reconciliado a la humanidad contigo por la ofrenda de tu Siervo, llénanos de tu infinito perdón, para que seamos misericordiosos como tú lo eres con nosotros. R/.
  • Padre de Bondad, que en tu Hijo has roto la distancia entre los divino y lo humano, haciéndolo en todo igual a nosotros excepto en el pecado, conviértenos en mensajeros del Evangelio, Buena Noticia de Salvación, para que sean muchos los que se vean libres del odio, la violencia y la opresión. Tráenos tu paz. R/.
  • Padre Santo, que has hecho a tu Hijo “Portador de la Paz”, para extender sin límites tu Reino de justicia y amor, esperanza y luz, sobre toda la tierra, haznos humildes para que reinemos con Jesús dentro de su Iglesia, para que todos encuentren en ella un lugar de consuelo, acogida, escucha y verdadera fraternidad. R/.

ORACIÓN FINAL:

Creo, Señor Jesús, que sólo Tú traes la paz, que Tú me has hecho experimentar la verdadera alegría en cada acontecimiento:

– la paz de mi corazón colmado de tu infinito amor;

– la paz cuando te recibo en cada Comunión eucarística;

– la paz cuando me perdonas mis pecados;

– la paz cuando me das la gracia para perdonar a otros;

– la paz cuando tu Espíritu me mueve a pedir perdón;

– la paz cuando sé que alguien me busca como hermano;

– la paz cuando tu amor me empuja al servicio de los pobres;

– la paz cuando me conduces a mayor intimidad contigo;

– la paz cuando me abandono, como tú, en las manos del Padre;

– la paz cuando tu Presencia eucarística me lleva a adorarte;

– la paz cuando tu amor llena todas mis expectativas;

– la paz cuando me muestras lo bueno y bello de las personas;

– la paz cuando me regalas, en el sufrimiento, el consuelo de tu Espíritu;

– la paz cuando me llevas a la contemplación gozosa de todo lo creado;

– la paz cuando me concedes contemplarte en la bondad de los buenos.

¡Gracias, Jesucristo, por el don infinito de la Paz!

Miguel Ángel Arribas, Pbro.

Adoración Eucarística: Diciembre 2010

«Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe»

INTRODUCCIÓN:

Adviento es tiempo de esperanza: la Iglesia vive vigilante, en alerta; celebra, en expectación mesiánica, la llegada del Salvador. Estamos a las puertas de Navidad, nacimiento del Mesías, del Ungido de Dios. Nunca esta fiesta litúrgica nos puede encontrar desprevenidos o envueltos en las ataduras de este mundo. El Adviento nos ayuda a preparar esa venida.

Espera atenta

Pero necesitamos avivar esa espera atenta, esa vigilancia continua, esa fidelidad al amor del Padre, ese trabajo constante por el Evangelio, esa lucha por implantar el Reino de Dios, esa perseverancia en la oración, esa sensibilidad por los que sufren, esa finura espiritual de la confianza en el cumplimiento de las promesas:

«De las espadas forjarán arados, de las lanzas podaderas. No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra» (Is 2,5). «Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león se pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea» (Is 11,6). «Alégrate, la estéril, que no dabas a luz; rompe a cantar de júbilo la que no tenías dolores, porque la abandonada tendrá más hijos que la casada, dice el Señor» (Is 54, 1). «El Señor por su cuenta, os dará una señal: Mirad, la Virgen está encinta y da a luz a un hijo, y le pone por nombre Dios-con-nosotros» (Is 7,14).

La Fuente de Agua viva

En este encuentro orante, adorando la Presencia real y sacramental de Jesús Eucaristía, presentamos a nuestro Señor a los jóvenes que acudirán a la Jornada mundial de la juventud, en Madrid, en agosto de 2011, para que sean como árbol plantado junto a la acequia: No se seca aunque llegue el estío, porque sus raíces están rodeadas de tierra húmeda. Que sean jóvenes que no dejan de dar fruto, porque están junto a la fuente de agua viva: Jesucristo. Que sean jóvenes de profundas raíces cristianas, que beben en la Eucaristía, la Penitencia, la Palabra y la oración esa Agua Viva: que es el mismo Salvador.

Canto: Cerca de ti, Señor…

Oración: Padre bueno y eterno, ayúdanos a llevar una vida según tu voluntad, para que los adultos católicos sepamos transmitir a los niños y jóvenes de hoy el don precioso de la fe con el ejemplo de nuestra propia vida, abundante en fruto de buenas obras, realizadas en nombre de tu Hijo predilecto. Que vive y reina contigo.

PALABRA DE DIOS:

«Así dice el Señor: Maldito quien confía en el hombre y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita» (Jer 17,5-6).

«Bendito quien confía en el Señor y pone en él su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto… Yo el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas para dar al hombre según el fruto de sus acciones» (Jer 17,7-8.10).

Silencio meditativo

ESCUCHEMOS A BENEDICTO XVI:

«La primera imagen es la del árbol, firmemente plantado en el suelo por medio de las raíces, que le dan estabilidad y alimento. Sin raíces, sería llevado por el viento, y moriría. ¿Cuáles son vuestras raíces?».

«El encuentro con el Hijo de Dios proporciona un dinamismo nuevo a toda la existencia. Cuando comenzamos a tener una relación personal con Él, Cristo nos revela nuestra identidad y, con su amistad, la vida crece y se realiza en plenitud. Existe un momento en la juventud en que cada uno se pregunta: ¿Qué sentido tiene mi vida, qué finalidad, qué rumbo debo darle? Es una fase fundamental que puede turbar el ánimo, a veces durante tiempo».

«Como las raíces del árbol lo mantienen plantado firmemente en la tierra, así los cimientos dan a la casa una estabilidad perdurable. Mediante la fe, estamos arraigados en Cristo (cf. Col 2,7), así como una casa está construida sobre los cimientos. En la historia sagrada tenemos numerosos ejemplos de santos que han edificado su vida sobre la Palabra de Dios». (Mensaje para la Jornada mundial de la juventud 2001)

Silencio meditativo

Canto: Palabra que fue luz…

ESCUCHEMOS AL BEATO MANUEL GONZÁLEZ:

«Lo que vale un apóstol. Grande, inmensa es la dignación del Padre celestial en haber querido valerse del sol para dar a la tierra y a los mundos toda la luz y todo el calor que necesitaban. Pero es incomparablemente más valiosa y enaltecedora la dignación del Corazón de Jesús al hacer de un hombre apóstol suyo, distribuidor de su luz, de su calor, de su vida; voz de su boca, mano de su poder, cimiento de su Iglesia, mirada de sus ojos, palpitación de su Corazón, repetidor y continuador y hasta ampliador de su obra y de sus milagros».

PRECES:

Arraigados y edificados en Cristo, oremos a Dios Padre guiados por el Espíritu Santo:

R/. Bendícenos, Padre, para que crezcamos en la fe y en el amor.

– Padre Eterno, que nos has creado a tu imagen y semejanza, suscita en los jóvenes el Encuentro con tu Hijo, porque nos has creado para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en ti. R/.

– Padre Creador, que has construido la Iglesia, Esposa de Cristo, sobre la Roca que es Él y sobre el cimiento de los Apóstoles, haz que las comunidades cristianas sean casa de amor y vida donde los jóvenes se sientan acogidos y celebren la Eucaristía con fe viva y gozo constante. R/.

– Padre de misericordia, que hiciste de tu Hijo Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, conduce a los jóvenes a la contemplación frecuente de Cristo crucificado, para que se queden admirados de esta verdad: Jesús dio su vida en rescate por todos. R/.

– Padre de bondad, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, transforma a los cristianos jóvenes en testigos valientes y audaces de la resurrección de Jesucristo y de la verdad del Evangelio. R/.

– Padre Eterno, que has querido que tu Hijo se quede con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, en su Presencia eucarística, alienta en los jóvenes cristianos el amor a la Eucaristía y tiempos largos de adoración ante el Sagrario o en el culto eucarístico fuera de la Santa Misa. R/.

– Padre de los pobres, tú que enviaste a tu Hijo para anunciar la Buena Noticia a los que sufren o están prisioneros del pecado, sigue animando en los jóvenes la solidaridad y la entrega, en clave de servicio cristiano, hacia los más enfermos y necesitados. R/.

Padrenuestro.

Adoración Eucarística: NOVIEMBRE 2010

“Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (cf. Col 2,7)

(Miguel Ángel Arribas, Pbro.)

Monición de entrada:

«Las Jornadas mundiales de la juventud (JMJ) son una gracia no sólo para vosotros (los jóvenes), sino para todo el pueblo de Dios. La Iglesia en España se está preparando intensamente para acogeros y vivir una experiencia gozosa de fe». Así habla Benedicto XVI.

Nos pide a todos los católicos que oremos por los frutos de esa Jornada. La oración es vital para prepararla bien: orar por los jóvenes que vayan a asistir. Que sea para ellos un verdadero encuentro con Jesucristo y con la Iglesia, arraigados y edificados en el amor al Hijo de Dios, para que, firmes en la fe, sean testigos valientes y decididos del Evangelio.

Con fuerza señala el Para la importancia de la preparación espiritual: «la calidad de nuestro encuentro dependerá, sobre todo, de la preparación espiritual, de la oración, de la escucha en común de la Palabra de Dios y del apoyo recíproco».

Nuestra adoración de este mes y de los próximos ha de poner delante de Jesús Eucaristía a esos millones de jóvenes que asistirán a la JMJ, para que la luz del Sol que nace de lo alto, Cristo, les ayude a vivir esa experiencia de encuentro con Él: la experiencia del Señor resucitado y vivo, y de su amor por cada uno de nosotros. Una experiencia que puede ser decisiva para su futuro.

Nuestro tiempo de adoración, ungido por el Espíritu, guiado por la Verdad de la Palabra, y desde el carisma del beato Manuel González, nos conduce a contemplar inseparablemente a Cristo resucitado en su Presencia eucarística y a los miles de jóvenes que «manifiestan la aspiración de construir relaciones auténticas de amistad, de conocer el verdadero amor, de fundar una familia unida, de adquirir una estabilidad personal y una seguridad real, que puedan garantizar un futuro sereno y feliz».

Sí, hay jóvenes que sienten un profundo deseo de relaciones interpersonales vividas en la verdad y en la solidaridad. Hay muchos jóvenes limpios de corazón, buscadores de la verdad, solidarios con los pobres, honrados en su trabajo, esforzados en sus estudios, generosos en su familia, colaboradores en parroquias y movimientos, abiertos a la vida, capaces de luchar por una humanidad nueva en Cristo. ¡Los hay!

Por ellos hemos de orar. También por aquellos que quieren salir de la esclavitud de la bebida, el sexo, la droga, el dinero o el mal uso de los medios de comunicación. Ciertamente no lo tienen fácil. Porque «se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza» ¡Qué bien describe Benedicto XVI la cultura actual, cultura de muerte!

Pero se nos invita a creer en Dios, a buscarle cada día con más hondura y belleza, a entregarle todo nuestro ser, a amarle con todo el corazón, con toda el alma y con todas la fuerzas. Este tiempo de adoración es tiempo de dejarse amar por él, para que nos posea por completo. Así, nuestro testimonio cristiano, testimonio de «almas enamoradas de Cristo», será interrogante, aliciente y estímulo para los jóvenes que buscan la Verdad.

Canto: Sois la semilla…

Oración inicial:

Oh, Dios, que has enviado a tu Hijo al mundo para salvarlo, abre la mente, el corazón y el alma de los jóvenes que buscan la amistad verdadera y el amor sincero al encuentro con Jesucristo, para que experimenten que eres Tú la fuente de la vida y de la plenitud humana. PNSJ.

Palabra de Dios:

«Este misterio es Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y del conocer. Os digo esto para que nadie es desoriente con discursos capciosos, pues aunque corporalmente estoy ausente, mi espíritu está con vosotros, alegrándome de veros en vuestro puesto y de la firmeza de vuestra fe en Cristo» (Col 2,3-5).

«Por tanto, ya que habéis aceptado a Cristo Jesús, el Señor, proceded según Él. Arraigados en Él, dejaos construir y afianzar en la fe que os enseñaron, y rebosad agradecimiento» (Col 2,6-7).

Silencio meditativo

Testimonio de Benedicto XVI:

«Al recordar mi juventud, veo que, en realidad, la estabilidad y la seguridad no son cuestiones que más ocupan la mente de los jóvenes. Sí, la cuestión del lugar de trabajo, y con ello la de tener un porvenir asegurado, es un problema grande y apremiante, pero al mismo tiempo la juventud sigue siendo la edad en la que se busca la vida más grande».

«Al pensar en mis años de entonces, sencillamente, no queríamos perdernos en la mediocridad de la vida aburguesada. Queríamos lo que es grande, nuevo. Queríamos encontrar la vida misma en su inmensidad y belleza. Ciertamente, eso dependía también de nuestra situación. Durante la dictadura nacionalista y la guerra, estuvimos, por así decir, “encerrados” por el poder dominante. Por ello, queríamos salir fuera para entrar en la abundancia de las posibilidades de ser hombre. Pero creo que, en cierto sentido, este impulso de ir más allá de lo habitual está en cada generación. Desear algo más que la cotidianidad de un empleo seguro y sentir el anhelo de lo que es realmente grande forma parte del ser joven».

Silencio meditativo

Canto: No adoréis a nadie más que a Él

Escuchemos alBeato Manuel González:

«¡Cuántas veces en mis ratos perdidos de seminarista, me echaba a soñar viéndome cura de uno de esos pueblecitos; querido de mis sencillos feligreses y poniendo yo al servicio de ellos mi alma y mi vida, mirándome y tratándome ellos como padre y desviviéndome yo por ellos como hijos míos!».

«Y ¡cómo en esos sueños amenizaba yo mi catecismo enseñándoles a los chicuelos nuevos juegos y estimulándolos con nuevos premios! Cómo creaba instituciones económicas a favor de mis labriegos para que nunca los visitara la usura, ni el hambre. Cómo echaba mis buenos ratos con los abuelitos y achacosos que no podrían salir a trabajar. Cómo formaba con la gente moza grupos de gimnasta y las fiestas que yo compondría con ellos. Y cómo gozaría cuando los viera a todos reunidos en el templo, que ya parecía reducido… ¡Y qué Comuniones y qué antesala del Paraíso todo aquello!» (Aunque todos… yo no: OO. I).

Preces:

Arraigados y edificados en Cristo, oremos a Dios Padre guiados por el Espíritu Santo:

R/. Bendícenos, Padre, para que crezcamos en la fe y en el amor.

– Padre Eterno, Dios de la misericordia, derrama tu Espíritu de Amor sobre Europa, para que vuelva a encontrar en sus raíces cristianas la esencia de su identidad: la lucha por la justicia, la convivencia fraterna entre los países, el valor inmenso de la familia, la educación de niños y jóvenes en los valores del Evangelio. R/.

– Padre Santo, Dios de la plenitud humana, acrecienta en los jóvenes cristianos el deseo de intensificar el camino de la fe en Cristo, su adhesión incondicional a la Iglesia y el testimonio a otros jóvenes y a su familia. R/.

– Padre Creador, Dios de la Verdad, siembra en al corazón de los jóvenes alejados de la fe la búsqueda de lo bello, lo bueno y lo verdadero que hay en su alma, para que descubran que su interior está inquieto hasta que descanse en Ti. R/.

– Padre bueno, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, da luz a los políticos, gobernantes, empresarios, sindicalistas, profesores, periodistas, médicos y cuantos influyen en la sociedad, para romper con la cultura del relativismo, donde todo da la mismo y no exige ninguna verdad, para que sólo busquen y propongan la Verdad. R/.

Padre Nuestro…

Oración final:

«Oh Dios, Creador de todas la cosas, que en tu Hijo Jesucristo nos has abierto las puertas del paraíso, escucha nuestras oraciones para que cada ser humano sienta que está creado a imagen y semejanza tuya y aspira a la plenitud en el amor, la alegría y la paz».

Hora santa: ENERO 2009

«TODOS HEMOS SIDO BAUTIZADOS EN UN MISMO ESPÍRITU» (1Cor 12,13)

Miguel Ángel Arribas, Pbro.

Monición de entrada:
Cada año, entre los días 18 y 25 de enero, se celebra la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Es una dimensión de la vida de la Iglesia de urgente actualidad y de reto constante para los pastores de las distintas Iglesias y Confesiones cristianas. El fin esencial es orar por la unidad de todos los cristianos. El gemido de Jesús en la Última Cena, en la llamada «Oración Sacerdotal», sigue siendo de plena actualidad: «Que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21).
El mundo creerá en Jesucristo si estamos unidos quienes nos llamamos cristianos. El mundo creerá en el Salvador si nos amamos unos a otros como Él nos ha amado. El mundo creerá en el Hijo de Dios si testimoniamos que nos amamos hasta llegar a ser «Uno» en la unidad trinitaria del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
En este tiempo de adoración eucarística presentamos al Señor esta inquietud: el anhelo por la unidad. La oración ha de tener prioridad en este camino que estamos recorriendo juntos los cristianos de distintas Iglesias y Confesiones. La oración eucarística de hoy nos hará vivir en esperanza: la esperanza que el Espíritu Santo activa y actualiza.
Esperanza que nos conduce, con fuerza y lucidez, a dar los pasos necesarios para el diálogo ecuménico: el diálogo como conocimiento mutuo; como examen de conciencia de lo que se hizo mal y del pecado de cada uno; como acercamiento de posturas teológicas; como medicina para sanar viejas heridas, rivalidades y desconfianzas; como instrumento para resolver las divergen- cias; como búsqueda sincera de los misterios divinos; como posibilidad para un trabajo en común en lo pastoral y en la solidaridad.
Delante de Jesús Eucaristía, adorémosle por su Presencia permanente entre nosotros y pidámosle que se disuelvan las divisiones y desconfianzas que existen todavía hoy entre los cristianos. Porque Cristo llama a todos los bautizados a la unidad: «Padre, que sean uno, como nosotros somos uno» (Jn 17,22).
Canto: Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo
Palabra de Dios:
«Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu» (1Cor 11,12-13).
Silencio meditativo
«Así como nuestro cuerpo, en su unidad, posee muchos miembros y no desempeñan todos los miembros la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, pero cada miembro está al servicio de los otros miembros» (Rm 12,4-5).
Silencio meditativo
«Si queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: Manteneos unánimes y concordes, con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por rivalidad ni por ostentación, dejaos guiar por la humildad y considerad siempre superiores a los demás. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad el interés de los demás» (Flp 2,1-4).
Silencio meditativo
Canto: A elección
Nos habla el Concilio Vaticano II:
«El Señor de los tiempos, que continúa sabia y pacientemente el propósito de su gracia para con nosotros pecadores, últimamente ha comenzado a infundir con mayor abundancia en los cristianos separados entre sí el arrepentimiento y el deseo de la unión.
Muchísimos hombres, en todo el mundo, han sido movidos por esta gracia, y también entre nuestros hermanos separados ha surgido un movimiento cada vez más amplio, con ayuda de la gracia del Espíritu Santo, para restaurar la unidad de los cristianos.
Participan en este movimiento de unidad, llamado ecuménico, los que invocan a Dios Trino y confiesan a Jesús como Señor y Salvador, y no sólo individualmente, sino también reunidos en grupos, en los que han oído el Evangelio y a los que consideran como su Iglesia y de Dios.
No obstante, casi todos, aunque de manera diferente, aspiran a una Iglesia de Dios única y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y así se salve para gloria de Dios» (Decreto Unitatis redintegratio, 1).
Silencio meditativo
Canto: A elección
Nos dice el Bto. Manuel González:
«La Misa propiamente dicha es la realización del gran deseo de Jesús y de la gran petición a su Padre celestial: “Que sean uno”. Que seamos una sola cosa con Él, como ÉL lo es con el Padre. ¡Él y nosotros, una sola víctima de un solo sacrificio!
Purificados por la contrición y la humildad, iluminados por la fe y la oración, y unidos a Jesús y a nuestros hermanos por el amor más grande, o sea, el amor llevado hasta el sacrificio. Así nos ponen nuestras Misas si nos empeñamos en vivirlas» (¡Si viviéramos nuestras misas!: OO.CC. III, 5291).
«La liturgia es en Cristo, por Cristo y con Cristo, la grande obrera de la predestinación de los elegidos, trabajando por conformarlos y unirlos a Él y hacerlos crecer en Él. Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, es el arquitecto que, por los medios que la liturgia aplica, obtiene la realización de su oración sacerdotal: Que sean uno» (El abandono de los Sagrarios acompañados: OO.CC. I, 176).
Oramos juntos: Padrenuestro
Oración final:
«Oh Dios, uno y trino, unidad perfectísima, comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, que nos llamáis a todos los cristianos a trabajar por la unidad de tu Pueblo peregrino, derrama incesantemente tu Espíritu Santo para que, orando juntos y dando continuidad al diálogo teológico, podamos llegar a ser, verdaderamente, un solo corazón y una sola alma, como lo eran los primeros cristianos». P.J.N.S.

HORA SANTA Diciembre 2008

“HA APARECIDO LA BONDAD DE DIOS NUESTRO SALVADORY SU AMOR A LOS HOMBRES” (Tt 3,4)

Miguel Angel Arribas

MONICIÓN DE ENTRADA

En Cristo Jesús, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley, Dios ha manifestado su amor al hombre. Es el misterio de la Encarnación. Dios se ha hecho hombre para que el hombre llegue a ser Dios.

Damos gracias a Dios Padre porque, en medio de nuestras luchas y cansancios, decepciones y ambiente hostil a la fe, ha hecho abundar en nosotros su consuelo divino.

En el Niño pobre y humilde de Belén, contemplamos la Palabra hecha carne, que ha puesto su tienda en medio de nosotros.

Hoy, en adoración amorosa, postrados a los pies de Jesús Eucaristía, como los pastores se arrodillaron ante el Niño Dios, contemplamos la humanidad de nuestro Salvador, su bondad infinita, su amor a los hombres, su misericordia eterna a favor de la humanidad: “Según su propia misericordia nos ha salvado: con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo” (Tt 3,5).

CANTO DE ENTRADA: “Hoy, en la tierra, nace el Amor”

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS

* “Cuando ha aparecido la bondad de Dios nuestro Salvador y su amor al hombre, no por las obras de justicia que hayamos hecho nosotros, sino según su propia misericordia nos ha salvado: con el baño del segundo nacimiento y con la renovación por el Espíritu Santo; Dios lo derramó copiosamente sobre nosotros por medio de Jesucristo nuestro Salvador. Así, justificados por su gracia, somos, en esperanza, herederos de la vida eterna” (Tt 3, 4-7).

PUNTOS DE CONTEMPLACIÓN

* La bondad de Dios, tan cantada en los salmos, manifestada en tantos acontecimientos de la historia del pueblo de Israel, se ha revelado ahora, en la plenitud de los tiempos, en el Niño Dios. Ahora, en Cristo Jesús, se ha manifestado definitivamente la bondad de Dios al hombre.
* El amor sin límites de Dios al hombre, ahora, en Cristo Jesús, no pertenece a un pueblo o una raza. Ahora Jesucristo, Niño, pobre, humilde, viene a revelar el amor universal de Dios: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1 Tm 2,4). Todos los pueblos, razas, naciones y lenguas pueden pertenecer a la gran familia de los hijos de Dios: la Iglesia.
* Esta es nuestra esperanza: hemos sido justificados por Jesucristo, con su muerte y resurrección. Por su gracia, creyendo en Él, hemos obtenido la redención. Somos herederos de la vida eterna. Si creemos en Él y nos mantenemos fieles, nada ni nadie nos podrá borrar esta esperanza.

SILENCIO MEDITATIVO

ESCUCHEMOS AL BEATO MANUEL GONZALEZ

Santas Navidades y santo año nuevo. “¡Así! santas… y santo… Porque lo de felices, buenos, prósperos, ricos y demás epítetos con que se suelen acompañar los saludos de estos días me parecen muy poca cosa para mis lectores que el que más y el que menos anda formando en la cola de la puerta del cielo…

De modo que ¡santas Navidades! Y ¡santo año! que es lo mismo que desearles todo, todo lo bueno de la vida, de acá que sirva o no estorbe para ganarse todo lo bueno de la vida de allá, que es la vida verdadera.

Y como los deseos, si no se convierten en obras o en oraciones no sirven para nada, convierto los míos en súplicas al Amo por vosotros y… os felicito de una manera muy decentita… ¿Verdad?” (OO.CC. núm. 2925: “En busca del Escondido”).

¡Felicidades! ¡Felicidades! “Ésta es la palabra de los días de pascua y de año nuevo.

A juzgar por lo que se repite esa palabra y esos deseos lo que en ella se contiene, el mundo debiera nadar en bienandanza, no digo del año presente, sino muchos más…

Y la cosa es que, a pesar de tanto gusto y felicidad, los desterrados hijos de Eva siguen gimiendo en este valle de lágrimas y la tan cacareada felicidad no aparece por parte alguna.

¿Por qué? ¡Qué respuestas tan variadas y opuestas! Que si el gobierno, que si el capitalismo, que si el obrerismo, que si el militarismo, que si la enfermedad de la peseta, que si la mala suerte…”.

“Y pregunto a un niño: ¿Para qué fue el hombre criado?

Y me responde: Para servir a Dios y gozarle.

Y pregunto después a la masa de desterrados hijos de Eva: ¿Servís a Dios cumpliendo sus mandamientos?

Y me responden que no, los templos vacíos; los Sagrarios, abandonados, las

Tabernas enloquecedoras, y los cines inmorales, y los teatros disolventes, y los centros de ofensa permanente a Dios, repletos de hombres, de mujeres y de niños…

Y termino: ¿No se sirve a Dios? Pues que no se espere gozo de Dios. Los hombres no son felices, porque están desafinados. ¡Fuera de su fin!” (OO.CC. núms. 3097-3098: “Nuestro barro”).

PRECES EUCARÍSTICAS

+ Adoremos al Niño Dios, a la Palabra eterna, que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Supliquémosle con fe ardiente:

+ R/ Alabado seas, Padre, porque has manifestado en Cristo Jesús tu amor al hombre.

* Padre, tú que has enviado a tu Hijo como sol que nace de lo alto para iluminar nuestras tinieblas y conducirnos por caminos de paz, haznos vivir este tiempo de Navidad, como los pastores, postrados a los pies del Rey Niño.
* Padre, tú que has inaugurado el tiempo nuevo con la llegada de tu Hijo a la tierra, mueve a los gobernantes de las naciones a la construcción de la paz, la atención a los pobres y el reparto equitativo de los bienes.
* Padre, tú que hiciste a tu Hijo en todo igual a nosotros menos en el pecado, enséñanos a los que ahora adoramos su presencia eucarística a ser humildes, sencillos, pobres, desprendidos, abnegados y despojados de todo como Jesús en el pesebre.
* Padre, tú que en la noche de Belén iluminaste la mente y el corazón de los pastores con el anuncio del ángel, alumbra con tu esperanza a los que están tristes, solos o desalentados.

Padre nuestro.

– PADRE NUESTRO

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16 comentarios leave one →
  1. Irma Solis permalink
    29 agosto 2013 03:48

    Que Dios lo bendiga por ayudarnos a ayudar a comunicarnos con Dios a
    través de Jesucristo su amado Hijo.

  2. graciela salinas lopez permalink
    16 junio 2011 20:00

    Gracias nuevamente por esta gran material que nos sirve para las horas santas. sigan adelante, y que el Señor los bendiga

  3. graciela salinas lopez permalink
    16 febrero 2011 21:17

    Muy agradecida por enviarme este material, realmente estoy emocionada leyendo los mensajes,comentarios y me llena de orgullo de pertenecer a la familia UNER, que el Señor les siga dando esa fuer<a , para seguir adelanto con esto que ustedes hacen gracias

  4. Conchita permalink
    29 abril 2010 21:19

    Que pronto podamos celebrar la canonización de nuestro don Manuel. Que sigamos sus enseñanzas y que en las horas pasadas ante el Sagrario descubramos lo que Él espera de las de la UNER.

  5. Ada Caballero Mercado permalink
    11 febrero 2010 21:45

    Hola a todas, con motivo del centenario se me ha pedido que llevar la monicion para el Fuego, la verdad me esta costando un poco realizarla si alguien me pudiera ayudar, le estaria muy agradecida

    Atte. Ada

  6. Denise permalink
    20 diciembre 2008 02:06

    Dios siga enviando su Santo Espíritu a D. Miguel Angel A. y cada uno de los colaboradores en este esplendido blog. Que sus enseñanzas a través de el sigan ayudando a tantas personas a seguir el camino de Jesús en la Eucaristia.

  7. Amparo permalink
    3 diciembre 2008 11:07

    Cuánto bien se puede hacer en el mundo. Sólo hemos de estar dispuestos a dar la vida por los demás

  8. Amparo permalink
    3 diciembre 2008 11:06

    Hola, gracias por compartir el amor de Dios con nosotros

  9. Teresa permalink
    3 diciembre 2008 11:05

    Animo a los miembros UNER de Argentina para que nos escriban y nos cuenten sus vivencias eucarísticas

  10. Teresa permalink
    3 diciembre 2008 11:04

    A cada centro UNER hay que decirle que existe este blog, para que desde cada centro nos cuenten sus experiencias de Dios y nos ayuden a vivir mas llenas de Jesús Eucaristía.

  11. Teresa permalink
    3 diciembre 2008 11:02

    Reconocer nuestras limitaciones es bueno, nos permite necesitar siempre a Dios

  12. Teresa permalink
    3 diciembre 2008 11:01

    Dios es grande y nos da infinitas posibilidades para que nos reconciliemos y volvamos a Él.

  13. Teresa permalink
    3 diciembre 2008 11:00

    Es un lujo tener sacerdotes como D. Miguel Angel, que están llenos de Dios y entregados por completo a los demás.
    Pido a Dios que lo cuide, aunque sólo sea por egoismo, por lo que lo necesitamos.

  14. Teresa permalink
    2 diciembre 2008 17:11

    Maravillosa Hora Santa, ¡ójala que muchas personas la copien y la lean ante un Sagrario, solas o acompañadas

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